Fundadora de la marca de moda Corsicana, esta joven gijonesa desgrana detalles de su trayectoria, de las posibilidades de la ciudad y de las mejores opciones para encarar la Nochevieja

Paula Currás García se fue con dieciocho años a estudiar Arquitectura y Bellas Artes a Madrid. Volvió hace tres. Despues de trabajar como coeditora de la revista del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), la pandemia hizo que los recortes llegaran también a su actividad, así que se volvió a Gijón.
Como su trabajo se centró, en un principio, como freeland, diseñando proyectos independientes más conceptuales, para muestras bienales y trienales, su padre, el interiorista y decorador Jorge Currás, le propuso trabajar juntos y descubrir esa faceta que le faltaba: estar a pie de obra. ¿El resultado? Corsicana, su propia marca de ropa.
Sea sincera. ¿Creyeron su padre y usted que acabarían trabajando juntos?
Ni él, ni yo.
Empecemos por saber cómo surge Corsicana, su firma de moda.
Tenía ambas herramientas y me apetecía controlar todo mi trabajo, pero que fuera más corto en el tiempo, porque las obras, ya sabe, se estiran como el chicle.
Tenía inquietud.
Sí, y lo que me gusta es eso.
Una marca de ropa.
No es eso exactamente. Es un proyecto de diseño.
A su padre se le da bien diseñar muebles.
Eso es, producto. A mí se me da bien la otra pata: la pintura, el diseño…
¿Y qué significado tiene ese nombre?
Tiene poco de romántico, ya se lo digo. Cuando realizo algún proyecto, tengo una lista de nombres que me van gustando según los escucho. Los voy guardando, así que, cuando me llega algún tipo de trabajo y tengo que ponerle nombre, voy a esa lista.
No me diga más… Y empieza a jugar con los nombres.
Me sonó bonito, y así surgió Corsicana.
Pero tiene sorpresa.
Pues sí. Me puse a buscar en Google, a ver si había algo parecido, y fíjese. Es una ciudad muy pequeñita de Estados Unidos, en Texas.
¿La conoce?
Qué mejor manera de cerrar el círculo que ir allí.
¿Y?
En verano me fui. Es una ciudad mucho más bonita de lo que pensaba. Decir ciudad es un poco amable, porque es más un pueblo. Nos remite un poco al imaginario del antiguo Oeste, con una calle central toda repleta de comercios, con casas bajas…
Volviendo a su proyecto de ropa, ¿cuándo lo presentó, digamos, en sociedad?
En la Mercedes-Benz Fashion Week.
¡Menuda experiencia!
Es una experiencia que dura cinco minutos.
¿Cuántas prendas presentó?
Cuarenta looks unisex, de lo que se denomina ‘ready to wear’.
No entiendo.
Significa ‘listo para vestir’. La verdad es que eran muchas prendas, pero era la tercera y última vez que me podía presentar.
¿Y cómo puede una ‘apuntarse’ a esa experiencia?
Hay un día, el domingo, que, digamos, es para el talento emergente. Tienes que presentar un proyecto a un jurado y, si le gusta, te ofrecen la posibilidad de participar a coste cero.
Es un premio.
Además hay un posible ganador, al que le ofrecen poder hacer otra promoción de la colección en otra Fashion Week de otro lugar.
Y, cuente, llega allí y qué hace…
Pues tienes a un equipo que lo hace todo… Con los años, ya te empiezas a emocionar y montas tu propio vídeo de fondo, cómo quieres las luces… Es una pasada.
Se nota que le gusta mucho toda esa parte del montaje, del diseño, el glamour.
Es que, imagínese, es como irse de fiesta. Tiene un trabajo increíble, pero estás allí.
¿Esa aventura cuándo fue?
El pasado septiembre.
Dejemos el galmour y la moda, y ahora vamos a hablar de cómo es trabajar con su padre.
Trabajar con la familia es muy complicado y, sobre todo, si no hemos crecido de la misma manera. Dese cuenta de que yo me marché de casa con dieciocho años, y aprendí lo que me enseñaron en la Universidad Europea.
¿Las dos carreras las hizo allí?
Y a la vez. Éramos muy pocos, unos quince.
Pero me está diciendo que hizo una carrera en una clase con quince compañeros…
Hice las dos carreras a la vez, y sí, éramos más o menos ese número.
¡Qué hizo las dos carreras a la vez!
Siete años de carrera y uno de proyecto. Sí.
Pero…
Ahora ya no hay esa posiblilidad. Esa opción desapareció.
Déjeme que le diga que es usted un experimiento.
Pero funcionó muy bien, porque todas las personas que salieron, o salimos, de allí, no trabajan de arquitectos, pero somos fotógrafos, interioristas, docentes… Todos muy buenos.
Mucho perfil.
Sí, muy híbrido todo, pero muy bueno. Eso te permite tener como… Muchas vidas.
Apasionante.
Ya, pero en un momento me puse a pensar y me dije «No he construido nada normal…».
Para vivir.
Ya me apetecía acercarme a la realidad, y es un choque, ya se lo digo yo.
Y llegó el proyecto para recuperar la cafetería de La Laboral y el patio. Su padre la metió en un buen tinglado…
Pero me hizo mucha ilusión. Es una pasada. Imagínese construir ese edificio en los años sesenta.
Si pudiera, ¿qué utilidad le daría a la antigua iglesia?
Sin duda, una gran sala de exposiciones. El otro día estuve en el Centro de Arte, y es maravilloso, todo ese espacio… Estoy convencida de que, de aquí a un año, Gijón va a ser el centro de muchas cosas.
Ya que nos ponemos, le hago una pregunta que a mí me perturba. ¿Qué haría con el edificio de Tabacalera?
No he seguido el proyecto, y tampoco sé lo que tienen pensado hacer, pero de lo que estoy segura es de que tendría que sacarse un concurso internacional para dar el comisariado a quien pueda decidir y gestionar, además, por supuesto, de traer a otras personas de fuera, para que opinen sobre lo que es mejor para ese edificio. Es mi opinión.
Se la compro entera. Tuvimos que esperar a no sé quién, para que la acondicionara para los Premios Princesa de Asturias, que, por cierto me pareció una idea maravillosa.
Mire, hay gente joven con un gran talento que podría proponer cosas maravillosas para llevar a cabo en ese espacio. Siempre con una coherencia y buscando cual es la identidad de ese edificio y, por descontado, traer también para muestra lo que hay fuera de Gijón y España. Ya tenemos hasta AVE.
Centrándonos en las fechas, ¿le gustan las luces de Navidad?
No se puede dejar a barrios sin decoración. Yo buscaría la calle central de cada barrio, y allí es donde potenciaría la iluminación, además, por supuesto, del centro de la ciudad. Podría hacerse un tour de luces.
¡Uy, que buena idea! No creo que aquí lo haya…
Pues debería.
Para ir acabando, tengo cena en casa, con amigos, el día de Nochevieja. ¿Qué me pongo?
Algo muy básico, de un monocolor, muy fuerte y navideño. Por supuesto, adornarse mucho, a poder ser. Fíjese, si es en casa, póngase unos zapatos que ya no pueda sacar a la calle porque le mancan. Ese día, como va a estar en casa, póngaselos.
Otra cosa que le compro. Es más, le compraría las ideas, esa mente tan bien amueblada y, por supuesto, esa juventud. Tiene mucho que hacer. Por favor, y hágalo aquí, en Gijón.
Curioso verbo, «perturvar»…