«Lo sucedido esta semana en ArcelorMittal es la garantía que esta región necesitaba para pensar que vienen tiempos mejores y estables»

La Empresa Nacional Siderúrgica, S.A. (ENSIDESA) fue fundada por el Instituto Nacional de Industria (INI) a instancias de un Decreto de la Jefatura del Estado del 15 de junio de 1950. En 1957 se encendió el primer horno alto. El impacto demográfico fue tan fuerte que la comarca de Avilés, sede inicial de la siderúrgica, hizo que la ciudad cuadriplicase su población en menos de cinco años (de 20.000 a 80.000 habitantes).
Luego llegaron las crisis de los ochenta y noventa acompañadas por la privatización de una empresa cuyo impacto social y laboral en Asturias fue, ha sido, es y será vital por irrepetible e inigualable. La Marcha de Hierro culminó la protesta laboral para evitar que este gigante siderúrgico no cayese en las manos equivocadas. En 1994 Ensidesa pasa a llamarse Corporación Siderúrgica Integral; en 1997 Aceralia y tras la fusión con Arbed y Usinor se rebautiza como Arcelor y en poco tiempo se pondría el apellido Mittal tras la OPA de la multinacional que hoy lidera el sector.
Desde entonces hasta el pasado martes se han ido sucediendo períodos de luces y de sombras; de acercamientos y advertencias; de incertidumbres laborales y miedo a deslocalizaciones; de los efectos de la competencia desleal; de planes sociales; de prejubilaciones y ajustes de plantilla; de planes de inversiones no siempre cumplidos… Todo esto ya es historia.
Cuando una empresa anuncia una inversión de mil millones es que tiene claro que su futuro se asienta con unas patas lo suficientemente sólidas como para convocar en su puesta de largo al propio presidente del Gobierno de España. Lo sucedido esta semana en Arcelor Mittal es la garantía que esta región necesitaba para pensar que vienen tiempos mejores y estables.
En términos generales, el acuerdo incluye una multimillonaria inversión, la mitad con ayudas públicas, para transformar la factoría de Gijón y reducir a la mitad las emisiones de dióxido de carbono en 2025. El plan incluye la transformación de la acería de Veriña con el cierre del horno alto A y la instalación de un horno de arco eléctrico que estará alimentado por la nueva planta de reducción directa de mineral de hierro. El plan garantiza el futuro de la factoría de Gijón como fabricante de productos largos –carril y alambrón–, aunque la capacidad de producción de acero de las plantas asturianas se reducirá en un 20% en 2025 al cerrar uno de los altos hornos.
“Hoy empieza una nueva época”, señaló ayer Aditya Mittal, CEO de ArcelorMittal; “La transformación que encara ArcelorMittal en Asturias ayudará a crear puestos de trabajo de alta cualificación que convertirán a Asturias en un polo mundial de crecimiento sostenible, dijo Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Ambos se juegan mucho en este envite en que la descarbonización de las empresas marca el inicio de una nueva época.
Queda mucha letra pequeña por leer como de qué manera estos planes van a afectar a la plantilla. Un aspecto en que empresa y sindicatos deben volver a tener la mano tendida para lograr un acuerdo que ajuste los puestos de trabajo a las necesidades pero con una perspectiva temporal suficiente como despejar cualquier tipo de incertidumbre en varias décadas. También habrá que saber cuánto dinero llegará de la UE para esta manifestación de interés y cómo se devolverán esas cantidades. De igual manera, se hace imprescindible que de una vez por todas el Gobierno de España ponga en marcha una tarifa eléctrica que no se lleve por delante casi la mitad del gasto de las grandes consumidoras.
Si las voluntades se unen a los mil millones estaremos en el camino de una nueva Asturias, descarbonizada pero con futuro.