La cantante, actriz y escritora madrileña, rostro clave en la lucha por los derechos del colectivo LGTBIQ+, acude este viernes al camping de Deva como madrina del evento; su biografía está marcada por la discriminación y el sufrimiento, pero también por la voluntad de resistencia

Es cosa tan humana como frecuente tender a idealizar a los referentes sociales, a los modelos de conducta… A aquellos individuos que, por sus opiniones y acciones, trazan esas sendas que legiones de ciudadanos seguirán. Cada vez que se cae en un ensalzamiento así, se suele olvidar o, directamente, ignorar que dichos ejemplos no son rocas inmóviles, insensibles, capaces de resistir eternamente los violentos embates de ese mar embravecido que es la crítica y la derrota. Todo lo contrario. Detrás de cada icono, expuesto e identificable, se esconde una persona corriente, con sus fortalezas y debilidades, tan vulnerable y necesitada del abrigo de sus cercanos como cualquier otra, y capaz de padecer, sentir dolor y sufrir daño. Hoy por hoy, Rocío Saiz Madera (Madrid, 1991) es una mujer dañada. Severamente, además. Pero no vencida. Dos años después de que, por descubrir sus pechos durante un concierto en Murcia, fuese evacuada por la Policía Local, siguiendo órdenes del Gobierno municipal que preside José Ballesta, del PP, la cantante, actriz, recientemente también escritora y, más que nada, activista por los derechos del colectivo LGTBIQ+ se confiesa afectada por las muchas muestras de discriminación que lleva años soportando, y decepcionada con una industria, la musical, anquilosa y herrumbrosa, en la que no prima el grado de tolerancia y solidaridad que, ironías de la vida, predican muchas de las canciones que la nutren. Su discurso por tanto, no es optimista… Pero sí realista. Tanto como combativo. El mismo espíritu que, este mismo viernes, se propone imprimir al XIII ‘Orgullín del Norte’, del que ha sido designada por XEGA madrina, abanderada y artista invitada. Una oportunidad de oro para, desde ese privilegiado escenario que es el Camping de Deva, en Gijón, instar a sacar fuerzas de flaqueza para mantener una lucha amenazada por el avance de la extrema derecha… Y, por ello, más necesaria que nunca.
Llega al ‘Orgullín’ encumbrada como madrina y, por tanto, formando parte de un largo plantel de predecesoras, con figuras de la altura de Abril Zamora, Londra Show, Anabel Santiago… Es una pregunta de cajón, pero… ¿Cómo se siente?
Pues… Te puedo decir que es una de las fechas que más ilusión me hace, porque vienen muchísimos amigos, padres y madres, parejas heterosexuales… Es uno de los conciertos en los que más arropada voy a estar, así que me siento muy emocionada. ¡Si hasta se han apuntado al campeonato de fútbol, al de pádel…! Se ha creado una sinergia entre todos que no entiende de orientación. Y lo que vamos a hacer es disfrutar de la libertad, de la actual y de la del futuro. No sé… Tengo muchísimas ganas, la verdad. Además, voy a tocar dos veces, por lo que la gente va a acabar de mí hasta el toto.
Quizá sea atrevido plantearlo pero… ¿Conocías el ‘Orgullín’ antes de recibir la llamada de XEGA?
¡Claro que lo conocía! De hecho, fui yo quien les dije que ojalá me llamasen… No sé si sois conscientes fuera de Asturias, pero lo que tenéis ahí es súper vox populi. Habláis de ‘Orgullín’, pero ya es un orgullo gigante… ¡Esto se va a convertir en un ‘Orgullazo’!
«Odio que me reconozcan sólo por ser ‘la de Murcia’. No paro de trabajar, pero el volumen ha bajado mucho porque en la mayoría de Ayuntamientos está la derecha. Y, si estás posicionado en ciertas ideas, te quedas sin trabajo»
Bueno, no escasean quienes reparan especialmente en la parte lúdica, pero lo que realmente medular es ese componente reivindicativo… Que muchos temen que se esté volviendo cada vez más necesario, y no al revés…
Es que, si lo pensamos seriamente, no se ha conseguido tanto… Los delitos de odio han aumentado, al igual que la violencia contra el colectivo LGTBIQ+. Sí, se ha logrado que no nos arrebaten los derechos conquistados, y hemos conseguido parar las terapias de conversión pero, por ejemplo, en Valencia y en otras zonas quieren invalidar la ‘Ley Trans’. No pensemos que hay una falsa modernidad. Y, menos aún, cuando tenemos a la izquierda temblando. ¿Que hay cosas que celebrar? Sí, por supuesto, pero… ¡Podríamos dejar de celebrarlo el mismo mes! Que parece que algunas artistas, las que nos hemos implicado, sólo trabajamos en esta época del año…
Ya que menciona su faceta artística, dos años después aún sigue muy presente lo ocurrido en Murcia. De hecho, el Ayuntamiento presentó una denuncia contra usted, a la que respondió haciendo lo propio contra el Consistorio y la Policía Local de esa ciudad…
Pues sí, y tenemos el juicio el 2 de julio.
¿Cómo lleva la espera hasta entonces?
Intento hacer como que no existe, pero para mí está siendo muy desagradable. Y que, encima, me lo pongan en la semana del Orgullo me parece muy fuerte.
De todos modos, viendo quien gobierna en Murcia, y sabiendo de los precedentes en otras localidades y regiones de España controladas por la derecha… ¿Se esperaba que algo así llegase a suceder?
No, la verdad. Igual que no espero que Iggy Pop haga un concierto desnudo, y lo saquen del escenario. Tener que recurrir a la Justicia para ese tipo de cosas me parece sorprendente… Pero, sobre todo, aguantar lo que aguanté, la violencia que soporté… Odio que me reconozcan sólo por ser «la de Murcia». No paro de trabajar, pero el volumen ha bajado mucho porque en la mayoría de Ayuntamientos está la derecha. Y, si estás posicionado en ciertas ideas, te quedas sin trabajo, así que puedo decir que lo que pasó entonces me ha venido mal. Y no tiene buena pinta de cara al futuro… Pensemos, por ejemplo, en las celebraciones del Orgullo. La mayor parte de ellas, en todos los lugares, tira de autogestión, porque no hay dinero.
«No es lo mismo posicionarte cuando eres Amaral, que tiene un prestigio determinado, que cuando estás en la parte baja de la pirámide, sin ser tan conocida, ni estar tan arropada»
Bueno… Dentro de lo malo, por lo menos Eva Amaral la homenajeó, al igual que a otras artistas represaliadas, desnudando su pecho en el último Sonorama Rivera…
Fue muy bonito pero, a la vez, yo no estaba allí trabajando, cosa que me dio pena. Al final, estás poniendo el cuerpo, pero no te sale más trabajo. Y, encima… ¡Ahora la gente cree que yo imité a Amaral! Por eso ya no lo hago, porque no guardo un buen recuerdo. Y le agradezco a Amaral lo que hizo, pero también creo que a ella le pudo beneficiar, y a mí, no. Además, Amaral no tiene que pasar por un juicio, que yo sepa… No es lo mismo posicionarte cuando eres Amaral, que tiene un prestigio determinado, que cuando estás en la parte baja de la pirámide, sin ser tan conocida, ni estar tan arropada. Así que, en general, ha sido más un golpe que una alegría.
Acaba de utilizar la expresión «poniendo el cuerpo»; la misma a la que ha recurrido en reiteradas ocasiones para describir su grado de compromiso con la causa. Sin embargo, es fácil detectar cierto deje de derrotismo en sus palabras… ¿Se arrepiente, quizá, de haberlo hecho?
Ahora estoy en un periodo así. Echo la vista atrás, y… Creo que no ha servido para nada, porque ni hemos conseguido nuevos logros, ni creo que vengan detrás compañeras luchando por esto. Donde me siento más arropada es, de nuevo, en espacios autogestionados, de los que están en el margen, como el ‘Orgullín’. Además, por utilizar el ejemplo de Amaral… Ya que hizo lo que hizo, que estuvo muy bien, podría haberse sumado a otra causa…
¿A la de la situación de la industria musical, por ejemplo?
Exacto. Si unos cobran lo que cobran, y luego otros cobramos lo que cobramos… En fin. Aparte de que no hay perspectiva de género, ni personas ‘trans’, ni un cambio generacional real. Si echas un vistazo al panorama musical, comprobarás que continúan los mismo promotores, los mismos festivales… Y, en este momento, siento que he sido la persona molesta en dichos festivales cuando, en la práctica, he sido súper inclusiva. Siento que he gastado mucho dinero y tiempo en algo que no hemos podido modificar… Y estoy un poco desesperanzada por ello.
«No veo a compañeras en la cima luchar por los derechos de las bandas que están debajo; algunas afirman no tener ni para comer pero, de pronto, lo petan y, acto seguido, olvidan que vienen de un lugar sin privilegios»
¿Tan grave es?
Pongamos más ejemplos. Sacas una canción con Susy Caramelo; de pronto, dicen de ella que es una facha y, luego, por esa colaboración, que la facha eres tú. Sacas otra con Cayetana (Guillén Cuervo), que ha hecho daño a Amaia Montero, y el daño se lo has hecho tú. Cada paso que des va a ser criticado, y un error es munición para la gente que hace más ruido… Que es la que, normalmente, está a la derecha. Yo no he tenido la suerte de Rodrigo Cuevas… Igual tampoco tengo su talento. Yo tengo 34 años, estoy donde estoy y debo tomar decisiones. ¡Con todo el dinero que he invertido en la música, podría haberme comprado un piso! Y, si se argumenta recurriendo a la subvenciones, sólo diré que acabo de solicitar una para un documental sobre el Patronato de Protección a la Mujer, y que lo he hecho deprisa y corriendo porque, como cambie el Gobierno, nos quedamos sin ayudas. Pero la gente no se da cuenta de ello… De hecho, me parece curioso que la gente de derechas se refugie en el arte que hacemos los de izquierdas.
Visto lo visto, ¿se plantea colgar el micrófono y abandonar la música?
Cada día lo digo. Yo me lo pago todo, y tengo 34 años. No tengo dinero para seguir adelante con esto. Tengo un productor que es maravilloso, y tiro de los Orgullos a los que acudo, pero doy trabajo a cuatro personas estupendas y, después de seis discos, voy a sacar mi tercero como persona individual, porque sólo con las reproducciones no ganamos. En otra palabras, si no hay conciertos, no hay dinero. Y, si la derecha gobierna, no hay conciertos. Repito lo que ya dije antes: si te posicionas políticamente, te quedas sin trabajo. Y yo ya estoy un poco hecha polvo.
Sí, de acuerdo, pero… ¿Cuál es la solución? ¿Agachar la cabeza? ¿Dar la batalla por perdida? ¿Asumir la derrota?
Ahora mismo no sé contestar a eso… He buscado todo eso dentro de la industria, de veras, pero no veo a compañeras en la cima luchar por los derechos de las bandas que están debajo. Es más, veo bandas que afirman no tener ni para comer pero que, de pronto, lo petan y, acto seguido, olvidan que vienen de un lugar sin privilegios. Es muy difícil decir que no a un privilegio… No mola, y parece que no es guay. Dicho esto, no quiero ser pesimista. He podido mostrar mi arte y mi trabajo, pero gracias al público. No hace mucho alguien me dijo que la mayoría de artistas son autogestionados, y habría que ver por qué…
«A la gente de Vox le falta formación. No está ni para dar opinión, ni para hablar. Y esas personas se expresan así… Hasta que tienen un hijo maricón»
Venga, vamos allá… ¿Por qué?
Porque, al final, el dinero está repartido entre los cuatro de siempre, a los que no les interesa soltar sus privilegios. Y… Aunque sea polémico decirlo, a veces el público admira mucho a personas que no hacen nada por los demás. Luego, claro, está la parte del público… Eres un referente para las personas que están en la misma situación que tú, sí, pero, después, pongo las entradas de mis conciertos a diez euros… Y mucha gente que dice no tener dinero prefiere ir a los de 110. No sé… Por todo eso, ya no quiero ser la persona que esté ahí, señalando, peleando y sufriendo. Llega un momento en que dejas de ser un actor principal para pasar a ser secundario; pasas de protagonista a observador. Ese momento ha llegado para mí. Lo que pasa es que no ha quedado el mundo como me habría gustado. Por eso, en este momento, lo que más ilusión me hace es que vengan mis amigos a escucharme.
Vale. Todo lo anterior, de cara a la industria. Pero la cruzada por los derechos del colectivo LGTBIQ+ no se limita a ese terreno… La discriminación, en todas sus formas, puede ser combatida desde diversos frentes.
Sí, es cierto, pero también ahí hay mucho que decir. Sin ir más lejos, creo que hay muchísimas personas heterosexuales que quieren ayudar, pero a las hemos apartado desde el colectivo; estoy totalmente en contra de eso. No podemos tratar así a quien quiere ser parte. Hay muchas personas que quieren una igualdad real, porque aun ellas no saben si, algún día, tendrán una relación afectiva con alguien de su propio sexo.
Eso dígaselo a los representantes de Vox, que votaron en contra del bloqueo de las terapias de conversión… Aunque esta misma semana, en el programa ‘La Noche en 24’, el eurodiputado Jorge Buxadé no fue capaz de responder qué haría en caso de que uno de sus hijos se confesase homosexual…
A la gente de Vox le falta formación. No está ni para dar opinión, ni para hablar. Y esas personas se expresan así… Hasta que tienen un hijo maricón. No perdamos el foco de eso. Lo triste es que siguen subiendo en intención de voto y escaños. España ha caído a la quinta posición en derechos LGTBIQ+; estamos en la peor situación desde (José Luis Rodríguez) Zapatero. Y lo que pasa es que, al final, nosotros nunca hemos sido conflictivos. Nuestra forma de pedir está en lo lúdico, la fiesta, la cultura… Abrazamos, no enfrentamos. No sacamos una pistola, como hace el fascismo. Lo nuestro es tener mucha paciencia.
«Teniendo en cuenta que la ‘Q’ nos engloba a todos, porque la cultura ‘queer‘ está en constante construcción, no sé si en el PSOE tienen demasiado claro por qué la han repudiado… Y ahora no saben cómo volver a ponerla»
Bueno, en Asturias sigue viva la reivindicación de una ‘Ley LGTBIQ+’ que blinde los derechos del colectivo. A día de hoy, el Principado es la única región que carece de ella.
Es una medida de la que soy absolutamente defensora. De lo que no se habla no existe, y lo que no existe se margina. No dándonos esa protección se nos está ignorando.
¿Y qué decir de la aún irresuelta polémica que desató el rechazo del PSOE a incluir la ‘Q’ de queer en las siglas que definen al colectivo?
Teniendo en cuenta que la ‘Q’ nos engloba a todos, porque la cultura queer está en constante construcción, no sé si en el PSOE tienen demasiado claro por qué lo ha hecho. De hecho, he preguntado a conocidos que militan en ese partido, y no me saben responder. Es otro enigma, y creo que para ellos también. No saben por qué han quitado la ‘Q’… Y, ahora, no saben cómo volver a ponerla.
Retornemos al ámbito cultural. En este caso, al literario. Acaba de publicar su primer libro, ‘Que no se te note’, que ha sido descrito como un alegato «para atreverse a mostrarse tal cual una es», eludiendo superficialidades, ficciones y personajes. Si esa es, realmente, la filosofía de la obra, quizá la esperanza no se haya extinguido del todo de su ser…
Lo primero, una reflexión: un hombre puede ser director de cine, guionista, escritor… Lo que pasa es que está muy mal visto que las tías hagamos cinco cosas a la vez. Y eso, como todo, está relacionado con la pobreza. Porque, al final, nos vemos obligados a hacer cosas que no nos son propias para que nos miren y poder tener trabajo. En ese sentido, como reflejo en el libro, somos los mejores actores y actrices de nuestra vida, por la cantidad de esfuerzo que tenemos que invertir para ser otros y, así, encajar. ¡Ojo! Ese es el mensaje, pero el libro es muy divertido. Esa es mi forma de hacer activismo, el humor, porque pienso que, entre broma y broma, cae el mensaje.
«Aunque no tenga la fuerza para ponerme delante de un ‘señoro’ y que me llame «lesbiana de mierda», «gorda» o «fea», no pienso desaparecer. Y me voy a divertir… Porque es el arma más fuerte que tenemos»
Y, para humor reivindicativo… Las Chillers, el grupo musical referente del underground madrileño del que formó parte hasta su disolución, en 2020. En miGijón nos consta que hay cierto clamor a favor de un reencuentro… ¿Lo ve posible?
No lo creo. Yo era la más pequeña y, cuando tenía dieciocho años, mis compañeras (Adela, Ana, Espe, Laura y Belén) rondaban los cuarenta… Yo llegué muy fuerte, y esta gente estaba ya pensando en embarazos. De hecho, a los tres o cuatro años de empezar había un embarazo de riesgo, otras esperaba gemelos… No hay opción. No es que no quiera, pero sería muy raro. Y tampoco sé si el público lo recibiría como entonces. Ten en cuenta que nos ha copiado tanta gente… ¡Si se reían de nosotras y, ahora, todo el mundo hace versiones! El momento ha pasado.
En de Las Chillers, tal vez, pero el suyo, pese a lo sufrido, seguro que no… Por eso, ¿se ve capaz de darle un cierre optimista a esta entevista?
Pues yo diría… Que el público siga acudiendo, que yo voy a seguir divirtiéndome. Y no sé si volveré a subir al escenario, pero seguro que seguiré apoyando esta causa. No me veo estando en primera fila, porque estoy dañada, pero seguiré reivindicando, escribiendo, haciendo películas… Aunque no tenga la fuerza para ponerme delante de un ‘señoro’ y que me llame «lesbiana de mierda», «gorda» o «fea», no pienso desaparecer. Y me voy a divertir… Porque es el arma más fuerte que tenemos.