
Con los efectos de la crisis propiciando una acusada ‘fuga’ de asturianos y una merma de la natalidad, Pelayo se atavió con madreñas para reivindicar todo el potencial de la región, de la ciudad y de sus gentes

El año que hoy ocupa estas líneas, el 2013, no auguraba nada bueno económicamente hablando.
Suzuki cerró sus puertas después de varias décadas dando trabajo a infinidad de sectores. Meses más tarde sería Tenneco la que dejaría de existir. Para colmo de los colmos, la ciudad se quedó sin Plan General de Ordenación (PGO).
La crisis que removió cimientos el año anterior provocó que muchos decidieran hacer las maletas y buscaran trabajo en otros países.
Eso afectó en gran medida a nuestra región, que fue testigo de que pueblos enteros se quedaran vacíos.
Ni escuelas, ni siquiera bares donde tomarse una pinta. Nada de nada.
Asturias se vaciaba, como el resto de España.
Los niños no se pedían a la cigüeña, así que, además de la huida en masa, no había nacimientos significativos. Un follón sin solución.
El Antroxu, protestón y reivindicativo, aprovechó este ‘problemón’ para rugir en protestas no sólo en las estrofas de las charangas, sino también en el mayor testigo de la ciudad: en nuestra estatua de Pelayo.
Los festejos coincidieron a principios del mes de febrero, tan temprano que casi acabábamos de digerir las uvas. Para añadir una ‘puntilla’ más a todo el ‘dramón’, el observatorio meteorológico de un aficionado comunicó que el acumulado, en los pocos días que llevábamos de mes, ya superaba los 195 litros por metro cuadrado.
¿Qué más podía pasar? ¿Que nos tragara un maremoto?
Eso sería moco de pavo y, pensándolo fríamente, se nos acabarían los problemas de cuajo, porque la realidad era que en aquellos momentos era complicado tragarnos tal desastre económico y social.
Menos mal que el humor ‘playu’ y las ganas de fiestas nos quita todas las penas. ¡Ya les digo yo que es así!
Fue ver al ‘grandullón’ de bronce con madreñas, para que nos diera un subidón y nos olvidáramos, aunque por unos días, del ‘temazo’ que se nos venía encima.