
Que el color político no esté por encima de los ciudadanos y de los compromisos que se adquieren con ellos. Asturias lo merece. Los asturianos lo merecemos

I have a dream (Tengo un sueño). Esta famosa frase fue pronunciada por Martin Luther King en 1963, en el contexto de las grandes desigualdades en derechos civiles que había en EE. UU. respecto a la población de color. En su alocución a la multitud reclamaba el “pago del pagaré” que los padres de la Declaración de Independencia habían firmado y del que cada americano era heredero: una deuda con la libertad. Es decir, todo ciudadano de un Estado democrático con una Constitución aprobada tiene pleno derecho a exigir que se cumpla lo firmado, que, si bien en este caso se refería a la igualdad de los hombres independientemente del color de su piel.
En el caso de nuestra querida Asturias podemos decir, afortunadamente, que el tema del color de la piel está superado. Sí, los asturianos no somos racistas; algún desalmado hay, pero poca cosa. Sin embargo, distinto ocurre con las discriminaciones por “el color político”. Estamos en una sociedad cada vez más polarizada y necia. Nadie quiere dar su brazo a torcer.
Los diputados y senadores asturianos, tanto autonómicos como nacionales, han firmado dos contratos como representantes de los ciudadanos: uno aceptando la Constitución o el Estatuto de Autonomía y otro, a través del programa electoral, que se comprometen a cumplir. Contratos que firman directamente con los ciudadanos y no con sus partidos políticos ni con otro tipo de intermediarios.
En la actualidad, Asturias tiene siete diputados en el Congreso de los Diputados, por lo que estamos a la altura de ERC, Junts, PNV y Bildu, aunque hemos visto que, a igual número, distinto resultado. Todos han firmado los mismos contratos con los ciudadanos, acatando la Constitución y prometiendo cumplir su programa, y, sin embargo, la diferencia de resultados de esos partidos en cuanto a consecución de objetivos frente a los asturianos es desalentadora. Temas como el peaje del Huerna, compromiso de todos los programas políticos, no han sido capaces de aunar y poner de relieve esos siete escaños en el arco parlamentario. Y, sin embargo, en asuntos como la amnistía catalana, que no estaba escrita en el programa electoral de ningún partido político, excepto ERC y Junts, algunos diputados asturianos han sentido la necesidad de apoyarla de forma unilateral, sin consultar a la otra parte contractual, que es el ciudadano.
En el ámbito del Derecho Mercantil, Laboral o Civil, todos los contratos suelen describir las penalizaciones en caso de incumplimiento. En el ámbito político, la única penalización por incumplimiento que nos queda es el castigo en las urnas, eso sí, esperando para ello hasta cuatro años.
La semana pasada hemos visto en Estados Unidos cómo cinco senadores republicanos se unieron a los demócratas para evitar que su presidente, de su mismo color político, sobrepasara los poderes que tiene designados por ley. Vamos, que en realidad le mostraron que, por muy presidente de EE. UU. que sea, ellos se deben al compromiso con las leyes y con sus votantes.
Yo tengo un sueño muy simple. Mucho más simple que el de Martin L. K.: que el color político no esté por encima de los ciudadanos y de los compromisos que se adquieren con ellos. Asturias lo merece. Los asturianos lo merecemos.