Foro apuesta por la playa si se subsanan las necesidades de aparcamiento; en la Asociación ‘Alfonso Camín’ temen los ruidos, la insalubridad y la inseguridad, y condicionan su apoyo a que la parte cultural se imponga a la lúdica, y a que se visibilicen las reivindicaciones del barrio

No llega a los cuarenta años de vagar por el desierto que, según recoge la Biblia, padecieron Moisés y su pueblo, pero la historia de la Semana Negra de Gijón es también la de un peregrinaje épico, la de un ‘salto’ periódico de un emplazamiento a otro de la urbe. El Musel, El Molinón, El Arbeyal, Poniente, Naval Gijón… ¿Y ahora, tal vez, de nuevo El Arbeyal? Al menos, esa es la idea que, día a día, gana fuerza en los despachos del Ayuntamiento, que ha convertido la playa de La Calzada en la ubicación predilecta para la que será la 39ª edición del icónico evento. Una suerte de regreso del certamen a la que fue una de sus ‘casas’, en 2009 y 2010… Pero que, si bien todavía no es segura, ya despierta algunas dudas entre los vecinos, cuyos representantes han lanzado al Gobierno local algunas condiciones que se deberían cumplir para no crear un frente crítico con la medida. Su lista de requisitos podría condensarse en dos grandes bloques: evitar la mayor cantidad de molestias posible, y visibilizar la identidad y las reivindicaciones del barrio.
Desde el flanco municipal el concejal de Infraestructuras Urbanas y Rurales, Gilberto Villoria, aclaraba ayer lunes que, por ahora, el gran escollo a sortear es el del estacionamiento de vehículos y, sí, el de las incomodidades para los lugareños. A ese respecto, el edil forista matizó que la decisión de si volver a El Arbeyal, o no, «irá vinculada a un estudio para generar alternativas de aparcamiento en el barrio durante la celebración del evento, así como al control de los niveles de ruido y las garantías de descanso para los vecinos». No obstante, se trata de dos obstáculos que, opinan en el Consistorio, pueden ser salvados. Es más, deben serlo, toda vez que el retorno de la Semana Negra a la citada playa, a juicio de Villoria, «no solo implica acercar un evento cultural de primer nivel a una zona habitualmente alejada de los circuitos principales, sino que llega en un momento en el que también puede servir de altavoz para continuar con la reivindicación de los accesos a El Musel».
«Hubo insalubridad, inseguridad, ruido… Pero, también, participamos en algo grande, y fuimos parte clave del verano gijonés»
Carlos Arias, presidente de la Asociación Vecinal ‘Alfonso Camín’
Claro que, de momento, lo anterior son solo buenos deseos… Y no bastan para diluir la inquietud que empieza a fraguarse entre los habitantes de La Calzada. «En resumen, todo depende de qué Semana Negra nos traigan, y de cómo se gestione», matiza, en declaraciones a miGijón, Carlos Arias, presidente de la Asociación ‘Alfonso Camín’. Porque, de nada sirve engañarse, la historia del certamen es también la de las tensiones que su presencia en determinadas zonas de Gijón ha causado, con El Molinón -de cuyos bajos, en los que estuvo de 1995 a 2007, fue expulsado por presiones vecinales- y Poniente -donde, tras la edición de 2008, hubo que firmar un compromiso de no regreso con los lugareños- como máximos exponentes. En La Calzada sigue vivo el recuerdo de aquellas dos citas, las de 2009 y 2010, para lo bueno y para lo malo. «Hubo de todo: insalubridad, inseguridad, ruido… Pero, también, el barrio se vio participando en algo grande, y siendo parte clave del verano gijonés. Tenemos ambas lecturas», concede Arias.
Por eso, una vuelta de la Semana Negra a El Arbeyal podría ser bien acogida… Siempre y cuando, para empezar, «la parte cultural tenga más peso que la lúdica; hemos constatado que los problemas vienen de las atracciones y de los chiringuitos, no de las charlas y de las exposiciones». Paralelamente, opinan en la ‘Alfonso Camín’, el Ayuntamiento «tendría que hacer un esfuerzo importante en materia de seguridad y de control de ruidos, con horarios estrictos y una presencia policial reforzada, y habría que velar por la higiene». Pero, sobre todo, tal como adelantó ayer Villoria, una Semana Negra en La Calzada debería servir de escaparate a las peculiaridades del barrio, a sus carencias y a sus luchas. «El componente reivindicativo lo vemos bien, pero también debe haber cabida a la idiosincrasia de La Calzada, a nuestras particularidades», amplía Arias. En cualquier caso, todo esto es mero humo. Como él mismo concluye, «es un tema complejo, que deberá ser estudiado y consultado, porque sabemos que, al principio, genera rechazo y preocupación».