La firma de interiorismo que lidera María del Carmen Diego Lafuente, una de las galardonadas en esta edición de los Premios Gijón Impulsa, se ha especializado en elaborar techos, paredes y objetos de lujo utilizando como base dichos materiales

Es sorprendente, por no decir simplemente fascinante, de qué modo un elemento de lo más común, fácil de obtener y, en apariencia, poco valioso para el ciudadano corriente, puede llegar a convertirse, tras recibir el debido tratamiento, en un producto de lujo, apreciado no solo por su refinado diseño, sino también por la esencia de esas materias primas previamente infravaloradas. Partiendo de esa reflexión, sobra decir que quienes adquieren la capacidad para hacerse con tales materiales y, claro, para trabajarlos hasta transformarlos en semejantes resultados tienen ante sí un futuro prometedor. Tanto, al menos, como el que se ha labrado María del Carmen ‘Mamen’ Diego Lafuente. Hace ya una década, en el transcurso de sus viajes a ferias internacionales, esta arquitecta de interiores descubrió, de pronto, el universo de posibilidades que ofrecían la paja, el pergamino y el galuchat, o piel de pescado curtida. Un hallazgo que sirvió, y aún sirve, de piedra angular a Objet Particulier, la empresa especializada en interiorismo de lujo que hoy lidera, y que se ha hecho merecedora del Premio Gijón Impulsa a la Innovación en Economía Creativa por su aplicación de técnicas artesanales a materiales novedosos.
«Llevo casi toda la vida como emprendedora, y siempre he tenido muchas habilidades manuales«, admite, sincera, Diego, que durante su larga trayectoria nunca ha dejado de ser consciente de la progresiva evolución del sector, y de la necesidad de actualizarse para readaptarse a él y dar con un nicho adecuado. Fue por ello por lo que, tras descubrir los materiales en cuestión y profundizar en las maneras idóneas de tratarlos, se lanzó a adaptar al presente un abanico de técnicas que, en sus versiones primigenias, se remontan a la Francia del siglo XVII. No fue un camino fácil, desde luego, y Diego hubo de dedicar horas y esfuerzo a aprender, experimentar, perfeccionar y, por fin, comercializar su iniciativa. Pero el resultado merece la pena, y es palpable. Techos, paredes y, no en menor medida, objetos para decorar interiores, como muebles o envases, conforman un catálogo creciente, que ha cosechado un éxito importante en tierras extranjeras, pero que cada vez gana más peso en España. Eso sí, siempre exhibiendo con orgullo la etiqueta del lujo, de la que tales productos son merecedores «por el dominio, el trabajo, el número de horas y el precio de los materiales, que no son económicos«.
Con el buen sabor de boca del Premio Impulsa aún en el paladar -y más aún a partir de esta tarde, cuando, a las 18.45 horas, se oficie la ceremonia de entrega en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial-, ahora Diego, su compañero de trabajo y las tres personas que tiene en formación confían en que el reconocimiento se traduzca en «muchísima visibilidad, y en la puesta en conocimiento de la sociedad del calor que las industrias creativas pueden llegar a tener«. Unas industrias que, está convencida, podrían llegar a erigirse en «un motor económico importante«; al fin y al cabo, ahonda, en la creatividad «se cruzan muchos sectores: el logístico, el tecnológico… Apostar por ello podría suponer un gran avance«. Hasta que ese deseo se haga realidad, de momento Diego se conforma con alcanzar las metas a medio plazo que se ha marcado: comenzar a trabajar con la escanda, «que es autóctona y nos permitiría tener un producto de ‘kilómetro cero'», e innovar en el campo de los tintes. Todo ello, para diferenciarse de una competencia que todavía es escasa en España, pero que ya apunta maneras. «De momento, sólo hay una persona en Castilla, otra en Valencia y una tercera en Madrid, y únicamente trabajan la paja, pero nuestro verdadero rival es Francia«, concluye. Porque, efectivamente, son los galos «nuestro grandes competidores».


