Un desprendimiento en el túnel de El Padrún bloqueó ayer el tramo entre Ablaña y Olloniego, causando daños menores a un convoy Civia de RENFE; por su parte, esta mañana un tronco ha caído sobre la línea de ancho métrico entre Cudillero y Pravia

¿No suele decirse -y, con frecuencia, probarse- que las desgracias no vienen solas? Pues la mala fortuna que, desde el pasado domingo, acosa a la red ferroviaria española se ha hecho notar, al fin, en Asturias. Y por partida doble, además, aunque, de justicia es reconocerlo, con escasa entidad. Este jueves una de las paredes que flanquean el túnel de El Padrún, en la línea de ancho ibérico de Cercanías que enlaza Gijón con Puente de los Fierros, cedía y provocaba un argayu que bloqueaba una sección de la vía. El azar quiso que, poco después, un convoy Civia de RENFE que cubría esa misma ruta impactase contra el obstáculo, sufriendo daños menores en su testero, pero sin provocar lesiones ni al maquinista, ni a ninguno de los pasajeros. Menos de veinticuatro horas después, esta misma mañana, la caída de un árbol ha cortado la vía de ancho métrico que va de Gijón y Cudillero en el tramo que discurre entre esa segunda localidad y Pravia; según ha notificado en sus redes el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), ya se trabaja en retirar el objeto, y se ha establecido un plan de transporte alternativo por carretera. Ningún convoy se ha visto afectado.
Por lo que respecta al incidente ocurrido ayer, el choque se produjo cuando el tren, que avanzaba en dirección a Olloniego a baja velocidad, se disponía a abandonar el túnel. Sin visibilidad suficiente en el interior de la estructura, y sin margen para frenar antes de alcanzar el desprendimiento, el primero de los tres coches de la composición golpeó con su flanco derecho la masa de tierra y rocas, desencajando parcialmente uno de los topes que protegen el enganche frontal, y perforando la carrocería del testero bajo el doble faro. Eso sí, ninguno de esos daños comprometió la movilidad de la unidad; tanto es así que, tras informar al control de tráfico, y después de comprobar el alcance de los desperfectos y que los viajeros estaban en buen estado, el maquinista optó por reemprender la marcha y llegar hasta Oviedo, desde donde el convoy fue derivado a los talleres de la operadora pública. Por su parte, el tramo entre Ablaña y Olloniego ha permanecido cerrado hasta que, poco antes de las nueve y media de hoy, ADIF confirmaba la total limpieza del argayu. Durante esas horas de clausura se habilitaron transbordos por carretera entre Ablaña y Soto del Rey.
Independientemente de la ausencia de heridos, ese segundo suceso ha incrementado aún más los ya de por sí caldeados ánimos de los maquinistas. En su entorno se insiste en que la posibilidad de un desprendimiento en El Padrún había sido puesta en conocimiento de ADIF en varias ocasiones, sin que se tomasen medidas efectivas. Los relatos hablan de frecuentes caídas de piedras, especialmente en jornadas de lluvia intensa o vientos fuertes, y recogen el temor a que un incidente así pudiese llegar a materializarse. Además, el suceso se ha dado pocos días después de los accidentes ferroviarios de Adamuz, que el pasado domingo se cobró 45 vidas; de Gelida, en el que el martes falleció un joven maquinista en prácticas de Rodalies, y de Cartagena, producido por el choque de un automotor de ancho métrico contra una grúa, y que dejó seis heridos leves y algún caso de ansiedad entre el escaso pasaje. Todo ello ha puesto al límite la paciencia de los profesionales del sector, hasta el punto de que el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviario (SEMAF) ha convocado tres días de huelga para el 9, 10 y 11 de febrero, a fin de exigir a las Administraciones más y mejores inversiones en materia de mantenimiento de infraestructuras y seguridad en los trazados. Se espera que el apoyo a dicho llamamiento sea masivo.