Flaco favor hará el PP de Gijón a su militancia si en la convención del próximo fin de semana no se aclaran los verdaderos propósitos y objetivos de una previsible coalición electoral con Foro en la ciudad. Debatir planes a diez años sin definir con claridad y nitidez el futuro a corto plazo del partido dejaría el cónclave vacío de contenido y con negros nubarrones en el horizonte

No pretendo cambiar las reglas del juego. Ni siquiera tengo la osadía de insinuarlo. Sin embargo, sí me parece oportuno poner sobre el tapete el sentir de buena parte de la militancia del Partido Popular en Gijón, de esa parte silenciosa que asegura, eso sí, en foros discretos, asistir atónita al devenir de unos hechos que amenazan, a su entender, de manera muy seria, el futuro del partido en la ciudad. Además, lo amenazan sin darles la mínima opción a aportar, al menos, su opinión, la mínima que merecería el mero pago puntual de la cuota. Y me parece doblemente oportuno porque este próximo fin de semana los populares celebrarán una convención local en el recinto de la Feria de Muestras, el mismo lugar donde hace justo un año fue elegido presidente el diputado regional Andrés Ruiz. Allí mismo fue donde el propio Ruiz, de la mano del presidente regional Álvaro Queipo, se comprometió a otorgar al PP de Gijón esa autonomía de acción tan largamente demandada, a la vez que marcaba los pasos para cerrar heridas y caminar juntos en pro de un partido fuerte capaz de recuperar la confianza de los gijoneses y optar, de manera seria, a liderar la vida política de la ciudad. Ha pasado un año y los idílicos objetivos atraviesan tiempos convulsos, tan complicados que hasta la propia legalidad del cónclave aún está pendiente de la decisión de los tribunales de justicia.
De esta guisa llegan los populares a la convención de este fin de semana, que hasta fieles miembros del equipo directivo consideran ‘extemporánea’, término éste considerado como ‘palabra del año’ al ser utilizado de forma recurrente por las altas esferas del partido para salir de ‘charcos’ repletos de arenas movedizas. Se prometió independencia en la acción política y resulta que la dependencia de Oviedo ha crecido hasta tal punto que desde la dirección regional se alimenta una coalición electoral con Foro en Gijón y la consiguiente lista conjunta liderada, como es obvio, por la actual alcaldesa Carmen Moriyón. Meses se lleva alimentando y cociendo este asunto. Meses tratando de ‘navegar’ en el ámbito local sin levantar ampollas en las manos de la ‘capitana’. La consigna ovetense es clara: ni un solo conflicto con Foro, aunque por el medio queden asuntos más que espinosos como el traslado del Albergue Covadonga, el frustrado cierre del Museo Piñole o el fiasco de las bases de la recogida de ropa en la calle versión Emulsa, entre otras lindezas.
Y con éstas se llega a la convención, con una ponencia política repleta de vaguedades y buenas intenciones en las que no vale la pena ni entrar, pero con un asunto clave a aclarar: ¿habrá o no habrá coalición con Foro en Gijón? Se puede dar por seguro que nada se hablará de este asunto, ‘del asunto’. Lo mejor es obviarlo hasta dentro de un año, máxime cuando Álvaro Queipo es consciente de que Gijón, su militancia y hasta su junta directiva, no aprueba esa opción de ligar su futuro a un partido como Foro que, como hace más de un año recordaba la diputada Mercedes Fernández en una junta local gijonesa, ni los quieren ni los querrán nunca. Cherines lo tenía y lo tiene muy claro y es innecesario recordar que el actual presidente local Andrés Ruiz es persona afín a la histórica dirigente gijonesa. Claro que una cosa es lo que se piensa y otra, muchas veces diferente, lo que en público se dice. También hay que recordar que se pueden ganar congresos, pero nadie duda de que el prestigio y el liderazgo del equipo se ganan ‘en la cancha’ siendo el primero en sudar la camiseta y el último en irte a la caseta, aunque sea con puntos de sutura en la cabeza.
Al margen de opiniones más o menos viscerales sobre el interesado acuerdo electoral (interesado, al menos, para algunos y algunas), siempre se pueden poner visiones diferentes al respecto, tanto en la cara como en la cruz. En lo positivo, es fácil que ir en lista conjunta evitara al PP el bochorno de quedar relegado a cuarta fuerza política en la ciudad si, como vaticinan los pronósticos, Vox les adelanta por la derecha. Además, algunos actuales ‘cuadros’ populares, en diferentes ámbitos, igual tendrían alguna opción de seguir amparados por el paraguas político otros cuatro años, algo nada desdeñable para más de dos, y de cinco. En la parte negativa, el PP local se disolvería como un azucarillo en un vaso de leche en manos de Foro y su gobierno municipal. Su capacidad de autonomía se reduciría a efectos de mínimos y hasta quedaría en entredicho o, al menos, en manos de la alcaldesa forista, los fondos municipales a recibir con vistas a mantener su sede del partido, en la actualidad radicada en la calle de Álvarez Garaya. Tampoco se puede obviar, y así lo recuerdan los críticos con este posible pacto de intereses personales, que el PP es un partido de implantación nacional y con vocación de gobierno y eso, al menos en Gijón, quedaría cercenado para, al menos, un decenio.
Con estas harinas se están tratando de cocer los panes del acuerdo entre Carmen Moriyón y Álvaro Queipo, la primera para tratar de ser la lista más votada en Gijón y torpedear cualquier posibilidad de acceso del PSOE al gobierno municipal, y el segundo para arañar votos ‘de rebote’ y optar a la presidencia del Principado con ciertas garantías de éxito. En ambos casos, es evidente, tendrán que contar con toda probabilidad con el comodín de Vox lo que puede complicar el póquer a unos niveles impensables. En cualquiera de las hipótesis, lo evidente es que la partida se está jugando en los despachos al más puro estilo del despotismo ilustrado del siglo XVIII y el famoso eslogan de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Sería más que interesante y hasta sano democráticamente que las bases de ambos partidos, tanto de Foro como del PP de Gijón, tuvieran la oportunidad de expresar en urna cerrada y voto secreto, su opinión sobre el pacto electoral de ambos partidos.
En el caso del PP no creo muy aventurado afirmar que saldría un no rotundo. Es obvio que el señor Queipo lo sabe y, precisamente por eso, nunca aceptará ese reto. “No admite ningún tipo de disidencia”, aseguraba un destacado miembro de la dirección local de los populares. Así se ven las cosas desde dentro del propio bunker popular. También citar, por lo relevante, que hay dentro del PP local, probablemente un sector minoritario, quien apuesta por pactar con Foro, aún a costa de fagocitar su propio partido, con el único y vital objetivo de que el PSOE no vuelva a gobernar en la ciudad. Dicho de otra forma, auto inmolarse en esa cruzada anti socialista. No son legión, pero forman parte de la tropa.
En medio de este debate en el ambiente del PP local puede resultar hasta circense que las mentes preclaras del partido se pasen dos días en el recinto ferial diseñando la estrategia política para los próximos diez años cuando, al menos al día de hoy, quienes toman las decisiones tienen claro que será el primo de Zumosol (es decir, Foro) quien marcará el rumbo de su tripulación en Gijón. La militancia tiene derecho a conocer la verdad. Los dirigentes, sobre todo el presidente local Andrés Ruiz y, mucho más, el presidente regional Álvaro Queipo, tienen el deber de poner las cartas boca arriba y dejarse de jugar a ser Los Bordini con ejercicios de funambulismo capaces de poner al borde de los nervios al más templado espectador. Está muy bien hacer una convención, unir filas, repartirse ovaciones y hacerse fotos para la galería, pero la medalla de oro se la llevaría quien arriesgue, quien diga la verdad a sus incondicionales, quien dé la cara. Lo más que probable es que la deseada medalla termine siendo de latón o, en el mejor de los casos, de chocolate.