La familia de la menor, matriculada en natación sincronizada, afirma haberse topado con la inacción del centro; la dirección lo niega y asegura estar investigando el caso, pero recalca que «no se puede actuar con precipitación» cuando está en juego el empleo de una persona

No se puede discutir que, desde que fuese fundado en 2008, la historia de Talasoponiente ha sido, cuando menos, agitada. Subidas y bajadas de demanda, varios cambios de manos, un incendio que devastó sus instalaciones en 2018… Y, ahora, recién iniciado este 2026, el centro de talasoterapia gijonés ha vuelto a situarse en el centro de la polémica. Cierta familia, cuya hija está matriculada en uno de los cursillos de natación sincronizada que allí se imparten, ha denunciado la existencia de prácticas «discriminatorias» reiteradas por parte de una de las monitoras, supuestamente como represalia por una queja previa referente a conductas anteriores de dicha docente. Un foco de indignación por sí solo, pero cuyo efecto ha aumentado después de que los familiares de la menor se hayan topado con la inacción de la dirección, contraria, afirman, a tomar medidas contra la aludida. Un punto ese último descartado por los responsables de Talasoponiente -desde 2019, en manos del grupo madrileño Forus-, quienes aseguran que sí hay una investigación en curso, pero que no se puede actuar con ligereza ante acusaciones tan graves, y cuando lo que está en juego es el futuro profesional de una persona.
Siempre según lo relatado a miGijón por los padres de la pequeña, el cartucho detonó el pasado mes de diciembre, cuando presentaron ante la directora del centro una queja contra el comportamiento de la monitora del cursillo. «Les hacia nadar de un lado para otro durante los primeros veinte minutos de clase, pero en los últimos cuarenta las niñas deambulaban libremente por la piscina, mientras ella iba a la cafetería a tomar algo, a cambiarse de ropa o a vender papeletas de lotería«, afirman los progenitores, que también refieren «faltas de respeto, elevaciones de tono y trato diferente entre niñas«. Incómodos con semejante dinámica, optaron por cambiar a su hija de franja horaria, trasladándola a otra en la que sí se practicaba natación durante toda la clase. Sin embargo, indican los padres, los efectos positivos de ese cambio duraron poco; la docente «empezó a tratar de manera diferente a nuestra hija«. Y, en este caso, ‘diferente’ abarca supuestos como «romper las aletas de la niña y llamarla mentirosa, acusándola de haberlas traído así de casa; insinuar que tiene algún trastorno, llegando a preguntarnos en noviembre si era autista, lo que no es el caso, o dejarla nadando mientras los otros menores jugaban«. De estas situaciones habría sido víctima una segunda menor, aunque este punto no ha podido ser confirmado.
«Ha sido el fruto de una venganza», denuncian los progenitores de la niña afectada
Hartos de dicha dinámica, que describen como «humillante» para su hija y «fruto de una venganza«, los progenitores protestaron hace dos meses, pero la respuesta que encontraron no fue la esperada. «La directora se negó a tomar medidas inmediatas, alegando que no van a cambiar a la monitora a mitad de curso, ni a despedirla, pues una familia la semana anterior quería apuntar a su hijo con ella«, lamentan, indignados, los padres de la presunta afectada. Más aún, la directora de Talasoponiente habría argumentado que la monitora «tiene problemas familiares«, por lo que una acción disciplinaria contra ella podría acrecentar lo delicado de tal situación personal. Ni qué decir tiene que nada de lo anterior convenció a la familia de la alumna afectada, que ve «totalmente inaceptable tolerar este tipo de tratos, especialmente a niños, y que se anteponga la comodidad del centro a la protección y el bienestar de los menores y del resto de personas». Tanto es así que ya se han iniciado las reclamaciones correspondientes, recurriendo para ello a las vías oficiales que el grupo Forus y los organismos de defensa del consumidor prevén para ello.
Claro, que en el centro de talasoterapia gijonés también tienen su versión de los hechos… Y pone en tela de juicio algunas de las aseveraciones hechas por los padres de la alumna. Consultada por este diario acerca de los incidentes, la directora de Talasoponiente ha acotado que «se trata de una única familia», no de dos, y que desde el primer momento «trasladamos nuestras disculpas, explicando que el caso estaba siendo atendido». Un aspecto, ese último, crucial para el equipo directivo, pues «en ningún caso el asunto se ha dado por cerrado; únicamente se solicitó un margen de tiempo para poder hablar nuevamente con la trabajadora y recabar toda la información necesaria«. A ese respecto, en el centro confirman que la profesional «atraviesa una situación familiar delicada«, y que «ya se aplicaron las medidas correctoras oportunas» cuando se tuvo conocimiento de los primeros incidentes. Pero, independientemente de dicho detalle, opinan que, ante acusaciones de tal envergadura, «no es responsable, ni justo, tomar decisiones basadas solo en una de las partes, ni adoptar represalias inmediatas, al estar hablando de un puesto de trabajo y de una persona concreta«.
«No podemos retirar a la monitora sin haber hecho comprobaciones», se defiende el centro
De ahí que, en última instancia, la directora del centro ruegue a los padres de la menor paciencia y, sobre todo, comprensión. «No podemos proceder de esa manera, ni gestionar la incidencia en los términos solicitados, como sería retirar de forma inmediata a la monitora, sin haber realizado previamente las comprobaciones oportunas«, ahonda la aludida. Y, aunque «en Forus Talasoponiente comprendemos perfectamente que puedan sentirse enfadados, y deseen una solución rápida», concluye pidiendo encarecidamente «que se nos permita gestionar este asunto en el momento en que sea posible, con la calma y el tiempo necesarios para hacerlo de manera adecuada«.