El tema, hecho con inteligencia artificial, es un canto contra el equipamiento, la desatención del ‘barrio alto’ y la turistificación que padece; pese a estar arrasando en las redes, la Asociación Vecinal niega su autoría, y se ignora quién lo ha compuesto
Es curioso, a la par que fascinante, que alguien generalmente asociado a la prosa, como fue el escritor danés Hans Christian Andersen -para quienes no les suene, su nombre está detrás de clásicos infantiles como ‘La sirenita’ y ‘El patito feo’, ahí es nada- , se erigiese en autor de la genial reflexión «Donde las palabras fallan, la música habla«. Bien, puede en Cimavilla, de momento, las palabras no estén logrando disuadir al Ayuntamiento gijonés de su idea de construir una grada junto a la cuesta del Cholo… Pero, quizá, la música sí lo consiga. Y eso es lo que intenta cierta canción titulada ‘Cimavilla no se vende’ y que, desde que viese la luz hace apenas dos días, está arrasando en las redes sociales. Un tema de casi cinco minutos de duración, presuntamente compuesto mediante inteligencia artificial (IA), y que, al son de rumba flamenca, afea tanto la pretensión del Gobierno municipal, como la creciente y opresiva turistificación que padece el ‘barrio alto’, y la persistente desatención que parece sufrir a manos del Ejecutivo local. Su éxito bebe tanto del ingenio de la letra, como del total desconocimiento de quién es su autor… Porque la Asociación Vecinal ‘Gigia’, no.
«Mira que es buena, pero a mí me llegó como a un vecino más… ¡Y no sé quién la hizo!«, ríe, divertido, Sergio Álvarez, presidente de la cita entidad, y uno más de ese nutrido público que está disfrutando del pintoresco himno. Una pieza en la que, con voz masculina marcada por un deje andaluz, se aúnan el ensalzamiento de las virtudes de Cimavilla, la visibilización de su historia, el reconocimiento de su importancia para el conjunto de Gijón… Y, también, lo ilógico -al menos, a juicio de los lugareños, que no del Consistorio, ni de OTEA- que es querer construir lo que se teme que será un ‘botellódromo’ en una de las zonas de la urbe más tensionadas por el ocio nocturno. Intenciones todas de las que ya dejan constancia las estrofas iniciales. «Entre el Cantábrico y el viento / nacimos junto al mar / con redes, con sidra y cuentos / que no se pueden borrar«, arranca la rumba, antes de lanzar el primer hachazo: un muy directo, a la par que lírico, «gritos rompiendo el silencio / botellas contra el portal / nuestras puertas son sus baños / nadie lo quiere mirar«.
«Adoquines que no nos maten / aceras sin traición / que no caiga más gente / por falta de atención»
No hay que esperar mucho para que ese temido nuevo equipamiento cobre protagonismo en la canción. «No queremos gradas nuevas / para la foto municipal / queremos suelo firme / para poder caminar» es la antesala de la contundente, y archiconocida, reivindicación de un mayor cuidado general por parte de la Administración municipal. «Adoquines que no nos maten / aceras sin traición / que no caiga más gente / por falta de atención«, reclaman los versos, sintetizando el hartazgo de que el ‘barrio alto’ se vea convertido en un simple polo turístico o, aún peor, en un recurso para embellecer las redes sociales. «No queremos ser parque / ni fondo para Instagram / queremos vida tranquila / para un trabajo y descansar«, continúa la letra, clamando porque, de una vez por todas, «la noche sea noche / no batalla campal / que vuelva la calma / a nuestro portal». La antesala de la despedida es otro golpe directo al rostro de la conciencia colectiva: «arreglen nuestras calles / dejadnos vivir / de este barrio el respeto / no un sitio para huir«. Y concluye verbalizando la voluntad vecinal de seguir en la brecha: «con sal en la memoria / y futuro en la voz / defendemos Cimavilla / con orgullo y con amor«.
En fin… Se esté de acuerdo, o no, con las quejas emitidas por los vecinos, no cabe duda de que ‘Cimavilla no se vende’ no tiene desperdicio… Y así lo atestiguan las decenas de reacciones que el tema acumula en las redes. Incluso hay quienes, tirando de humor, han sugerido que sea incluido en la lista de aspirantes a los próximos Grammy Latinos, y están aquellos que reclaman que suene en las próximas fiestas patronales. No obstante, el principal pensamiento ahora entre quienes defienden no solo su apartado técnico, sino también su mensaje, es… ¿Tenía razón Hans Christian Andersen, y será esta criatura musical la que, a la postre, logrará modificar los objetivos del Ayuntamiento? El tiempo lo dirá…