
«La desconexión entre la política y la realidad»

Esta semana tocaba escribir sobre la última reunión de Gijón al Norte, esa sociedad pública donde se discute y acuerdan todas las cosas que tienen que ver con el Plan de Vías y el Metrotrén. Ya saben, lo de cuándo vamos a tener estación de tren decente, estación de autobuses pública decente o indecente, y lo de que pasen trenes por el túnel semiabandonado que tenemos atravesando la ciudad. Me van a permitir que lo despache rápido, por dos motivos: el primero es que ya habrán leído y escuchado de todo, a todo el mundo, en todas partes. Unos más contentos, otros más prudentes; unos más exagerados, otros más críticos. De todo, vamos. El segundo motivo es que ustedes, como yo, saben que esto del Plan de Vías va al mismo sitio donde está la Autopista del Mar o el Vial de Jove: a la casilla de ‘Gijón siempre puede esperar’. Y como la realidad en los últimos 28 años de esto de los trenes en nuestra ciudad es la misma, ninguna, el resumen y conclusión del artículo de esta semana es: ni nos creemos nada, ni va a pasar nada.
Pero, claro, esto me deja por delante prácticamente todo el artículo y, por tanto, el… ¿Sobre qué voy a escribir ahora? Lo voy a hacer de la desconexión entre la política y la realidad, y voy a tomar de ejemplo, claro está, lo del Plan de Vías. Siempre -y lo pueden consultar en todos los medios de comunicación- que sucede algo o, incluso, si no sucede, que tenga que ver con que se mueva un papel sobre el tema trenes en Gijón, se forma un revuelo de consideración. Pero un revuelo solo y exclusivamente en el entorno político, no en la ciudad. Este asunto, que parece anecdótico, no lo es tanto, porque refleja la desafección que ha ido calando entre los ciudadanos respecto a la política. Pasa con esto y con más cosas. El movimiento de la clase política local entorno a esas cuestiones que generan fotos, debates y titulares es exponencialmente más intenso y entregado que el que refleja la realidad de la ciudad. Se dedican decenas de columnas, artículos y espacio político para hablar de algo que, en el mejor de los casos, va a suceder dentro de diez o quince años, pero enterramos en el olvido lo de que nuestros pequeños siguen comiendo en los comedores escolares de los coles de Gijón comida recalentada que viene de Valladolid. Reconozco que puede parecer un ejemplo fácil, y que tira del hilo de cosas que nos afectan, pero planteémoslo de otro modo: desde que se empezó a hacer algo en el entorno del ‘solarón’, cuando se tiró -innecesariamente, añado- la Estación de Trenes del Humedal, en 2014, hasta que veamos algo terminado de la obra según datos oficiales y, en el mejor de los casos, en el 2036, habrían pasado la friolera de veintidós años… No digamos ya nada si tomásemos como fecha de referencia cuando se anunció lo del Metrotrén (el túnel por debajo de Gijón, que costó casi 140 millones de euros y está durmiendo el sueño de los justos), allá por el año 2000. Desde el apocalíptico año 2000 hasta la que ahora se anuncia como fecha posible de fin, 2036, habrán pasado 36 años. Media vida.
Si los políticos con responsabilidades durante estos años hubieran querido hacer algo, se hubiera hecho, pero es evidente que, pese a ser una máquina de titulares y de ruedas de prensa, el Plan de Vías no le interesa a nadie con capacidad política ni, menos aún, con capacidad financiera. Es por eso que, quizá, lo único que nos quede por pedir en esto del Plan de Vías, ‘solarón’, Metrotrén y demás máquinas de humo es que se acabe de consolidar el espacio baldío. Y me explico para acabar este artículo, que no habla del ‘solarón’, pero sí habla de lo que nos gustaría ver, y es que ese enorme espacio verde que ha ido quedando se haga más amable y más verde, y sin las excusas de que «¿Para qué vamos a hacer nada si, al final, eso va a cambiar?». Lleva diez años sin cambiar, y al menos le queda otra década, así que tampoco sería tan terrible gastarse un dinero en estos diez años… No sé, digo yo que, conque se gasten la mitad que se han gastado en el pádel, ya tenemos para montar un parque un poco más acogedor que lo que hay en la actualidad, y si dentro de diez años se produce el milagro y la cosa marcha… Pues oye, qué se le va a hacer, diez años de disfrute de un parque para todos que nos llevamos. No digamos ya nada si continuaran el parque hasta el actual viaducto, ese que dicen que van a tirar; sería la repera. Para eso podían dedicar… No sé, pongamos la cantidad pensada para hacer el estudio de soterrar el Muro. Lo digo por coger el dinero de cosas que no sirven para mucho.
En fin, que uno pide que nuestros políticos locales dejen de darse golpes en el pecho de grandes estadistas cuando vienen los señores de la capital, y se centren más en hacer la ciudad más habitable y vivible porque, si lo del Plan de Vías acaba llegando, por suerte o por desgracia solo dependerá de que un Gobierno estatal haga algo más que mandar, una vez cada dos años, a un ministro a hacerse unas fotos con la gente de Gijón.
Más calle y menos cara.