Rosario Roses aclara el proceso creativo de una obra hecha a mano que ha reavivado el debate sobre la IA en el arte

El cartel del Antroxu 2026, obra de la artista Rosario Roses Ariza, no solo anunciará una de las celebraciones más emblemáticas del calendario festivo de Gijón, sino que también ha abierto un debate de fondo en el ámbito cultural: el uso de la inteligencia artificial en los procesos creativos. Un debate que la propia autora afronta con naturalidad, reivindicando el valor del trabajo manual y defendiendo la tecnología como una herramienta auxiliar, nunca como sustituto de la mirada artística.
La obra ganadora parte de una técnica tradicional, el linograbado, realizada íntegramente a mano. Roses talló la plancha de linóleo y estampó la imagen de forma artesanal, sin tórculo, recurriendo a métodos caseros como la presión manual con utensilios domésticos. “El linóleo es más agradecido si no tienes medios técnicos muy avanzados en casa. La tinta se fija mejor y te permite trabajar los detalles”, explica la artista, formada en Bellas Artes y con una trayectoria vinculada tanto a la gráfica como a la fotografía analógica.
La elección del blanco y negro, lejos de ser casual, responde a una decisión estética consciente. “Me apetecía un estilo más cercano al cómic, algo un poco más oscuro, en el buen sentido”, señala. Un lenguaje visual que conecta con el simbolismo del Antroxu, especialmente con el entierro del carnaval, y que rompe con la línea cromática habitual de ediciones anteriores. “Pensaba que no me iban a escoger precisamente por eso”, reconoce.

La polémica surgió durante el proceso de entrega del cartel, cuando la artista se dio cuenta de que, además del original físico, era necesario presentar una versión digital. Ante la falta de un escáner adecuado, Roses optó por fotografiar el grabado y utilizar una herramienta de inteligencia artificial para limpiar la imagen y reforzar el contraste entre blancos y negros. “Le pedí ayuda para que no pareciera un sello, para que quedase un negro y blanco más limpio”, explica. Fue en ese proceso donde apareció, sin que ella lo advirtiera, una marca de agua generada por la propia herramienta.
“Era la primera vez que usaba algo así y ni siquiera sabía que salía marca de agua”, admite. Ni el jurado ni la organización detectaron el detalle en un primer momento, y el asunto solo cobró relevancia posteriormente, cuando fue señalado en redes sociales. Un contexto que, según la artista, amplificó una situación que define como un error técnico, no creativo. “No tendría sentido usar inteligencia artificial para generar una imagen cuando el grabado está hecho a mano desde el principio”, subraya.
Lejos de rechazar la tecnología, Rosario Roses defiende un uso responsable y consciente de la inteligencia artificial en el ámbito artístico. “Como complemento no la veo negativa. Hay procesos muy largos o técnicos que te puede ayudar a acortar, y así dedicar más tiempo a otras partes que te interesan más”, explica. Eso sí, marca una línea clara: “La parte creativa, la visión, el imaginario, eso tiene que salir del artista”.
Para el cartel del Antroxu, su proceso creativo se nutrió de referencias culturales y visuales reconocibles, como la iconografía del cuélebre o las antiguas latas de sardinas, combinadas con recuerdos personales y la observación directa del carnaval. “No te inventas todo de la nada. Te inspiras en imágenes, en fotos, en lo que ves, pero al final la imagen la generas tú”, reflexiona.
El momento vital de la artista también ayuda a entender su conexión con el proyecto. Rosario Roses se instaló recientemente en Gijón junto a su pareja, tras varios años buscando una oportunidad para mudarse a Asturias. Con vínculos familiares en la región y una afinidad previa con el territorio, la decisión estuvo motivada tanto por razones laborales como culturales. “Nos atraía una ciudad viva, con movimiento cultural, asociaciones, actividades y gente joven”, explica.
Desde su llegada, ha comenzado a integrarse en el tejido cultural local, participando en encuentros poéticos y mostrando interés por los espacios creativos que ofrece la ciudad, desde iniciativas independientes hasta la programación de la Laboral. Paralelamente, ha iniciado un máster en Psicología, ampliando su formación más allá de las Bellas Artes, en un cruce de disciplinas que también se refleja en su manera de entender el arte.
La repercusión del cartel y la controversia asociada le generaron incomodidad, especialmente por la exposición en redes sociales. “No estoy acostumbrada a ese nivel de ruido. Me quitó bastante energía”, reconoce. Aun así, también asume el aprendizaje de todo el proceso.
Con todo, Roses insiste en que el foco no debería perderse: el cartel del Antroxu 2026 es el resultado de un trabajo artesanal, personal y coherente con una visión artística propia. Un ejemplo, según ella, de cómo tradición y tecnología pueden convivir sin que una anule a la otra. “El debate es necesario”, concluye, “pero sin olvidar que la creatividad sigue estando en las manos y en la cabeza de quien crea”.