Madre e hijo se disponían a disfrutar de los equipamientos del parque Severo Ochoa cuando, de pronto, encontraron tres roedores roedores sobre uno de ellos; más allá de la anécdota, el barrio pide medidas eficaces para acabar con la «plaga»

No nos autoengañemos tirando de la película de Pixar ‘Ratatouille’… Hoy por hoy, con o sin razones para ello, encontrarse una rata suele ser más motivo de rechazo y asco, cuando no de puro y simple pánico, que de ternura y gracia. Y no importa lo que los roedores en cuestión estén haciendo, ya sea buscar comida en un contenedor de basura lleno, tratar de dar con un refugio entre la maleza de una calle inadecuadamente mantenida, o… ¿Jugar en unos columpios? Sí, ese último fue el curioso hallazgo que, en la tarde de ayer, hicieron una madre y su hijo menor de edad en el barrio de Pumarín. Ambos se disponían a disfrutar de los equipamientos infantiles de que dispone el parque Severo Ochoa -coloquialmente conocido como ‘URGISA’, por ser parte de una manzana construida por la empresa Urbanizadora Gijonesa, SA- cuando, de pronto, el pequeño reparó en la presencia de tres ratas que correteaban plácidamente sobre el carrusel giratorio del lugar. ¿Suena adorable? Pues, desde luego, para ambos no lo fue…
«Es un problema real, una plaga; los que vivimos en ‘Las Mil Quinientas’ las vemos cada dos por tres, incluso andando por nuestro bloques«, se queja M. A., la madre en cuestión, cuya voz de suma a las de decenas de lugareños que, de un tiempo a esta parte, alertan hasta la saciedad del malestar que provoca la presencia de tales animales. Y pocos en el barrio son tan conscientes como Roberto Devesa, presidente de la Asociación Vecinal de Pumarín y, en consecuencia, receptor de buena parte de esos enfados. «Hay muchas quejas, y hemos avisado al Ayuntamiento en varias ocasiones pero, aunque vengan a desratizar, el tema persiste«, admite, contrariado. Sin ir más lejos, en octubre del año pasado solicitó a la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente (EMULSA), a petición de los habitantes de la zona, una intervención en los patios interiores de los portales 39 a 53 de Severo Ochoa, después de «encontrar en los jardines unos agujeros enormes, que más parecían de gatos que de ratas«. Los técnicos acudieron, sí, pero poco después esas madrigueras volvieron a aparecer. Más recientemente se ha alertado de la presencia de roedores en los alrededores de la calle Río Eo, en varias vías perpendiculares «que están sin desbrozar». No sorprende, pues, la urgencia que se percibe en la voz de Devesa. «Necesitamos soluciones«, sentencia.