
«La reforma del enlace de Roces se presenta como una mejora técnica del tráfico, pero dice mucho más sobre el modelo de ciudad que seguimos construyendo»

Recientemente, el Gobierno del Principado ha puesto a información pública la reforma del enlace entre la AS-II y la A-8 con la ciudad. Una obra de más de 3,7 millones de euros que servirá para crear un par de grandes rotondas, eliminar los cruces semafóricos actuales y aportar, en teoría, mayor fluidez al tráfico y más seguridad.
Pocas palabras funcionan tan bien juntas como ‘seguridad’ y ‘fluidez’. Son el comodín perfecto. La fórmula mágica que convierte cualquier reforma viaria en algo, como mínimo, razonable. ¿Quién podría estar en contra de la seguridad? ¿Quién querría menos fluidez?. El problema surge cuando uno se hace la pregunta que, a estas alturas, una Consejería que se denomina «de Movilidad, Medio Ambiente…» y demás apellidos que no vienen al caso debería hacerse obligatoriamente: ¿dónde están los accesos peatonales? ¿Dónde están los ciclistas? ¿Cuál es la previsión para cualquier otra forma de movilidad que no sea el coche?
Una vía que ya no es solo interurbana
Porque estamos hablando de una vía que ya no es tan interurbana, aunque tradicionalmente se la trate como tal. Atraviesa infraestructuras, zonas productivas, áreas comerciales e, incluso, un pequeño barrio de viviendas que también forma parte de la ciudad. Por sus márgenes transitan personas de manera habitual; no está estrictamente prohibido, y hay, además, paradas de autobús. Es decir, no funciona solo como un intercambiador de autopistas hacia distintos puntos de la geografía asturiana, sino que conecta y transporta personas dentro de la propia ciudad, hacia zonas de interés cotidiano.
La ciudad, que hace tiempo desbordó la cicatriz urbana que provoca la A-8, tiene, además, la responsabilidad de ofrecer comunicaciones dignas a una parte cada vez mayor de la población que vive y trabaja en la zona, en radios perfectamente asumibles a pie o en bicicleta. Sin embargo, esa población se encuentra hoy con una oferta de conexiones pobre y enrevesada, incluso para quienes se mueven en coche. Si analizamos el entorno con un mínimo de atención, vemos una gran concentración de empresas situadas a apenas cientos de metros de barrios como Roces, Contrueces o Nuevo Roces. Sin embargo, los accesos peatonales o ciclistas son prácticamente inexistentes. Existen opciones, sí, pero suelen estar planteadas de mala gana y siempre con la vista puesta en el coche. El mejor ejemplo es el carril bici que conecta Nuevo Roces con el polígono: un diseño que es un auténtico despropósito y un mantenimiento aún peor.
Cuando hacer ciudad queda fuera del proyecto

En el ámbito comercial, la escena es la habitual de los extrarradios, con grandes superficies que necesitan grandes espacios. En el caso del entorno del Alcampo, se han ido añadiendo recientemente nuevas zonas comerciales sin apenas reformar los accesos. Es cierto que se ha ‘reurbanizado’ la zona, pero cuesta creer que quien la haya diseñado siga en el puesto. El resultado global es el de una demanda inducida de manual: si ya había mucha gente desplazándose en coche, ahora hay más. Con retenciones importantes incluidas, como ya han recogido los medios.
Y, en medio de toda esta aglomeración viaria y comercial, hay gente que vive. El pequeño grupo de casas situado entre Desguaces Cañamina y el Alcampo no dispone hoy de accesos peatonales en condiciones. Hablando con algún vecino sorprende, incluso, cierta resistencia a la idea de crear una acera que los comunique a pie con el resto de la ciudad, a pesar de que se dan velocidades superiores a los 80 km/h y que se han producido siniestros a pocos metros de sus ventanas. Supongo que tanto tiempo acostumbrados a que la única opción sea el coche, que ni siquiera se plantean otra forma de moverse que no sea por el arcén, llegado el caso. Algo tan simple como cruzar para coger el autobús en dirección Gijón ya se convierte en un rodeo, entre pasarelas y vueltas. Y menos mal que se hace aprovechando la ‘vía verde’ inferior.
En definitiva, seguramente la inversión merezca la pena para la comodidad y seguridad del tráfico, ese sancta sanctorum que nunca se cuestiona. Pero resulta triste que en 2026 sigamos planteando intervenciones de este calibre en el viario urbano sin tener en cuenta todos los modos de desplazamiento y el desarrollo real de la ciudad, presente y futuro. Espacio hay, presupuesto también. Porque cuando hablamos de conexiones peatonales y ciclistas, no son precisamente las partidas más caras de una obra como la que está planteada. Están a tiempo, siempre se está. Espero realmente que los responsables le den una merecida vuelta al asunto.
Totalmente de acuerdo. Continuar las aceras y el carril bici hasta, por lo menos, la rotonda del Alcampo sería lo lógico. Y como bien dices, no supondría mucho gasto además de ayudar a descongestionar esa zona ya que muchos optaríamos por ir caminando o en bici. Y si, además, a esa acera y a ese carril bici le sumamos unos árboles ya nos quedaría una avenida preciosa a la vez que útil y cómoda para todos.
«Supongo que tanto tiempo acostumbrados a que la única opción sea el coche, que ni siquiera se plantean otra forma de moverse que no sea por el arcén» Esta frase define muy bien la psique de esta ciudad
Por cierto espero que dejes bien claro a la gente que esa obra depende del Principado, por tanto de tu querido Barbon