El suceso no pasó de un susto, pero los vecinos temen que pueda tratarse de una represalia por la denuncia en este medio de la pelea ocurrida allí el pasado viernes; el hecho fue puesto en conocimiento del 091, pero los autores se dieron a la fuga

Ya se decía, en el articulo publicado este mismo lunes, que la travesía Alcalá, encajonada en una de las manzanas que flanquean la calle Eleuterio Quintanilla, en El Llano, era una gran desconocida. En buena medida, dejó de serlo ese mismo día, después de que miGijón informase -vídeo mediante- de la multitudinaria pelea que varios menores protagonizaron allí el pasado viernes, la última de una larga serie de conductas incívicas a cargo de grupos de jóvenes; muchos de ellos, alumnos de alguno de los tres institutos de la zona. Y ayer miércoles dicha arteria volvió a acaparar la atención vecinal… De nuevo, para mal. Pasadas las dos y media de la tarde, al término de la actividad lectiva en los centros cercanos, tres adolescentes accedieron al callejón y la emprendieron a golpes contra una de las viviendas para, poco después, darse a la fuga, temerosos -en palabras de ellos mismos, escuchadas por los testigos- de las «cámaras» que podría haber desplegadas allí. Una acción que no pasaría de una chiquillada, de no ser porque los lugareños sospechan que puede ser una represalia por informar de aquella masiva reyerta del viernes. Y temen que no sea la última.
«Entraron en la travesía mientras, desde fuera, otros críos les animaban», relata un observador -anónimo, por prudencia-, que presenció desde su domicilio la secuencia de acontecimientos. Una vez alcanzado su objetivo, «una casa en la que vive una familia con hijos», los menores «empezaron a gritar que alguien de los de dentro era un cagón de mierda»; incluso uno de ellos -aquel que, en la fotografía superior, viste una sudadera de color azul- «comenzó a dar patadas y puñetazos». Fue cuestión de unos pocos instantes, claro; ya fuese porque vio algo sospechoso, o por pura y simple paranoia, uno de los implicados dio la voz de alarma ante posibles grabaciones indiscretas, y el trío echó a correr de regreso a Eleuterio Quintanilla. Que se sepa, al menos una vecina llamó a la Policía Nacional para dar aviso de lo ocurrido; «me dijeron que nos les daría tiempo a llegar, pero que lo dejarían registrado», apunta la aludida. La esperanza es que, taza a taza, aviso tras aviso, «se acabe tomando alguna medida preventiva para disuadirles. De momento, no pasa de una molestia, pero puede llegar a convertirse en un sinvivir si, como tememos, se trata de una venganza».