Emilio Herrero, artífice de esta iniciativa, acudirá esta tarde a la Antigua Pescadería para registrar la voz de la oposición a un proyecto que, pese a la reciente tragedia ocurrida en la cuesta del Cholo, «no mejorará la seguridad; para eso, una barandilla»

Emilio Herrero tiene 32 años, y es gijonés por los cuatro costados. Con pedigrí, si existiese tal cosa aplicable a las personas. Además, es de Cimavilla. Uno de esos vecinos «de toda la vida», a pesar de su juventud. Y, aun así, en su rostro aún aflora la sorpresa ante la reacción de ese vecindario históricamente combativo a su última iniciativa. «Es increíble, en serio… ¡No me esperaba tanto apoyo!», exclama. Lo hace mientras pasa las hojas en las que se recogen las 2.330 firmas que, desde el 29 de enero, lleva recopiladas. Las mismas con las que pretende oponerse a la grada que el Ayuntamiento aspira a construir al pie de la cuesta del Cholo, y que esta tarde, a las 16 horas, registrará en la Antigua Pescadería. Es la voz de un clamor popular que, asegura herrero, rebasa las fronteras del ‘barrio alto’, y que demuestra la amplia oposición a un proyecto que amenaza con convertirse en el ‘botellódromo’ de la ciudad.
«Al final, si se hace, va a fomentar mucho más el botellón; habrá más meadas, vomitadas, defecaciones, destrozos…», adelanta. Un vaticinio basado en su propia experiencia. Él mismo, como habitante que es de Cimavilla, lidia con esos efectos, pues «es raro no encontrar cada domingo retrovisores en el suelo, escaparates o portales destrozados… Eso es lo que la grada va a impulsar». Eso, claro, sin contar un matiz ético e, incluso, legal: que, «si realmente no se puede consumir alcohol en la calle, no entiendo por qué (el Consistorio) quiere hacer algo para impulsarlo; no olvidemos que, en su día, ya se cerró la plaza del Lavaderu…». En fin, con tales temores e incongruencias en mente, y apoyado por la Asociación Vecinal ‘Gigia’, hace mes y medio Herrero se lanzó a buscar refuerzos; y por escrito. «Repartimos las hojas por los establecimientos de Cimavilla, aunque hubo mucha gente de otros barrios que vino a recoger hojas en blanco, las fotocopió y se las llevó», relata con orgullo. Por eso, sentencia, esta reivindicación «no es solo de Cimavilla; es de todo Gijón».
Sin embargo, en los últimos tiempos esta cruzada o, al menos, la zona del barrio en la que se libra, se ha visto ensombrecida por una tragedia fortuita: la caída accidental de dos personas desde el tránsito de las Ballenas hacia Claudio Alvargonzález, en el entorno de la cuesta del Cholo, ocurrida el 1 de marzo, y el posterior fallecimiento de una de ellas -José Niño, dueño del pub Toldos-. Puesto que uno de los argumentos del Ejecutivo local en defensa de la grada ha sido, precisamente, la mejora de la seguridad en la zona, podría pensarse que ese suceso ha restado fuerza a la protesta vecinal. Pero Herrero no lo cree así. Al fin y al cabo, detalla, «una medida de seguridad no son las gradas, y sí lo sería, simplemente, colocar una barandilla en la cuesta». Su reflexión vuelve a poner voz a otra de esas peticiones hechas a menudo por un sector de los lugareños, que consideran necesario levantar un vallado sobre el repecho de tránsito de las Ballenas para minimizar riesgos a las decenas de personas que, casi a diario, se concentran allí.