«La izquierda actual ha abandonado a los trabajadores para centrarse en minorías artificiales«

Con motivo de su visita a Avilés el pasado mes de mayo para presentar su último libro, El fascismo en España, Roberto Vaquero conversó con miGijón sobre su visión del país, la clase obrera y la izquierda contemporánea. Líder del Frente Obrero, defiende una propuesta política basada en la soberanía nacional, el patriotismo y el trabajo. En esta entrevista repasa sus críticas al sistema, a la Unión Europea y al modelo migratorio. Un diálogo frontal con uno de los referentes más polémicos del nuevo discurso obrerista español.
¿Qué es Frente Obrero, Roberto?
Es una organización política que surge para cubrir un espacio que no está cubierto en España, para defender posturas patrióticas pero también en defensa de los trabajadores.
Exactamente, esos principios son marxismo-leninismo.
No, nosotros en el Frente Obrero somos bastante transversales, somos bastante amplios en cuanto a concepciones de la gente que viene de determinados ámbitos, y nosotros nos definimos como patriotas revolucionarios, no como marxista-leninistas.
Perfecto, entonces es un frente que tiene como base la clase trabajadora.
Sí, eso sí.
Exactamente, vendría a ser lo que en el marxismo clásico, si me permite decir, es el sujeto revolucionario.
Sí, serían los trabajadores para nosotros.
¿Por qué un libro sobre el fascismo ahora? ¿Qué le motivó?
Bueno, yo creo que hay una desvirtuación importante del término y creo que era necesario clarificar qué es realmente el fascismo, porque ahora todo el mundo llama fascista al que es su adversario, al que no piensa como él, y creo que eso lleva a una confusión aún mayor.
Entonces, yo lo que hago es definir lo que es el fascismo y, aparte, lo hago en un contexto en el que surge el fascismo aquí en España y empieza a desarrollarse.
¿Está utilizado ese término? ¿Lo utilizan ahora? Ya sabe: fascismo, fachosfera, extrema derecha, etc. Es como una especie de mantra para anular el discurso del contrario, incluso el discurso crítico objetivo.
Sí, eso es. De hecho, es como un insulto básicamente ahora mismo. El que no piensa como yo es un fascista, un derechista… Le falta matar a Jesucristo.
¿Está utilizado por un tipo de izquierda que es la que ahora controla el sistema? Un tipo de izquierda que tiene poco que ver con la izquierda clásica. Aquella izquierda se parece poco a esta, ¿no?
No se parece en nada. De hecho, el cambio de hegemonía, para mí, se da a partir del 68, del mayo del 68 francés, y fueron colonizando las organizaciones con esta nueva ideología, que yo considero que es algo nuevo, una detrás de otra, hasta que han transformado a la izquierda.
En vez de algo que defiende los intereses de los trabajadores, pues defienden una especie de minorías difusas que realmente poco tienen que ver con los problemas que tienen los trabajadores en el día a día, ni con los intereses políticos que puedan tener a largo plazo.
Realmente, es como si a la clase obrera la hubieran aparcado, y el sujeto revolucionario ahora fuera, pues, algo que para mí es impostado, que es artificial, que es creado también en parte por ellos, que son esas minorías que, en realidad, si desde una perspectiva de clase…
Esas minorías también estarían divididas por los mismos criterios que los de clase, es decir: la gente de una minoría concreta forma parte de la clase obrera o no, o es trabajadora o no, y tiene los intereses principales de sus necesidades cubiertas si se solventa el problema por ahí.
Sin embargo, lo que hacen es enfrentar a unos y a otros para poder mantener su relato y sus beneficios económicos, en este caso como clase política parasitaria, que es en lo que se han convertido.
Para mí son defensores del capitalismo porque lo que hacen es mantener lo que hay y parasitar el Estado. Porque en casi todos los sitios terminan gobernando, y lo que hacen es parasitar y crear redes clientelares y vivir de ello.
Yo no veo que mejoren las condiciones de vida de los trabajadores por sus labores.
Es crítico con la Unión Europea, con la inmigración. ¿Todo eso tiene que ver con la construcción de un Estado nacional fuerte?
Sí.
¿Cuál es la amenaza que para usted tiene la inmigración? La inmigración ilegal, descontrolada, etc.
Bueno, no solo ilegal y descontrolada, sino masiva. El problema es la escala actual. Inmigración ha habido siempre, inmigración hay y inmigración seguirá habiendo.
No es que sea antiinmigración; no soy antiinmigración. Yo lo que estoy es en contra de que se creen guetos, de que se segregue, de que se sustituya lo de aquí, de que se bajen los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores, que se degraden sus barrios.
Yo estoy en contra de eso, estoy en contra de que se explote a los que vienen hasta la extenuación.
Yo no culpabilizo al migrante, yo culpabilizo al modelo migratorio, al sistema. Lo único que busca es que se enriquezcan unos pocos mientras se destruye el país. Y la inmigración masiva nos lleva a una pauperización de la clase obrera que creo que no debemos permitir.
Planteada la crítica, ¿cuáles serían las soluciones en un Estado nacional, español, que tuviera sentido de eso, de nación, de Estado? ¿Cuáles serían las alternativas para regular la inmigración?
En primer lugar, tenemos que recuperar nuestra soberanía, porque ahora mismo no tenemos capacidad como país de tomar las medidas que deberíamos. En segundo lugar, creo que habría que poner en valor lo nuestro, cosa que ya hace mucho tiempo que no se hace. Y luego, en tercer lugar, lo que hay que hacer es controlar las fronteras, deportar a la gente que viene de forma ilegal, entregar menos visados, porque hace años que ha venido casi un millón de personas solo en un año, nuevas.
A mí me parece demencial. Si eso se va continuando en los años, que es lo que parece que está sucediendo, es insostenible. Lo que hay que hacer es fomentar el trabajo aquí, fomentar trabajo de calidad, intentar disminuir el paro de verdad, porque hay millones de parados.
Tenemos un paro juvenil increíble, y la gente que viene tiene que venir en unas condiciones dignas, no a coger unos trabajos que nadie más quiere coger porque son inhumanos. Y yo creo que, al acabar con el efecto llamada y reducir la cantidad de visados que se dan, y reduciendo poco a poco, gradualmente, nos puede permitir salir de esta situación, implementando a la vez planes de natalidad nacional, planes en educación, también a la hora de convencer a la gente no solo de la cuestión de la natalidad, sino de la identidad nacional, de lo que somos, de querer lo nuestro.
Porque querer lo nuestro no es racismo, querer lo nuestro no es xenofobia, querer lo nuestro es un acto de amor. Está muy lejos de esos discursos de odio que nos quieren imponer, con los que nos quieren difamar algunos, de que en cuanto hablas de inmigración ya es delito de odio. Pues no, un acto de amor no es un delito de odio.
Eso tiene bastante que ver con la construcción del Estado nacional. Usted habla de defender lo nuestro. En “lo nuestro” estarían dos elementos, yo creo, importantes: la lengua y la propia cultura.
Sí, y la historia. En cuestión de la lengua hay un fraccionamiento total y absoluto: el País Vasco, Galicia, Cataluña, etc., y además se está fomentando incluso, forzando, el instalar como lenguas cosas que no son más que variantes dialectales del español, como en Andalucía.
¿Qué opina de la cuestión territorial, cultural, etc.?
Yo, en primer lugar, creo que España es diversa. Es decir, independientemente de defender la identidad de la cultura española, quiero decir que las culturas regionales también son parte de la cultura de España. Entonces, me parece bien que se conserven las lenguas, los dialectos, pero no que se impongan, porque es ridículo.
La lengua vehicular es el español; todos hablamos español. Entonces, estas guerras que se montan por política —porque no es por otra cuestión, y por dinero— me parecen absurdas.
A mí me parece estupendo que se fomente el catalán, pero no que se imponga a quien no quiere aprenderlo o quien tiene dificultad para aprenderlo. Me parece estupendo que se conserven todo tipo de gastronomía, bailes, absolutamente todo. Me parece fenomenal que se fomente y que se conserven. Pero una cosa es eso y otra cosa es que se inventen incluso idiomas artificiales.
¿Qué es lo que está pasando?
Están intentando unificar, por ejemplo, un idioma que incluso en el territorio se habla de distintas maneras.
Yo creo que lo justo es que no se elimine ninguna, pero no se le puede elevar al nivel del español porque es la lengua vehicular.
Entonces, hay sitios donde sí que la lengua cooficial es una lengua y sí que, efectivamente, puede ser cooficial, pero hay en otros sitios que eso no quiere decir que no se defienda ni se promueva.
Pero me parece que se está llevando a un nivel esperpéntico de reconstrucción de idiomas que luego hablas con la gente de los territorios que sí que habla el idioma, y lo habla de otra manera.
En Asturias precisamente hay un intento de hacer del llamado asturiano una lengua cooficial.
Va contra la diversidad y tiene un adjetivo político y, sobre todo, económico.
¿Cree que hay mucha gente que se aprovecha de ello?
Los que los fomentan, aparte de los nacionalistas, puede ser el PSOE, porque a ellos les funciona en un sitio a nivel político y dicen: bueno, pues lo traemos aquí también.
Y lo que están haciendo para mí es crear problemas en todos los sitios, porque yo no creo que en Asturias haya un problema idiomático, y al final lo van a crear ellos.
Volviendo al tema de la clase trabajadora, estará al tanto de que este año hubo un accidente en una mina que estaba haciendo una explotación ilegal cuando no tenía ese permiso, en la localidad de Cerredo, en Degaña. La izquierda en el gobierno asturiano no dio muchas facilidades a una investigación exhaustiva sobre ello. ¿Qué opina usted?
Es vergonzoso. El problema es que los sindicatos —y aquí en Asturias hay mucha tradición—, los sindicatos mayoritarios son sindicatos del gobierno, entonces es que no van a morder la mano que les da de comer.
Yo creo que es obligatoria una investigación, creo que hay que esclarecer las cosas y creo que hay que castigar a los culpables. Respecto de Asturias y otras zonas que eran industriales en España, creo que hay que volver a apostar por una reindustrialización desde el Estado y volver a crear otra vez puestos de trabajo que, además, no sean una carga para el propio Estado.
Es decir, hay que fomentar que vuelvan a desarrollarse determinadas actividades que muchas dejaron de llevarse a cabo ya no solo por la competencia internacional —que se podía haber protegido o se podía haber ayudado desde el Estado—, sino por medidas ecologistas que van en contra del mundo del trabajo.
Y creo que, sin tomar medidas para volver a reindustrializar y volver a hacer productivo en determinadas regiones, se las está condenando a ser hosteleros.
Bueno, mi abuela decía siempre que nos condenaban a ser hosteleros o prostitutas, que es una frase que sé que aquí también la dicen, porque me la dijeron ayer. Pero nos están condenando a eso, y no puede ser.
Ahí entra la Unión Europea (UE), que impulsa agendas ecologistas que están limitando —lo que estabas hablando ahora— la industria. Casos como Arcelor. ¿Ve necesario un Spanxit?
Yo creo que a medio plazo sí. Habrá que prepararlo, por supuesto, porque no puede ser de la noche a la mañana, pero yo creo que nos están robando la soberanía y nos roban también… Pues ellos nos dicen hasta lo que tenemos que producir: las cuotas, nos tienen subyugados.
Y sí, llega dinero, pero la gente que defiende este tipo de relación no se da cuenta de que es una relación de mendigo, de alguien que recibe pagas, y esa persona no puede protestar, no puede decidir. Porque encima que te están dando algo, ¿qué vas a decir?
Ese es el problema. Que no quieren países soberanos, productivos, con capacidad, sino que quieren a gente totalmente dependiente —como países también, no solo como individuos—, Y creo que o se crea una nueva UE —que visto lo visto tampoco es descartable, teniendo en cuenta que la gran alianza, que es como el Partido Socialista y el Partido Popular Europeo, están desangrándose—,
Pero si eso no es así, creo que la UE va a dinamitarse, hagamos lo que hagamos nosotros. Y creo que deberíamos buscar por nuestros intereses y no por los de los demás. Primero nosotros, y luego los demás.
Roberto viene muy fuerte,está entendiendo a la perfección los problemas que están destruyendo a Asturias y a España, además juntar el amor por nuestra patria con la lucha obrera es sinónimo de éxito,necesitamos a Roberto en el Congreso.
Parte del mensaje es comprensible, tiene sentido. Pero lo estropea todo con lo de la «soberanía» frente a Europa; el ridículo nacionalismo antieuropeo no tiene ningún sentido en un mundo con potencias como USA o China; esas naciones «soberanas» son Corea del Norte, Irán, Venezuela…meros fantoches que aparentan soberanía pero mantienen a la gente en la indigencia y en el fondo dependen igual.
Una España sin Europa sería un pelele con el 1,5% del PIB mundial, absoluta dependencia tecnológica y nula capacidad de negociación. Con una moneda vendida a especuladores y sin las leyes que nos han hecho algo decente en medio ambiente , saluda laboral, estandarización…
Lo que no va a hacer Europa es compensar las carencias de los españoles, y fuera de ella simplemente se aprovecharía de ellas al no tener intereses comunes.
Desilusión por el artículo