Fiscalía y acusación particular rechazan las atenuantes sugeridos por la defensa, y mantienen sus peticiones de dieciocho y veinte años de prisión, respectivamente, al entender que actuó como «una persona fría y calculadora»

El último capítulo del drama originado tras el asesinato, el 20 de septiembre de 2023, del gerente de una inmobiliaria ubicada en el barrio gijonés de Ceares parece haber quedado escrito. A falta de conocer la sentencia que haga las veces de epílogo, F.D.A.R., el presunto autor de la muerte a puñaladas de F.J.R.T., quien sumaba 55 años, ha comparecido una vez más ante el jurado esta mañana para «pedir perdón» a los familiares de su víctima por todo el daño que su gesto haya podido causarles desde entonces. Una solicitud que no ha ablandado ni lo más mínimo las posturas de la Fiscalía y de la acusación particular, convencidas de que el procesado obró como «una persona fría y calculadora», y decididas no sólo a que cumpla sus respectivas peticiones de dieciocho y veinte años de cárcel, sino a que no sean tenidos en cuenta las atenuantes de reparación del daño causado, obcecación y confesión puesta sobre el tapete por la defensa.
«Es un hecho que no tiene justificación», ha remarcado al cierre de proceso, no sin antes acotar que lo sucedido sólo podría llegar a entenderse «si lo has vivido como yo», aunque convencido de que «al final voy a pagar con toda la vida», en referencia tanto al tiempo que pasó obsesionado con el fallecido, como a los años en prisión que, con toda seguridad, le aguardan. Aun así, ha pedido expresamente el perdón de la hija de la que fue su víctima, si bien «no por mí», sino por ella misma. No en vano, ha recordado, él mismo vivió «con rencor, con odio, con dolor» durante largo tiempo, un cúmulo de sentimientos y emociones negativas que llevaron a que su vida «se volviera oscura, fea, muy fea, hasta el punto de parecerme que la cárcel era una alternativa que no iba a ser peor». Y ha finalizado deseando a la aludida que el tiempo sea capaz de disminuir el dolor y rencor que pueda albergar aún.
Actuó «como un asesino profesional»
Nada de todo lo anterior ha influido en el Ministerio Fiscal. En su propia última intervención, su representante ha incidido en que F.D.A.R., por encima de cualquier otra cuestión, «es un asesino», y ha alertado de que «la maldad existe en estado puro» en él, toda vez que el crimen que ejecutó fue un ejercicio de «frialdad absoluta». Paralelamente, la Fiscalía ha restado validez a la precaria situación económica del acusado, insistiendo en que fue previa a los problemas con la víctima, y matizando que la ejecución hipotecaria que dejó al enjuiciado y a su familia sin vivienda fue fruto de créditos impagados distintos; un punto, ese último, sobre el que conviene recordar, según los testimonios del presunto asesino y de su exmujer, que se dio así, efectivamente, aunque para poder abonar la cuantía de la deuda contraída previamente con el fallecido. En cualquier caso, al Ministerio Fiscal ha concluido que F.D.A.R. es una persona que «coge manía» a quienes le ofenden, y ha aseverado que toda la declaración del acusado «es un montaje».
En una línea semejante se ha expresado Eloy Fernández, abogado de la acusación, para quien el relato facilitado por el presunto criminal es «una mentira», acusándole de «confesar lo que le interesa», y dando un paso más al describir la supuesta infidelidad de su mujer con la víctima como una mera invención como «causa exculpatoria». En su caso, también ha dedicado palabras a los 250 euros aportados como reparación del daños, cuantía justificada por el procesado y su familia por sus escasos recursos económicos, pero que para Fernández «ni es sustancial, ni es nada; es una vergüenza». Por último, se ha referido a los testimonios aportados por la Policía Local, según los cuales se rio cuando fue detenido, profiriendo «Ahí está bien» tras saber que F.J.R.T. había fallecido. «Fue un asesinato cruel, realizado por un auténtico profesional»,
El recurso final de la «ceguera emocional»
La última en intervenir ha sido la abogada defensora de F.D.A.R., María Escanciano. Después de recalcar que la confesión de su representado hizo apenas necesaria una instrucción, ha definido como «vergonzoso» y «una desfachatez» que se le pidan 900.000 euros de responsabilidad civil, y ha recordado que fue víctima de lo que se conoce como «ceguera emocional», toda vez que perdió su casa y a su mujer, y que estaba convencido de la infidelidad y de que la víctima había vejado a esa última. En último término, no ha negado que se tratase de un acto «horroroso», pero cuyo alcance el mismo acusado ha admitido.