
Con dos churretones enrrollados alrededor de las orejas, a modo de ensaimada mallorquina, y vestido blanco lució la ‘estatuona’ en este Antroxu, año especial para los charangueros, en referencia al popular personaje de la saga ‘Star Wars’

El 2017 fue una fecha muy importante para los charangueros. Se cumplían treinta años desde que un buen número de vecinos se unían en grupos para dejar en la calle, alto y claro, las protestas de los doce meses pasados.
Recordarán que estuvieron muchos años callados, por la prohibición de celebrar las fechas que nos atañan, pero una vez que empezaron a ‘echar por esa boca’ no pararon. A día de hoy, afortunadamente, siguen dejando en ropa interior todo aquello que no les ha gustado del año, en general. Nadie está a salvo de esas lenguas viperinas y venenosas, a la par que desternillantes.
Fue el año del escándalo del ‘caso Noos’ que sentó en el banquillo a la mismísima Infanta Cristina y metió en la cárcel a su flamante y ladronzuelo marido, Iñaki Urdangarin, por aquel entonces ‘Don’ y marido. Ahora ya no es ni o uno ni lo otro. En fin.
También llegaron a nuestras costas cántabras dos sardinas siamesas, Paca y Tola, ansiosas de no dormir y dejarse las escamas en los cuatro días que dura el antroxu. ‘Probetonas’, tanto exceso de fiesta terminó con ellas. Eso sí, hasta el cielo las lloró, porque ese día cayó tal tromba de agua que tuvo que suspenderse el velatorio. A media tarde, el concurrido salía la calle a cotillear a quién habían dejado sus pertenencias.
La Plaza del Marqués fue su última morada y, cuenta la leyenda, que hasta la mismísima princesa Leia lloró a moco tendido. No es que la protagonista de Star Wars hubiera salido de una peli para disfrutar de nuestro Antroxu, no. Es que en esta ocasión a la ‘estatuona’ la enfundaron en un traje ‘divinísimo’ igual que el de ella.
Ni que decir tiene que no faltó peinarlo con esos churretones enrollados alrededor de las orejas, a modo de ensaimada mallorquina.