La desidia municipal abre el camino a curiosas iniciativas ciudadanas: desde el apadrinamiento de edificios para controlar su estado y denunciar su deterioro, hasta la ‘adopción’ de árboles de algún parque público abandonados a su suerte. Lo verde se ‘compra’ a medida y demanda. La Feria se queda sin sombra ‘vía talado’ y el parque Hermanos Castro pende de la motosierra

Lo recordaba no hace demasiadas fechas, y con encomiable detalle, el estudioso gijonés Rafael Suárez-Muñiz: el esquilmado parque Inglés llegó a contar, hace casi medio siglo y coincidiendo con su inauguración, con 500 árboles de diferentes especies. Su delito, el del parque, claro, fue estar situado en un lugar privilegiado, al lado mismo de la playa, lo que, de forma inevitable, lo situó en el objetivo para anidar todo tipo de aves de rapiña. El resultado actual de aquel idílico proyecto para la recreación de la jardinería francesa e inglesa está a la vista. Las arboledas han dejado paso al asfalto y ya son una parte residual del todavía denominado ‘parque’ de los Hermanos Castro, incluido el pozo de tormentas, sobre el que se asientan en verano todo tipo de festivales musicales para mayor “gloria, alegría y ausencia de descanso “ de miles de vecinos colindantes. Triste destino. Y eso que aún permanece en un cajón municipal (debe de estar ya amarillo y camino de ser considerado un incunable) el dibujo alentado desde la Cámara de Comercio local para hacer un nuevo vial entre la calle del Doctor Fleming y la carretera del Infanzón, versión Somió, y, se dice, dar una nueva entrada al recinto ferial. Sería la cuarta o la quinta, si se incluye la del Pueblo de Asturias: vamos, un queso de gruyere.
El recinto perdería miles de metros cuadrados expositivos y el todavía parque se quedaría con medio centenar menos de árboles. Por lo segundo nadie, o casi nadie, llora, pero por lo primero, por la pérdida de negocio, sí hay, incluso dentro del propio estamento cameral, quien no ve claro este proyecto de asfaltado y rodadura. Y no deben de ser los únicos porque esos planos, como tantos otros en Gijón, están sumidos en un evidente olvido municipal sin que nadie se atreva a firmar el réquiem de la zona verde de la vera del Piles que, además, conllevaría una modificación del vigente Plan General de Ordenación, algo factible, pero polémico y complejo. Igual para 2027, como casi todo. No olvidemos, es año electoral. Pero es que muy cerca del todavía parque-aparcamiento actual, está el popular Kilometrín, ampliado como zona verde con el cierre al tráfico de la avenida de El Molinón. Verde al menos en teoría, porque en la actualidad es más amarillo que otra cosa. Ni en tiempos de escasa, por no decir nula lluvia, nadie se ocupa de pasar una manguera y que la hierba deje de languidecer presa del abandono y la sequía. Vamos, que el prao se nos muere rogando la visita de una humilde cantimplora. Eso sí, en el parterre donde está la casa del guarda hay nada menos que cinco aspersores. Mucha debe de ser la labor del Departamento de Parques y Jardines municipal porque, por citar otro ejemplo de aparente desapego, los pobres arbolitos plantados hace como año y medio en el parque de Laviada (entre 40 y 50 euros por unidad) están a punto de ingresar en el tanatorio de madera por falta de agua y de riego. Se mantienen en pie pidiendo clemencia. Incluso, visto el panorama, hay quien se plantea ‘adoptarlos’ para darles una mejor vida. Mientras, algunos caritativos vecinos del barrio los surten de agua con sus propios calderos. Todo dibuja un perfil de mucha inauguración y muy pocos medios, o algo así. Estoy seguro de que Juan Carlos Martínez, el ya jubilado Jardinero Mayor, no hubiera permitido este desaguisado.
Pero volviendo al fallido vial de Hermanos Castro, aún sin ese pretendido nuevo acceso, la Feria se montó y se desmontará este año sin problemas, como desde hace casi seis décadas, y parece que así seguirá siendo a largo plazo. ¿Se acuerdan cuando, no hace tanto, se pretendía hacer un campo de fútbol exclusivo para mujeres en los Pericones? Pues lo mismo. Y para qué hablar de quien planteó llevar adelante, hace ya mucho más tiempo, en ese mismo y maravilloso parque, un campo de golf. Hay que ser cauto con las ideas ‘imaginativas’ porque, de repente, uno se encuentra, por ejemplo, con una ciudad ‘afuracada’, o con un mamotreto en el puerto deportivo, por no hablar de la genialidad suscrita por el anterior equipo de gobierno municipal de trasladar el histórico Parque Infantil de Tráfico a la vera del recinto ferial, al sufrido ‘parque inglés’. Al final, terreno abonado para que el ex concejal David Alonso siga con sus rutas pedagógicas por la villa mostrando a sus fieles seguidores no pocas atrocidades, siempre legales, en el urbanismo gijonés, entre ellas las conocidas como ‘raus’, es decir ‘ruinas arqueológicas urbanas’, véase la esquina de Munuza y Moros; la antigua casa del bar Pio, en la misma ruta de los vinos, que, después de años de abandono está por fin ‘resucitando’; el antiguo e histórico Hogar de Ceares, que presenta un aspecto deplorable, o parte de la calle Capua con fachada al Muro, entre un largo etcétera. Ahí sí que hay terreno abonado para ‘apadrinar’ inmuebles, aunque sólo sea de forma simbólica y para vergüenza ajena. Y es que en la Feria hay sitio para todos. Bueno, para todos menos para los ‘desafortunados’ árboles talados en el recinto hace pocos meses. Estaban ya poco ‘verdes’, según versión oficial. Sería verdad. Ahora, la explanada resultante, si una sola zona de sombra, ya ha sido bautizada como ‘el edén de las lipotimias’. Resistir más de diez minutos en un día de sol y calor en ese ‘paraíso’ de asfalto es digno de diploma y medalla. Algunos lo probaron y acabaron en sobresalto, ambulancia y visita al Hospital de Cabueñes.
De momento no hay listado oficial de víctimas. Ni lo habrá. En todo caso, menos mal que el servicio de atención médica del recinto ferial, desfibrilador incluido, se encuentra a muy pocos metros. Ya estaba ahí antes. Los viejos árboles del parque Hermanos Castro dependen ahora de una decisión política y de un presupuesto aún inexistente, para ser pasto de la motosierra. Mejor ni pasarles la manguera para ver si se caen de maduros. Y es que eso, lo verde, se ‘compra’ a medida y demanda. La Feria se queda sin sombra y sus arcas se llenan con alquileres para festivales. Cuestión de prioridades. Es lo que hay.