«El punto en el que estamos no hubiera sido posible sin Susana, que asumió la intermediación real del conflicto frente a la SAREB, algo que veníamos reclamando desde hacía meses y por lo que nos sentíamos, en alguna manera, huérfanos respecto a las Administraciones»

La entrada de 2026 abre las puertas, como viene siendo costumbre, a la posibilidad de enfrentar nuevos retos, asumir diferentes propósitos y dar nuevos comienzos.
Esta llegada de año no viene sola, pues viene cargada de un revuelo a nivel mundial que, todo sea dicho, a nadie deja indiferente.
El panorama es un mar de dudas en el que flotan las ausencias de respuestas.
Esta misma semana conocía de manera repentina y sorpresiva el cese de Susana González como gerente de VIPASA. Una noticia así, más aun cuando las negociaciones en Río Piloña con la SAREB están en su punto más álgido, chocaba aun más.
Hablar de estas negociaciones y del punto en el que se encuentra la situación en Río Piloña sin mencionar el papel de Susana como gerente de VIPASA es, de todo punto, un error.
Estos avances se deben también, en gran parte, al papel que Susana venía ejerciendo desde hace unos meses. Y lo sé de primera mano.
El punto en el que estamos no hubiera sido posible sin Susana, que asumió la intermediación real del conflicto frente a la SAREB, algo que veníamos reclamando desde hacía meses y por lo que nos sentíamos, en alguna manera, huérfanos respecto a las Administraciones.
Desde su intermediación pudo asumir las palabras del Ejecutivo autonómico y sus promesas. Se comprometió a acompañar a cada familia, procuró conocerlas individualmente y hacer hincapié en aquellas más vulnerables.
Este conflicto se ha venido labrando gracias, también, al perfil humano de Susana. Su disponibilidad absoluta nos demostró en repetidas ocasiones que ella tenía el mismo interés que nosotros en solucionar este conflicto para el mayor bienestar de las familias. No puedo evitar mencionar las continuas llamadas, donde no importaba día y hora con tal de avanzar en la resolución del conflicto. Plantear una reunión en el bloque un sábado aleatorio a las 9 de la mañana no era nada descabellado.
Por esa misma razón, ante lo expuesto, es fundamental reivindicar el perfil humano de la gente que está en las Administraciones en contacto con casos de esta trascendencia.
VIPASA debe tener un perfil técnico, evidentemente, pero no uno exento del lado humano. Sólo así, con esa preocupación que conocemos real, se puede acompañar verdaderamente a las familias, sintiendo que tienen en las Administraciones a un acompañante en el proceso, no a un mero enemigo.
Ahora que 2026 empieza con el cese de la actividad de Susana González en VIPASA, sólo podemos pedir que quien le suceda en la labor no olvide que también hay un lado humano que, ante la vulnerabilidad, es más necesario que nunca. Así pues, que siga un camino semejante de interlocución y preocupación.
Espero que estas pequeñas líneas, en definitiva, sirvan no sólo para compensar los dolores de cabeza que, a mi parecer justos y correctos, le dimos a Susana en este año de conflicto, sino también para reconocer la buena labor que hizo en estos últimos meses implicándose activamente. Es justo reconocérselo.