Susana Ovín está al frente de la masterclass de escanciado que cada fin de semana organiza el museo en Nava: «Terminan saliendo de allí con otra idea completamente sobre escanciar y cómo beber sidra»

Que un asturiano te diga que te va a enseñar cómo escanciar la sidra puede dar cierta confianza, pero que te lo diga la primera mujer en ganar el concurso de escanciadores de Asturias da directamente garantías. Por eso, tiene sentido que en la masterclass que imparte la tres veces campeona Susana Ovín en el Museo de la Sidra de Asturias haya triunfado el «boca a boca» desde que en junio comenzase con el taller todos los fines de semana, incluido el próximo sábado 26 y domingo 27 desde las 12.00h. «Al principio sí que se notaba que la mayoría era gente de fuera, pero cada vez vienen más los de casa queriendo conocer a fondo todo lo que rodea a lo sidrero», cuenta ella. De la Tierrina o no, asegura que todos «terminan saliendo de allí con otra idea completamente sobre escanciar y cómo beber sidra».
«La gente tiene derecho a tomarse una botella de sidra en su casa o en su finca como dios manda y que un buen culín no solo esté al alcance de unos pocos expertos»
A Ovín le bastan 60 minutos para contagiar de su magia a los 25 ‘alumnos‘ que cada sábado y domingo recibe en el museo naveto, y que el criterio de todos ellos sobre las buenas cualidades de la sidra al terminar se parezca casi al de «un experto». «La masterclass es una manera diferente para que den valor al escanciado, conocer realmente por qué la sidra natural asturiana se escancia para beberla, la temperatura idónea en la que debe refrigerarse, luego nos ponemos a escanciar juntos un rato, vemos qué le ocurre a un culín cuando está en el vaso, el espalme, el aguante, aprender a leer el etiquetado… De todo un poco», resume la echadora.
La maestra es exigente en querer hacer de los participantes unos expertos, pero admite que «todo el mundo le pone muchas ganas», algo que ella por supuesto celebra, ya que acerca su objetivo de democratizar el disfrute de la sidra y de un escanciado de calidad. Ella lo razona con vehemencia: «La gente tiene derecho a tomarse una botella de sidra en su casa o en su finca como Dios manda y que un buen culín no solo esté al alcance de unos pocos expertos».
Todo ello va en sintonía con su deseo de que la gente le preste atención a las formas y no solo al contenido; que la calidad de la sidra resulte importante, pero la forma de servirlo lo sea por igual y, sobre todo, que la labor del escanciador tenga el valor social que le corresponde y se formalice con «más formación reglada» para estos profesionales de la sidra. Aunque probar como amateur bajo sus directrices desde el museo sidrero también puede ser buena forma de empezar.