En las últimas doce horas la Fundación encargada de su gestión ha recibido cientos de mensajes de preocupación y oferta de ayuda para evacuar el espacio; aunque encantados con ese despliegue de solidaridad, sus trabajadores recuerdan que «estamos muy lejos del fuego»

Es perfectamente normal, lógico y humano que el miedo atenace a cualquier persona ante un suceso como el incendio que, desde comienzos de la noche de este miércoles, asola el monte Areo, en las proximidades de Serín; lo saben bien las casi cincuenta personas que tuvieron que ser evacuadas de sus hogares pasadas las once de ayer. Y también es frecuente, a la par que noble, preocuparse por el bienestar de aquellos animales, especialmente de los domésticos, que puedan quedar atrás. Sobre todo si se piensa que el Centro de Protección Animal de Gijón se halla, precisamente, en la parroquia en la que se declaró el fuego. Pero no hay razones para entrar el pánico por los 91 perros y veintiocho gatos allí alojados; tal como han confirmado desde la Fundación Protectora de Animales de Asturias, responsable de la gestión del Albergue de Serín, todos ellos están en perfecto estado de salud gracias, en buena medida, a la gran distancia que separa las instalaciones del foco. Un foco del que, por cierto, a estas horas sólo queda un pequeño frente en una zona de difícil acceso.
«Para que el fuego llegue hasta nosotros, antes tendría que cubrir una distancia considerable, cruzar la autopista y, esperemos que nunca pase, llevarse por delante unas cuantas casas», matiza Alejandra Mier, secretaria de la Fundación, en un llamamiento a la calma fruto de la masiva respuesta vecinal recibida desde ayer. De hecho, la primera llamada telefónica «la recibí a las once y media, cuando ya estaba en la cama», y, desde entonces, la cadena ha ido aumentando eslabón a eslabón. «Nos han llamado cuatro o cinco veces, tenemos más de ochenta mensajes en WhatsApp, nos han escrito por privado en Facebook… La gente se ha volcado», comenta Mier, encantada. Porque tales comunicaciones no se han limitado a expresar preocupación; ha habido quienes «se ofrecieron a venir en coche y ayudar a evacuar a los animales», un extremo, insisten en el Albergue, totalmente innecesario. «Si prendiesen las instalaciones de COGERSA, sí que tendríamos las llamas aquí en dos minutos, pero en monte Areo… Es cierto que nos rodean muchos árboles, pero entre ellos y el incendio hay amplias praderas y la propia autopista», concreta Mier.
Aun así, la emoción que con más fuerza embarga a la secretaria de la Fundación es la gratitud. «La verdad, emociona y dice mucho que haya tantas personas preocupándose», reflexiona. Y, entre risas de satisfacción y alivio, confiesa preferir «que me despierten por eso, a que me digan que los animales son sólo eso, y que tampoco hay que hacer tantos esfuerzos por ellos».