«Seguimos preservando ese comercio local, ese comercio a pie de calle que da experiencias diferentes», explica la presidenta de la Unión de Comerciantes

La defensa del comercio local como seña de identidad de Asturias, la oposición a modelos comerciales considerados “obsoletos” y el impulso a nuevas herramientas para vincular comercio y turismo son algunos de los estandartes de Sara Menéndez, presidenta de la Unión de Comerciantes del Principado de Asturias, que ha visitado la feria Fitur, celebrada estos días en Madrid.
Con la vista puesta en este 2026, Menéndez identifica como principal preocupación del sector la necesidad de preservar el comercio a pie de calle, un modelo que, según defiende, sigue siendo uno de los grandes valores diferenciales de la comunidad. “Seguimos preservando, que no protegiendo porque no somos una especie en extinción, ese comercio local que permite dar experiencias diferentes”, afirma, subrayando que Asturias mantiene un tejido comercial singular que en otras ciudades “ya se está perdiendo”.
En este sentido, la presidenta de la Unión de Comerciantes destaca que ese comercio forma parte también del atractivo global del territorio. “Asturias sigue siendo un paraíso natural no solo por nuestros ríos, por nuestras montañas o por nuestros municipios, sino también por nuestro comercio”, señala, advirtiendo del riesgo de homogeneización que ya se percibe en grandes ejes comerciales de otras comunidades, donde “da igual estar en una calle de Sevilla que en Bilbao”.
Oposición a grandes superficies fuera del marco legal
Uno de los ejes centrales de su discurso es el rechazo frontal del comercio asturiano a determinados proyectos de grandes superficies planteados fuera de las directrices regionales. Menéndez insiste en que no se trata de una cuestión ideológica, sino estrictamente legal y de modelo territorial. “El proyecto en sí es ilegal, no cumple las directrices regionales de comercio y no puede ubicarse en un polígono industrial”, afirma con rotundidad.
A su juicio, intentar justificar este tipo de iniciativas como proyectos de interés estratégico regional es un error. “No es estratégico ni a nivel tecnológico, porque no aporta investigación sobre consumo ni valor añadido, ni a nivel de empleo, porque hay empleo que destruye empleo”, sostiene, recordando que Asturias es la comunidad con mayor número de superficies comerciales por habitante de toda España, una circunstancia que explica la existencia de normas específicas para ordenar el sector.
Menéndez defiende que el comercio urbano de las ciudades y municipios asturianos “cubre cualquier necesidad de producto” y que estas grandes superficies no aportan “nada diferente ni en producto ni en servicio”, más allá de momentos muy puntuales como la campaña navideña.
Menéndez explica con un ejemplo gráfico por qué no se puede permitir que cada municipio actúe de manera unilateral al margen de la normativa. “No podemos dejar que cada alcalde decida sobre lo que hace en su territorio como si fuera de su propiedad”. En ese contexto, Menéndez ironiza: “A lo mejor también se puede poner en el Parque Isabel la Católica, una zona súper comercial, ¿no? Hacemos de eso un proyecto de interés estratégico regional y lo colocamos ahí”. Subraya que la ley debe aplicarse con los mismos criterios en todo el territorio.
“La ley es para todos, también para nuestras cadenas de distribución de tamaño mediano, que cumplen la legislación que les corresponde”, añade, mostrando su rechazo a que se pongan “alfombras rojas” a proyectos externos que no respetan el marco normativo y que, además, desplazan el consumo fuera de las ciudades.
El modelo de ciudad que se quiere preservar
Para Menéndez, este tipo de decisiones no son neutras y tienen un impacto directo en la vida urbana: “Estás atrayendo a la gente a consumir fuera de la ciudad, en detrimento de ese barrio, de esa comunidad y de ese modelo de ciudad que queremos preservar”. Un modelo que, según insiste, es precisamente el que hace atractivas a las ciudades asturianas: “Nos gustan las ciudades que tenemos en Asturias y queremos que sigan siendo esas ciudades que nos gustan”.
Comercio y turismo: nuevas herramientas para el visitante
La presencia de la Unión de Comerciantes en Fitur sirvió también para poner en valor iniciativas que refuerzan el vínculo entre comercio local y experiencia turística. Menéndez destaca la herramienta ‘Oviedo, una ciudad para comprar‘, presentada por el Ayuntamiento de Oviedo, basada en códigos QR accesibles desde tótems urbanos y hoteles, que permiten al visitante descubrir rutas comerciales temáticas —librerías, moda o dulces— adaptadas a sus intereses.
“El turista puede encontrar fácilmente qué busca y cómo llegar desde su hotel”, explica, destacando el potencial de esta herramienta para integrar el comercio en la oferta turística de la ciudad.
‘Gijón de Compras’ y la cooperación público-privada
Otro de los ejemplos destacados fue el programa “Gijón de Compras”, que Menéndez califica como “un éxito a todos los niveles”. Según detalla, la iniciativa beneficia a comerciantes, consumidores y administración local, ya que “con una aportación de un euro por parte del ayuntamiento se generan nueve euros en consumo”.
Además, pone el acento en su valor como ejemplo de cooperación público-privada, un modelo que considera imprescindible para el futuro del sector. “Creemos que es así como hay que hacer las cosas, con diálogo y colaboración”, afirma, avanzando la intención de mantener esta línea de trabajo en 2026.
Sostenibilidad, movilidad y consumo responsable
Frente a las críticas sobre el incentivo al uso del coche durante campañas como la Navidad, Menéndez defiende que el comercio local es, por definición, el modelo de consumo más sostenible: “No hay nada más sostenible que salir a la calle con un carro de la compra y no tener que desplazarse a un centro comercial”:
La media hora gratuita de aparcamiento ofrecida por la Unión tras un acuerdo con la empresa Telpark, explica, es una medida puntual para facilitar la logística de las compras navideñas, especialmente para familias con niños, y subraya que “la mayoría de la gente no hizo uso de ella” porque accedía al centro andando o en transporte público.
Digitalización, jóvenes y nuevas iniciativas
Los datos de la campaña de Navidad y de las rebajas reflejan una evolución similar a la del año anterior, aunque con una tendencia clara: el aumento de público joven en el comercio local. Menéndez atribuye este cambio al avance en la digitalización del sector, con tiendas cada vez más presentes en web, redes sociales y canales como WhatsApp.
Finalmente, destaca el impacto del Programa de Digitalización Integral del Comercio de Asturias (DICA). por su carácter presencial y personalizado, así como el éxito de las tarjetas de comercio local, que ya están siendo utilizadas por ayuntamientos y empresas como premios académicos, regalos institucionales o incentivos al consumo. Un conjunto de iniciativas que refuerzan, desde Fitur, el mensaje central de la Unión de Comerciantes del Principado de Asturias: defender el comercio local es defender un modelo de ciudad, de consumo y de territorio con identidad propia y futuro.
El comercio no necesita tutores subvencionados
Durante años se nos ha repetido que el comercio de proximidad necesita ser “ayudado”, “acompañado” y “guiado” para sobrevivir en un entorno cambiante. Sin embargo, conviene hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién ayuda realmente al comercio y quién vive de decir que lo ayuda?
En Asturias se ha consolidado un modelo en el que determinadas asociaciones, que se presentan como representantes del sector comercial, no dependen del comercio, sino de las subvenciones públicas del Principado. Su supervivencia no está ligada a que un pequeño negocio venda más, sea más competitivo o gane autonomía, sino a que el programa, la línea de ayudas o el proyecto subvencionado se renueve año tras año.
Esta dependencia no es puntual ni coyuntural: es sistémica. Cuando una organización vive estructuralmente del dinero público, su incentivo principal deja de ser resolver el problema que dice combatir. Resolverlo de verdad supondría, paradójicamente, dejar de ser necesaria.
Así aparece el intervencionismo disfrazado de apoyo. No un apoyo excepcional ante una crisis concreta, sino una tutela permanente. Se diagnostica al comercio como incapaz de decidir por sí mismo, se diseñan soluciones desde despachos técnicos y se ofrece un catálogo cerrado de herramientas, proveedores y caminos “correctos”. El comerciante ya no elige: se le conduce.
El resultado es un comercio tratado como menor de edad económico. Se le carga de burocracia, se le empuja a implantar soluciones sobredimensionadas, se le hace dependiente de intermediarios y expertos externos, y se le acostumbra a esperar la siguiente convocatoria. Mucha digitalización en el papel, pero poca mejora real en la caja.
Además, este modelo distorsiona el mercado. Las asociaciones subvencionadas actúan como pseudo-consultoras, prescribiendo soluciones financiadas con dinero público, mientras proveedores independientes, ágiles y orientados al resultado quedan fuera por no encajar en el programa de turno. No gana el mejor, gana el más alineado con la subvención.
Lo más preocupante es el círculo vicioso que se genera. El comercio sigue teniendo dificultades —como es lógico en un mercado competitivo— y eso se utiliza como prueba de que “hay que seguir ayudándolo”. Se renuevan las ayudas, se refuerzan las asociaciones intermediarias y el problema nunca se resuelve del todo. Un sistema que se alimenta de su propio fracaso.
El comercio de proximidad no necesita tutores permanentes. Necesita libertad para decidir, costes bajos, flexibilidad, herramientas simples y autonomía. Necesita menos paternalismo institucional y más respeto por su capacidad de adaptación.
Porque cuando una asociación dice representar al comercio pero vive de las subvenciones, no representa al comercio: representa al sistema que la financia. Y eso, lejos de fortalecer al sector, lo debilita.
El comercio no necesita ser dirigido. Necesita que le dejen competir.