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martes, 31 marzo, 2026
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Manual de combate para defender el patrimonio

David Alonso por David Alonso
26/03/26
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«El patrimonio arquitectónico que reside en nuestros pueblos y ciudades, por aquello de estar justo ante nuestras narices, suele pasar inadvertido»

Edificio del número 59 de San Bernardo, de 1903. / miGijón

A que mola el título, ¿eh? Yo creo que sí. Lo que viene a continuación en ningún caso va a estar a la altura de un manual de tan ambiciosa pretensión, por un lado, porque yo no tengo una idea ni muy profusa ni muy profunda de cómo hacerlo bien y, por otro lado, porque si tuviera ese manual claro y definido, lo utilizaría a todas horas frente a las barbaridades urbanísticas que se ven casi todos los días en nuestro entorno.

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Y vaya por delante que Asturias en general, y Gijón en particular, no son especialmente destacables frente a otras regiones o ciudades, e incluso en algunos aspectos de la ordenación del territorio, nuestra región podría servir de ejemplo. Sí, lo de tener la mejor costa de España no es porque sí, sino porque hace ya varias décadas, gobernantes y gestores de lo público lo hicieron bien, y eso hay que decirlo, escribirlo y ponerlo en valor. No es fácil.

Pero vayamos a lo magro. ¿Cómo defender nuestro patrimonio? Me estoy refiriendo al arquitectónico, pero creo que vale para todo el patrimonio en general. Bueno, lo primero es interesarnos por él (ya veis que no descubro la pólvora). Los primeros años que la Confederación Hidrográfica del Cantábrico comenzó a diseñar esas sendas públicas molonas junto a algunos de nuestros ríos, además de generar unas magníficas ‘rutas del colesterol’, también sirvió para abrir el Dominio Público Hidráulico a los ojos de todos y, de esta manera, cualquier incidencia detectada sobre ese entorno se comunicaba por alguno de los miles de usuarios de estos trazados que hay por toda Asturias. En el caso del patrimonio arquitectónico que reside en nuestros pueblos y ciudades, por aquello de estar justo ante nuestras narices, pues suele pasar inadvertido, o bien porque no nos fijamos, o porque damos por sentado que ya “alguien” —así, en general— habrá avisado si están picando unos azulejos de 1920 en aquel portal, o el edificio viejo que llevamos viendo décadas se está cayendo. Pero no debería ser así. De igual manera que los profesionales de las emergencias nos instan a llamar al 112 cuando veamos un incendio y no lo dejemos pasar con la idea de que, seguro, alguien habrá llamado ya, en el caso del patrimonio es lo mismo. Por favor, no demos por sentado que la Administración pública competente se haya enterado o tenga constancia.

Y esto me lleva al segundo paso, lo de la Administración pública competente. No es complicado, si estamos hablando de edificios o construcciones, nuestra referencia es el Ayuntamiento de la localidad. Es decir, ¿está ocurriendo algo ‘x’ en un edificio de Lieres? Pues la referencia será el Ayuntamiento de Siero. ¿Están haciendo algo ‘y’ en un hórreo de Serín? La referencia es el Ayuntamiento de Gijón. Con esto claro, lo siguiente es, ¿cómo hacerlo? Pues igual de sencillo, aunque aquí yo pediría un poco de esfuerzo (sí, ya sé que estamos todos hasta arriba en esta sociedad hiperproductivista, pero no hay otra manera que esforzándose un poco). Lo ideal es presentar un folio —o si el Ayuntamiento tiene un formulario de propósito general (o sea, que vale para todo)— donde, de manera escueta, se diga que en el sitio tal, el día tal, he visto…, ¿qué sé yo?…, que se caía la cornisa de un edificio del siglo XIX. Sería perfecto (pero NO es obligatorio) tener un poco de bagaje de lo que estamos hablando, es decir, saber si ese edificio está catalogado o tiene alguna protección (eso se puede consultar en las paginas web de los ayuntamientos, y ya lo sé, algunas son un completo desastre empezando por la de Gijón). Si es así y contamos con la información, la adjuntamos y — importante— citamos la fuente, lo que facilitará el trabajo a los funcionarios. Y ya estaría. Lo metemos por registro físico o electrónico, y a esperar.

Tienen que responder; si no lo hacen transcurridos unos meses, debemos insistir o ponernos en contacto con algún tipo de asociación, colectivo u organización civil para que nos eche una mano. Pero seguro que os llegará una respuesta. Es muy posible que en muchos casos la respuesta explique lo que hayáis visto, pero también es seguro que en algunos casos se iniciarán procedimientos para aclarar lo que esta “sucediendo” con ese elemento patrimonial. Si esto fuera un proceso normalizado, estoy seguro que en dos o tres años la Administración pública y los gestores de la misma agilizarían procesos para preservar y conservar nuestro patrimonio de manera mas eficaz, puesto que en el momento en el que se notifica a la institución pública, la que sea, un hecho, el que sea, el procedimiento no puede acabar en un cajón sin respuesta.

Y hasta aquí este ‘Manual de Combate para defender el patrimonio’, que sólo consiste en aglutinar a aquellos que podáis tener interés en el tema, a través de un pequeño esfuerzo que nadie os agradecerá —bueno si nos vemos por la calle un café puede ser—, pero que contribuirá a hacer nuestro paisaje diario mas guapo, con mas historia y mas singular.

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