Luis Laría (CEPESMA) denuncia la falta de humanidad en la gestión de accidentes con fauna silvestre

El atropello de un corzo ocurrido el pasado jueves en una carretera asturiana ha reabierto el debate sobre los protocolos de actuación y la sensibilidad institucional ante los accidentes que afectan a la fauna silvestre. El animal, una corza joven de más de dos años, murió finalmente el viernes, tras pasar sus últimas horas bajo el cuidado del Centro de Estudios y Protección de Especies Marinas (CEPESMA), que asumió su recogida ante la falta de respuesta efectiva por parte de los organismos competentes.
Según relata el presidente de CEPESMA, Luis Laría, fue una conductora quien dio el aviso tras el accidente, visiblemente afectada por la situación. “Lo primero que le dije fue que llamase al 112, que es el protocolo cuando hay una incidencia de estas características”, explica. Desde el servicio de emergencias se derivó la llamada a la Guardería de Medio Ambiente, que a su vez puso en contacto a la mujer con un guarda del coto de caza de la zona.
La respuesta, denuncia Laría, fue “absolutamente insensible”. “A una chica con un disgusto tremendo le dicen que no lo van a recoger y que lo tire al monte. Estamos en 2025, esto no es el medievo”, lamenta. Ante esta situación, y encontrándose él mismo en León, decidió desplazarse hasta el lugar de los hechos para hacerse cargo del animal. “Si nadie lo recogía, íbamos a hacerlo nosotros”, señala.
El corzo fue trasladado a Luarca ya avanzada la tarde. Presentaba lesiones graves, especialmente en los cuartos traseros, sin movilidad, un cuadro habitual en atropellos de esta especie. “Son muy sensibles a los impactos y, cuando hay una lesión vertebral, la atrofia es absoluta. En esos casos, la recuperación es extremadamente rara”, explica Laría. Aun así, desde CEPESMA se intentó su recuperación, al detectar inicialmente alguna respuesta a estímulos. Sin embargo, al día siguiente el animal comenzó a expulsar sangre por la boca, signo de graves lesiones internas, y terminó falleciendo. “Al menos pudimos cerrar el proceso para que no tuviese dolor”, subraya.
Desde CEPESMA insisten en que no se trata de un caso aislado. “En especies cinegéticas, que no son protegidas, en la inmensa mayoría de las ocasiones no se recogen”, afirma su presidente, que reconoce entender la voluntad de la administración de minimizar costes, pero reclama un cambio de enfoque. “La muerte, tanto en un ser humano como en un animal, debe tener dignidad. Si no somos dignos con los animales, somos indignos para nosotros mismos”.
Por su parte, la Consejería de Medio Rural ha recordado que el protocolo establece que el aviso debe realizarse a través del 112, que lo traslada a los agentes medioambientales del Principado. En el caso de que el atropello se produzca en una zona de coto, añaden, “debería ser el propio coto quien recogiese al animal y lo trasladase al Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre de Sobrescobio”.
Desde CEPESMA confían en que este caso sirva para revisar procedimientos y evitar que situaciones similares vuelvan a repetirse. “Ante cualquier animal herido hay que intentar hacer todo lo posible por él”, concluye Laría.