Llanisco de nacimiento, combatió en la Guerra Civil, militó en la clandestinidad durante la dictadura, fue consejero de Sanidad en 1978, y diputado en el Congreso en 1979 y 1982, ocupando el escaño de ‘La Pasionaria’; falleció en Gijón en 1996

Se puede apoyar, o no, una determinada ideología política, pero ese detalle no impide -o no debería hacerlo- tirar de sentido común y reconocer cuándo una biografía es, como mínimo, destacable. Y la de Horacio Fernández Inguanzo (1911-1996), apodado ‘El Paisano’ por todos aquellos que tuvieron ocasión de conocerle, lo fue. Veterano de la Guerra Civil Española, militante comunista en la clandestinidad y figura clave tanto en el Gobierno preautonómico asturiano, como en el Congreso de los Diputados en los tiempos clave de la Transición, su dilatada trayectoria será reconocida mañana sábado, a las 12.30 horas, en el cementerio civil de ‘El Sucu’, donde está enterrado. Allí, en el barrio gijonés de Ceares -ciudad que le reconoció como Hijo Adoptivo-, representantes de Izquierda Unida (IU), del Partido Comunista (PCE) y de Comisiones Obreras (CCOO) honrarán la labor y la impronta de ‘El Paisano’, precisamente, cuando se cumplen tres décadas de su fallecimiento. Todo ello para conmemorar a quien fue «una de las figuras más relevantes del comunismo asturiano», y persona comprometida «con la defensa de los valores democráticos, y los derechos de las trabajadoras y los trabajadores».
Nacido en Llanes en 1911, e hijo de un profesor de escuela de tendencia socialista, Fernández simpatizó con la izquierda desde muy joven, una afinidad que creció aún más tras su experiencia como maestro en el Orfanato Minero Asturiano. Esa labor docente quedó truncada cuando, en 1936, el fracaso del golpe de Estado degeneró en la matanza de la Guerra Civil. En vista de los acontecimientos, el llanisco se afilió al PCE, y se alistó en las milicias populares, entrando en combate contra los rebeldes como artillero, y llegando a alcanzar el rango de teniente. Al caer el norte peninsular en manos de los alzados, Fernández, fue hecho prisionero y encerrado, primero, en el campo de concentración de La Magdalena, en Santander, para, luego, ser trasladado a Madrid. No fue liberado hasta 1943, después de haber escapado por los pelos del pelotón de ejecución por un error en la redacción de su apellido. De nuevo en Asturias, trabajó en la construcción, aunque sin abandonar su compromiso político; tanto fue así que, en 1945, fue detenido por el Régimen, y encarcelado hasta 1954. En 1958 pasó a Francia y a la clandestinidad.
Aprehendido nuevamente en 1969, en el curso de una de sus ‘entradas’ a España, la muerte de Franco, en 1975, y la amnistía decretada por Adolfo Suárez al año siguiente acabaron con un encierro que, desde 1973, era domiciliario, compartido con su mujer, la política Teresa Hoyos. Por fin, en 1977 accedió a la Secretaría General del PCE en Asturias, cargo que le valió, en el 78, llegar a ejercer como consejero de Sanidad en aquel Gobierno preautonómico de la región. Sin embargo, a su periplo político aún le restaban algunos peldaños más que ascender… Tanto fue así que en 1979 ocupó el escaño ocupado por la legendaria dirigente comunista Dolores Ibárruri, ‘La Pasionaria’, en el Congreso de los Diputados, una responsabilidad que revalidó en 1982. Tal fue su legado que en 1997, solo un año después de su muerte, le fue concedida la Orden del Mérito Constitucional, a título póstumo. Mucho antes, en 1976, el cantautor Víctor Manuel le había dedicado la canción ‘El Paisano’, uno de los temas más reconocidos del artista mierense.