Casi medio millar de personas acudió a la concentración crítica con la intervención estadounidense celebrada ayer en El Parchís, contestada una hora más tarde en la plaza Mayor por una veintena de favorables al ataque que, después, se sumaron al acto de apoyo organizado por Vente Venezuela en la plaza del Marqués
¿Qué futuro le aguarda a Venezuela? Por el momento, es una pregunta a la que solo se puede responder con hipótesis, no con certezas. No obstante, hay un hecho incontestable: Nicolás Maduro, quien fuese presidente de la República Bolivariana hasta su captura en Caracas, en la madrugada de este sábado, por fuerzas especiales de Estados Unidos, ya no empuña el timón del país. Y no importa que, de momento, el régimen chavista siga al frente de la nación, que la hasta ayer vicepresidenta Delcy Rodríguez haya sido nombrada sucesora, que la Administración Trump haya descartado el acceso de la líder opositora al poder, que Estados Unidos vaya a retener el control del lugar hasta que se garantice una «transición segura»… El mero hecho de que Maduro, al igual que su mujer, Cilia Flores, esté detenido -y, desde anoche, ya en Nueva York, a la espera de ser procesado por la Justicia estadounidense bajo acusación de narcoterrorismo- bastó para que, en las horas finales de la tarde, cientos de personas se echasen a las calles de Gijón para festejar la «caída del tirano», en palabras de buena parte de los emigrados del país caribeño… O para criticar el golpe de Trump, entendido por muchos como una violación de la soberanía venezolana. Dos visiones antagónicas que, si bien no degeneraron en conflictos, tampoco estuvieron exentas de tensiones.
Fueron los segundos, los opositores al ataque estadounidense, los primeros de movilizarse. Atendiendo al llamamiento hecho por el sindicato Comisiones Obreras (CCOO) y la Asociación Soldepaz Pachakuti, cerca de medio millar de personas se concentró en El Parchís a las seis para mostrar no tanto un apoyo a Maduro y su régimen, como un rechazo a una maniobra, la de Estados Unidos, entendida como «un ejercicio de imperialismo intolerable«. Así, como en los años más crudos del intervencionismo norteamericano en América Latina, el grito «Yankees go home!» volvió a resonar, acompañado de consignas como «¡Nazis fuera!» u «¡OTAN no, bases fuera!«; mensaje ese último que sintetiza el deseo, expresado desde la esfera política por fuerzas como el Partido Comunista (PC), Izquierda Unida (IU) o Podemos, presentes en el acto, de que España rompa relaciones con Estados Unidos y abandone la Alianza Atlántica. Bajo la tenue lluvia, e iluminados por el alumbrado navideño, los participantes escucharon, en primer lugar, a Javier Orozco Peñaranda, coordinador del colectivo de colombianos refugiados en Asturias -muchos de ellos con vínculos familiares con Venezuela-, quien no dudó en tachar lo acontecido al otro lado del Atlántico como «una agresión ilegal, un matonismo muy peligroso para la paz, que el mundo debe repudiar«.
Y es que, ahondó Orozco, «Maduro tiene apoyos, y Trump no es nadie para intervenir en un país soberano«. Máxime cuando el propio presidente estadounidense acusó sin pruebas a su predecesor, el republicano Joe Biden, de incurrir en un fraude electoral, algo de lo que también se señaló a Maduro tras los comicios del 10 de enero del año pasado; los mismos que, supuestamente -las actas electorales nunca fueron hechas públicas oficialmente-, dieron la victoria a María Corina Machado. A ese respecto, el portavoz de los colombianos en Asturias arrojó al aire una pregunta: «¿Alguien sabe si en Estados Unidos las elecciones son realmente legítimas?«. Y concluyó alertando de la posibilidad de que lo sucedido en Venezuela se repita en otros países; concretamente, en su Colombia natal. «El próximo podría ser (Gustavo) Petro…«, advirtió Orozco. Finalizado su turno de palabra, el micrófono lo empuñaron representantes del Sindicato de Estudiantes, encargados de la lectura de un manifiesto redactado para reclamar «el respeto por la legalidad internacional«, el «fin del fascismo» y la atención a la voluntad popular. Un alegato encendido que finalizó, a modo de despedida, con un nuevo clamor colectivo: el igualmente archiconocido «¡El pueblo unido jamás será vencido!«.
Sin embargo, la captura, extracción y encarcelamiento de Maduro ha generado un punto de vista alternativo: el de aquellos, fundamentalmente venezolanos emigrados, que secundan, aplauden y hasta bendicen el asalto estadounidense y al mismísimo Donald Trump. Y ayer estos últimos no se quedaron de brazos cruzados. Tras saber de la convocatoria crítica en El Parchís, el Comandito Voto Mundial Abierto Libertad Sin Fronteras, que coordina desde Gijón la opositora al chavismo Charo Pérez, organizó a toda prisa una concentración propia a las siete, en la plaza Mayor, para dar visibilidad al júbilo de la jornada. Ahora bien, ya fuese por la lluvia y el frío imperantes, por el escaso margen de tiempo desde la emisión de la convocatoria -los mensajes comenzaron a circular a las cinco de la tarde- o por alguna otra razón, apenas una veintena de personas respondieron al aviso. Eso sí, lo hicieron enarbolando pancartas y banderas venezolanas, cantando, bailando y agradeciendo lo que es visto por ellos como una liberación. «Los chavistas declararon una guerra contra la humanidad; lo que hicieron ha sido peor que una bomba atómica«, declaró Pérez… Instantes después de que un espontáneo español que transitaba por la plaza espetase a los concentrados que «el tirano Maduro ha sido reemplazado por el tirano Trump». Al oír tales palabras, varios venezolanos participantes en el acto se encararon con él, acusándole de «chavista» e intentando expulsarle del espacio. Por fortuna, la cosa no pasó de lo verbal.
A esas alturas ya había quedado patente el desigual poder de convocatoria de unos y otros. Pero ese desajuste fue parcialmente nivelado a partir de las siete y media, cuando esos mismos opositores se sumaron al acto de celebración de la captura organizado en la cercana plaza del Marqués por la delegación asturiana de Vente Venezuela, el partido de María Corina Machado. Llegando como un goteo constante, unas cincuenta personas demostraron su felicidad desplegando una colosal tricolor venezolana, entonando canciones, gritos de «¡Se fue el tirano!«, «¡Volvemos a casa!» y «¡Échale bola!«, e interpretando el himno de su país. A su frente estuvieron Indirath Coronado, Aristóteles Tocuyo y Antonio Taiso, los tres contentos con la salida de Maduro… Aunque prudentes por cuanto esté por venir. Y es que, a esas horas, ya se sabía de la negativa de Trump de facilitar el acceso al poder a Machado y a Edmundo González, quien fuese candidato a la presidencia de Venezuela en los pasados comicios. De ahí que Coronado se confesase «a la expectativa; aunque se han dado pasos agigantados por haber sacado del país a Nicolás Maduro, todavía queda mucha tela que cortar«. No obstante, pese a las noticias llegadas desde la residencia de Trump en Mar-a-Lago, pocas dudas había de que la Administración estadounidense acabará cumpliendo su parte. «Una vez que hemos llegado a este punto, no hay un retorno; solo es posible la democracia«, sentenció Taiso.
Esa misma posición la expresaba la joven emigrada Eyleen Assab. Nacida en Venezuela, pero con doce años de residencia en Asturias a su espalda, esta empresaria del sector hostelero solo interrumpió sus saltos, gritos y bailes para, envuelta en la enseña de su patria natal, enfatizar que la de ayer era una jornada de «alegría, emoción y efusividad; después de este gran paso, es nuestra oportunidad, y si no lo hacemos ahora, no lo haremos nunca«. Una manifestación, justificadas o no, que muchos de los partidarios de la intervención militar ponen a estas horas en que Trump llegue a devolver la autodeterminación al país caribeño. «Si ellos respetan lo que Trump ha dicho, hay que acogernos a esa posibilidad«, finalizó Assab.


















