Trinidad Fernández Menéndez y Guillermo Álvarez Pérez adquirieron en 1990 el local que ocupaba el Bar Espina para adecuarlo y abrir Sonilux, tienda de iluminación y material eléctrico que con el fin del año cerró sus puertas, aunque todavía tiene stock en venta a la espera de un futuro nuevo para el negocio

El 29 de diciembre bajó su persiana por última vez Sonilux, comercio situado en la avenida Príncipe de Asturias, en Cuatro Caminos, dedicado a la iluminación y material eléctrico que, en un principio, tal como se desprende de su nombre, también trabajaba temas de sonido. Trinidad Fernández Menéndez se jubilaba siguiendo el camino de su compañero Guillermo Álvarez Pérez y emprenden ahora una etapa nueva de la vida juntos.
Va hacer 35 años cuando ambos dieron el paso de comprar el local donde estaba el Bar Espina, en El Natahoyo. «Eran tiempos difíciles y en aquel momento fui uno de los que fueron al paro. Había 3 millones de parados en el país, muchos conflictos en los astilleros y no eran buenos tiempos. Fue un poco a la aventura, era algo que conocía, pero para Trini fue más difícil porque no sabía de material eléctrico y tuvo que ir poco a poco», recuerda Álvarez Pérez. Dedicaron unos meses a acondicionar el local y en julio abría sus puertas Sonilux.

«Nos dio fuerzas que enseguida la gente fue amable con nosotros. Nos compraba y nos dejaban avisos para hacer trabajos», sigue sobre unos tiempos en los que la lucha por sacar adelante el negocio coincidió con la crianza de un hijo pequeño. «A nivel particular era gente de La Calzada, El Natahoyo y El Cerilleru, y también que venía de fuera, de Candás y de Luanco», a lo que Fernández Ménendez completa «de todo Gijón, pero sobre todo de la zona».
En Sonilux se encontraba «todo tipo de material que se utiliza para instalaciones de las viviendas, desde un enchufe a una llave, cable, automáticos, lámparas… Hubo una época que se hacía muchas reformas, de cocinas, y se trabajaba con gente que se dedicaba a ello y nos compraba material para instalarlo», explica él. «Y también teníamos servicio de instalador, reparaciones de viviendas, comunidades, locales comerciales o garaje, y mantenimiento durante todos estos años», añade ella. «Trabajábamos con varios administradores, que nos suministraban mucho trabajo», amplían.
De 1995 al 2006, la mejor época
Los primeros años no fueron fáciles, pero «la cosa empezó a funcionar y hubo años realmente buenos; desde el 95 o 96 al 2005 o 2006 fueron años muy buenos», asegura Álvarez Pérez. «Nuestra prioridad y nuestro lema fue siempre dar el mejor servicio, posiblemente no siempre fue posible, por las circunstancias, problemas de salud, familiares, etc., pero nos diferenciamos por el servicio, por el estar de cara al cliente y ser las mismas personas; la confianza que ofrece eso, que los productos sean de calidad; y si algo no va bien, ahí estamos para hacernos cargos de ello», destaca Fernández Menéndez.
Pero también «hubo que ir reciclándose». «Durante algún tiempo con las lámparas que se vendían era casi suficiente, luego hubo que ampliar a calefacciones, la domótica… Con la aparición de las grandes superficies es cierto que la venta aflojó un poco, pero gran parte de los ingresos venían de los trabajos, la domótica en las comunidades, etc.», apunta al respecto.
El momento en el que se colgó hace unos meses en el escaparate un papel de agradecimiento a sus clientes junto con el de ‘Se alquila por jubilación’ y ‘Se traspasa’ fue un no parar de visitas por la tienda. «Estamos muy agradecidos de los clientes, de varias generaciones, que nos están demostrando cariño y afecto», confirma la propietaria, mientas que su compañero apunta que «por aquí venían los padres a encargarnos trabajos o comprarnos cosas, y luego traían a los hijos o incluso nietos».
35 años «satisfactorios»
Al hacer un balance de estos 35 años coinciden en afirmar que «fueron satisfactorios. Es verdad que nos tuvimos que esforzar, sobre todo al principio, pero la gente respondió bien. Estamos muy agradecidos y contentos de lo que logramos y del trabajo que hicimos». Sobre el futuro del local, abierto a cualquier giro, sigue en el aire pese a alguna entrevista realizada, pero Fernández Menéndez comenta que «sería bueno para alguien que sea electricista, que conozca el tema, y continúe con lo mismo, porque no empezaría de cero y contaría con una buena clientela».
De momento, la tienda dispone todavía de stock. «Tenemos unos pedidos que vamos a sacar y estamos dejando ya todo prácticamente ventilado. Hay un teléfono que está en el escaparate (684.612.535) y si alguien está interesado en alguno de los artículos que aún quedan, nos acercamos al local», anuncian.