Pioneros de la hamburguesa gourmet en la ciudad, siguen innovando esta Navidad con nuevas propuestas

En una ciudad donde la gastronomía forma parte de la identidad, hay proyectos que crecen apoyados en el trabajo constante y en una idea clara de lo que quieren ofrecer. Pikiti Burger es uno de ellos. La hamburguesería, con raíces venezolanas y corazón gijonés, afronta la campaña de Navidad respaldada por casi veinte años de experiencia, una gestión familiar y una apuesta decidida por el producto bien tratado y sin artificios innecesarios.
Pikiti Burger no es un proyecto improvisado. Su origen se remonta a 2007, en Maracay (Venezuela), donde la familia Naranjo comenzó a trabajar el concepto de hamburguesa desde el street food. Años después, el proyecto cruzó el Atlántico para asentarse en Gijón, donde ya suma seis años de trayectoria y encara el séptimo. “La experiencia habla muchísimo de nuestro producto”, subraya Asdrúbal, quien comparte la gestión del negocio con su hermana Carla y su padre, también llamado Asdrúbal.
“Fuimos de los primeros aquí en hacer una hamburguesa gourmet”, recalca. Una filosofía que se mantiene intacta y que se refleja tanto en la carta como en la manera de entender el negocio.
La evolución del proyecto ha sido constante. “Con el paso del tiempo vimos que a la gente le gustaba innovar”, explican desde el restaurante. Sin embargo, esa innovación nunca ha ido en detrimento de la sencillez. “Aunque siempre atraiga la novedad, la gente prefiere pocos ingredientes pero de calidad”, defienden. Una idea que ha encajado especialmente bien en Asturias, donde tradición e innovación conviven con naturalidad. “Siempre es posible esa sinergia. Hay muchas personas que nos agradecen poner un poco de cultura asturiana en nuestros platos”, añaden.
Esta Navidad, la gran protagonista en Pikiti Burger tiene nombre propio: PORKY 2.0. Se trata de una hamburguesa de cerdo que apuesta por la cocción lenta y el respeto al producto. “Es con pernil, con la pata de cerdo, que se cocina durante cuatro horas y media”, detalla Naranjo. El resultado es un cerdo desmenuzado extremadamente jugoso, elaborado íntegramente en el propio local. “Lo hacemos nosotros mismos, es muy tedioso… pero vale la pena”, bromea.

Queso fundido, pan resistente y una textura que invita a disfrutar sin prisas completan una propuesta pensada para los meses fríos y para el espíritu de las fiestas. “Es una hamburguesa que a la gente le está gustando mucho”, afirma. La carta de Pikiti Burger refuerza esa idea de cocina reconocible y bien trabajada, con hamburguesas que ya se han convertido en habituales para muchos clientes y, sobre todo, producto de proximidad. Propuestas como A cecina, con carne de ternera asturiana, cecina, rulo de cabra y mermelada de manzana; la Cheeseleader, pensada para los amantes del queso fundido y el bacon ahumado; o la Baconqueso, un clásico reinterpretado con pollo frito, cheddar fundido y bacon crujiente, conviven con opciones más contundentes como La Gringa, con doble carne de ternera asturiana, o La Carajita, que combina ternera asturiana y bacon caramelizado casero. Sin olvidar la Hot Boss, una de las más atrevidas de la carta, donde el picante y el queso Monterrey Jack aportan carácter a una hamburguesa pensada para quienes buscan algo diferente.
Mientras el futuro se va construyendo paso a paso, sin prisas ni anuncios prematuros, Pikiti Burger afronta estas Navidades con la tranquilidad de quien sabe que el camino recorrido avala el presente. Una historia de familia, constancia y sabor que, en estas fechas, sabe aún mejor.