Algunas partes del Elogio se están descomponiendo. Trozos de hormigón que se han ido desprendiendo aquí y allá dejan a la vista su esqueleto de hierro, las barras que sostienen el gigante peso de la escultura

Corona Gijón desde 1990. Desde lo alto del cerro de Santa Catalina, bajo la sombra del Elogio del Horizonte, pueden verse los tejados de toda la ciudad. Desde las torres de Sedes, en Pumarín, hasta la cúpula de la basílica del Sagrado Corazón o la torre de la Laboral. Es ya un símbolo de la ciudad, un elemento indispensable del skyline gijonés. La historia es curiosa. El escultor vasco llevaba tiempo buscando un emplazamiento frente al mar en la costa atlática europea. Pero debido a la importancia militar de las zonas que le atraían, nunca se llevó a cabo. Estuvo un tiempo, incluso, negociando su contrucción en Francia, pero acabó siendo Gijón, con su cerro de Santa Catalina, quien acabaría enamorando al genio.
Han pasado treinta y dos años desde que se erigiera. El humor playo hizo presencia ya por aquel entonces y pronto lo rebautizaron como el váter de King Kong. Nunca se deshizo del todo del apodo, pero ya era parte de la ciudad. El monumento, construido en hormigón, es como un vigilante de la costa gijonesa. Pero los vigilantes, incluso los que tienen 10 metros de alto y 500 toneladas de peso, cumplen años y suman arrugas en su piel. El año pasado, incluso, unos vándalos decidieron tatuarlo con pintura de grafitti. Hoy luce limpio, pero la edad comienza a notarse.
Algunas partes del Elogio se están descomponiendo. Trozos de hormigón que se han ido desprendiendo aquí y allá dejan a la vista su esqueleto de hierro, las barras que sostienen el gigante peso de la escultura. El clima y el mar no han sido benévolos con la obra de Chillida, pues la salitre, el agua y la intemperia raramente lo son con nada. En algunas partes, quizá, no sean demasiado preocupantes, pero en la parte superior comienza a descascarillarse como un plato de porcelana. Y un trozo de hormigón que cae libremente a diez metros de altura, puede acabar en desgracia. Más aún si tenemos en cuenta que el Elogio es uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad y es habitual que los visitantes se acerquen a hacerse fotos a diario.
Que lo reparen ya siguiendo directrices de la familia.
Pero ya es ya!!!