“El objetivo de este año también es el Mundial en noviembre, quiero ir a por las medallas”
“Se me hace muy duro estar lejos de la familia, pero es el trabajo que uno elige y sarna con gusto no pica”

Damián Quintero (Buenos Aires, 1984) siempre ve el vaso medio lleno. Todavía en una nube por la plata en los Juegos Olímpicos de Tokyo, el karateka atiende a los medios de comunicación antes de iniciar sus vacaciones. Pese a que toda su familia reside en Málaga, la parte correspondiente a su mujer es de Gijón. De hecho reconoce tener “el corazón divido” y también tira por el Principado, un lugar en el que desconecta y aprovecha para ver a amigos. Antes de iniciar el proceso de reseteo, charla con miGijón sobre sus logros, el futuro y su vinculación con el Principado.
¿Cuántas veces ha mirado la medalla?
Hombre, la llevo todo el día encima así que imagínate… Está más manoseada que nada. La verdad que es increíble tener una medalla olímpica en mis manos. Desde que me la puse en el cuello, con esto del COVID no te la cuelgan, me acompaña allá donde voy. El primer día dormí con ella puesta.
En el momento en el que el juez señala a Ryo Kiyuna como vencedor ¿qué se le pasa por la cabeza?
Felicidad, fíjate. Acabas de perder y estás feliz porque salí y disfruté del tatami, era lo que había que hacer. Mi entrenador me lo dijo bien claro: ‘Vamos a subir aquí, estamos en la final olímpica’. El recuerdo que me voy a llevar es la medalla, pero también el kata. Lo disfruté, tuve el máximo rendimiento, no me fijé en los jueces, no voy a entrar en polémicas sobre si me merecía ganar o no y por eso estaba feliz aunque había perdido la final.
Después de obtener la plata dijo que llevaba un mes sin ver a su mujer y un poquito más a sus padres. ¿La parte emocional ha sido la más compleja?
Ha sido muy difícil porque, ya no es que el último mes hayamos entrenado solos, han sido cinco años para una medalla olímpica. A nosotros se nos ve entrenando felices, pero vas dejando a la familia atrás y es muy complicado, no se ve. Se me juntaron los 21 días que he pasado en Japón, más quince días que estuvimos de concentración en Sierra Nevada, otros quince en Mallorca… Al final es mucho tiempo sin estar con tus seres queridos que, cuando tienes los momentos malos, son los que están ahí siempre apoyándote para que resurjas. Se me hace muy duro, pero es el trabajo que uno elige y sarna con gusto no pica.
¿La falta de público es un elemento a favor o en contra?
Obviamente es un elemento en contra, pero hay matices que era lo que habíamos hablado antes de llegar a Tokyo. Si vas a ver solo público japonés, aunque es muy respetuoso, iba a ser en contra totalmente porque el resto del mundo y familiares de competidores no se merecen no estar allí. En este sentido estuvo muy desangelado el pabellón porque el ambiente del público también es parte del deporte. Conmigo han sido cariñosos, estoy recibiendo muestras brutales de Japón y de otros países asiáticos, pero es un hándicap para todo deporte.
¿Cómo se vive en una burbuja? Le vimos algún vídeo con una PCR en la mano y una sonrisa.
Al principio te agobias un poco porque había muchas restricciones, mucha normativa que cumplir a todas horas, pero al final te acostumbras y haces los test de saliva todos los días, rellenas varias aplicaciones con temperatura… La rutina se hace mucho más pesada cuando vas de la zona de entrenamiento al hotel y vuelta. También es verdad que, por otro lado, suelo estar muy concentrado en mi trabajo y no soy de los que se va a dar paseos o se mueve mucho antes de competir.

Esta medalla será la primera y última del kárate español ya que la organización de París 2024 decidió excluirlo. ¿Qué siente al saber que no podrá defender ese segundo puesto?
Impotencia. Todavía estamos un poco asombrados porque no nos han dado el informe, no nos han dicho como se ha valorado el kárate, nos han sacado de los puntos porque hay ciertas personas que no les gusta nada o el comité de París ha decidido que no quieren que estemos allí sin ninguna razón. En mi caso ya he vivido un sueño olímpico, obviamente tengo una carrera deportiva de 19 años compitiendo y, no es que me vaya a retirar ahora, pero si es cierto que uno va viendo el final, igual París estaba un poco más lejos. Sin embargo, a todas las generaciones que vienen por detrás se les corta el sueño de manera radical y volvemos a lo de antes: mundiales y europeos, que son muy importantes, pero al final en España la diferencia entre la disciplina olímpica y no olímpica es muy grande así que a volver a compaginar trabajo y entrenamientos.
Voy a tratar resumir rápido su palmarés. Campeón del Mundo en 2014, dos subcampeonatos del Mundo en 2016 y 2018, 10 veces campeón de Europa y número uno del ranking mundial. A esto le sumamos la medalla de Tokyo. ¿Le queda algo por ganar?
Sinceramente no (risas). Si nos mantuvieran en París sería rizar el rizo e ir a por el oro. Al margen de los resultados y las medallas, lo he dado todo por el kárate español y lo he posicionado donde está. Es cierto que me he encontrado un camino bien abierto con referentes anteriores de otras épocas, pero me he esforzado en abrir, aún más, ese camino para las generaciones venideras.
Y pese a ganarlo todo ¿sigue teniendo motivaciones?
Por supuesto que sí. Ahora tengo que desconectar y relajar el cerebro, pero ya te digo yo que en semana y media empiezo a tensar a mi mujer porque tengo ganas de entrenar y ella se pone nerviosa porque voy al gimnasio y hago cosas. El objetivo de este año también es el Mundial, quiero hacerlo muy bien e ir a por las medallas en noviembre así que no nos podemos despistar mucho.
Supongo que con tanto título y trofeo tendrá una habitación reservada para guardarlos.
Voy seleccionando porque todos juntos no se pueden guardar, pero hay medallas a las que les tengo más cariño y esta va a ser la joya de la corona. Buscaremos un sitio especial en casa para ponerla.
Su medalla ha puesto sobre la mesa el debate de las ayudas a deportistas. Su compañero Ray Zapata decía que las ayudas no estaban mal, pero podrían ser más elevadas.
Esto es un tema que se compara mucho entre países. Por ejemplo, Gran Bretaña o Italia han cambiado su modelo deportivo y buscan ayudar al deportista para que esté en las mejores condiciones posible para unos JJOO. Se podría apoyar más, pero, personalmente, tengo que decir que el trato y el apoyo de Alejandro Blanco, el Comité Olímpico Español y el CSD es excelente, incondicional.
Iba a ser abanderado en la clausura junto a su compañera Sandra Sánchez, pero finalmente no pudo ser. ¿Cómo le sentó la decisión del COI?
Te dan un caramelo y te lo quitan (risas). No me puse a llorar como un niño pequeño, pero es verdad que me desilusionó un poco. En la inauguración había dos abanderados, por qué no en la clausura. Son normas que pone el Comité Olímpico Internacional, ahí no nos podemos meter. De hecho, el COE intentó defender que éramos los dos karatekas que habíamos hecho historia y que en París no iba a estar la modalidad, pero dijeron que no. Ahí automáticamente las normas son claras y el COE elige a Sandra, doy un paso atrás y ya no me disgusto más porque lo veo una tontería. Represento a mi país todos los días y la bandera la llevo en el pecho cuando salgo a competir al tatami. De hecho me saqué una fotillo entre bastidores.
“Habrá que comer cachopo y beber un poco de sidra para celebrar la medalla”
Tenía familia repartida por media España porque a Málaga se sumaba Gijón, la familia de su mujer. Por cierto, menudo baño en la piscina, con ropa y todo para celebrar el logro. ¿Le ha dado tiempo a que se lo cuenten?
(Risas). Me han enseñado el vídeo y ya le dije de broma que menudo clavado, como los nadadores que saltan del trampolín. Madre mía, como clavó el salto. Ha sido espectacular toda la familia de Asturias y mis papás y mi hermana en Torremolinos, compañeros de toda la vida, mis mejores amigos en Málaga lo disfrutaron en un chiringuito en la playa. Ver tantísima gente fue espectacular. He recibido muchísimo apoyo, no ya solo de la familia, sino de gente que no practica ni kárate, eso es lo que más me sorprende.
Se casó con una gijonesa en la iglesia de San Pedro. Con estos datos no me negará que se siente un poco gijonés.
Sí, claro que sí hombre. Tengo el corazón dividido.
Con lo cual, una parte de la medalla también se viene para Gijón ¿no?
Por supuesto. Siempre me he sentido muy a gusto en Gijón, es una ciudad que me gusta mucho. Tengo grandes amigos como Javi Hernanz, Saúl Craviotto es un referente como deportista y como persona y cada vez que voy por allí intento compartir con ellos, la familia… La verdad que vamos poco, tanto a Gijón como a Málaga, porque nuestro trabajo está en Madrid, pero cuando nos escapamos desconectamos y nos sirve para estar con la familia.
Supongo que en su plan vacacional, y aprovechando el respiro de los entrenamientos, cabrá una fabada o un cachopo.
Igual hace mucho calor para meterse una fabada, pero al cachopo habrá que darle y un poquito de sidra también que hay que celebrar.
Hablando un poco de todo. ¿Le ha llegado el furor que ha causado en Japón por sus imágenes en redes?
Me están llegando un montón de mensajes. La competidora de Hong-Kong de kata que fue bronce me escribió ayer para decirme que estaban rulando imágenes mías por Hong Kong, China y Japón. No sé que han visto en mi cara, pero yo encantado de ir abriendo campo en Asia.
En 2015 dejó su trabajo en una multinacional para centrarse en el reto olímpico. Lo cierto es que le ha salido bien, pero ¿cuándo lo hizo nadie le dijo que estaba loco?
Mi madre un poco, se asustó. Dejé el trabajo y me tiré a una piscina medio llena, al final resultó que estaba llena por completo, quien no arriesga no gana. Lo hablé con mi familia y mi círculo cercano y me dijeron que me apoyaban 100% y que iban a estar ahí ocurriera lo que ocurriera. Con esto uno va un poco más tranquilo al ataque, salió bien, nos hemos esforzado mucho y seis años después estamos hablando que tengo la recompensa al trabajo duro.
¿Se ve regresando al mundo de los aviones?
A día de hoy, no. Todavía voy a seguir compitiendo y después me gustaría seguir vinculado al deporte porque, como decía antes, hay cositas que mejorar. A lo mejor no de entrenador sino en un puesto más de gestión. Tengo un máster en Gestión Deportiva y se puede sacar algo de ahí.