Entre aplausos y vítores, casi un millar de participantes, aquejados o no de esa enfermedad, han recorrido este viernes la distancia entre los jardines del Náutico y el Museo del Pueblo de Asturias para visibilizar dicha dolencia
Hombres y mujeres. Ancianos, adultos y niños. Avanzando a pie, apoyados en muletas o a bordo de sillas de ruedas. En solitario, formando grupos o ayudados para poder llegar a la meta. Todos ellos, eso sí, igualados ante una causa común: hacer visible la parálisis cerebral. Así es como esta mañana, entre vítores y aplausos de de aquellos con quienes se cruzaban, casi un millar de personas se han sumado a la tercera edición de la Carrera de las Sonrisas, organizada por ASPACE Gijón coincidiendo con el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Desde los jardines del Náutico hasta el Museo del Pueblo de Asturias, los participantes, aquejados o no de dicha dolencia, han cubierto esa distancia de casi dos kilómetros y medio para visibilizar una enfermedad que padecen alrededor de diecisiete millones de habitantes del mundo, unos 120.000 de ellos en España, y para demostrar que «correr, no correremos, pero sonreír, sonreímos igual que cualquiera».
Así se expresaba, al inicio del recorrido, Elena Serrano, directora de ASPACE Gijón, visiblemente satisfecha ante el poder de convocatoria de una cita que, en su tercer año, ha superado con creces la afluencia registrada en sus dos ediciones precedentes. El tránsito no ha entrañado problemas reseñables; tras la lectura de un manifiesto en el punto de salida, y después de aprovisionarse a la altura de la escalera doce del Muro de San Lorenzo, los ‘corredores’ han llegado al final del paseo, pasado el subterráneo de la plaza Castilla y cubierto el ‘kilometrín’, antes de cruzar la línea de meta. Su paso ha suscitado la admiración y el júbilo de no pocos transeúntes… Aunque tampoco han faltado ciertas muestras de insolidaridad, afortunadamente muy escasas. Baste señalar que dos corredores anónimos, al tener que esquivar al nutrido pelotón, reclamaron que «el Muro es para todos no sólo para ‘estos'». Una falta de de sensibilidad y de respeto que, por suerte o por desgracia, apenas llegó a oído alguno.
Tal anécdota no afectó lo más mínimo al ánimo general de una jornada «reivindicativa y de visibilización, pero también para pasarlo bien». Tanto afectados como familiares, amigos, ciudadanos particulares y alumnos de colegios como el Monte Deva o la Asunción participaron en un acto cuya verdadera meta a rebasar, a juicio de Serrano, no es otra que «quitar ese miedo que se tiene a las personas con discapacidad, habitual si no se está familiarizado con ellas». Como en el caso de tantos otros males que aquejan a la sociedad, la clave se encuentra en el desconocimiento. «Si no te toca cerca, o no lo ves, no es un mundo al que te acerques de motu propio». Por fortuna, esa tónica está cambiando. «Ahora se trabaja mucho en los colegios el tema de la inclusión, y dese la Administración se fomentan actividades en ese sentido. Eso permite que desde pequeños los niños se familiaricen con otro tipo de personas», celebra la directora de ASPACE Gijón. «El paradigma está cambiando, y vamos mejorando».





