Nueve meses después del encarcelamiento de las sindicalistas, que gozan del tercer grado desde el 18 de julio, su puesta en libertad total será refrendada mañana por el Consejo de Ministros; «el sindicalismo no es un delito», ha clamado Yolanda Díaz

«Victoria». Con exclamaciones, si se prefiere… «¡Victoria!». La palabra, quintaesencia del éxito en cualquier aventura, es la que más, y con más fuerza, resuena hoy entre los miles de ciudadanos solidarizados con la causa de ‘Les 6 de La Suiza’, la media docena de sindicalistas procesadas, condenadas y encarceladas por defender los derechos de cierta trabajadora de la pastelería gijonesa del mismo nombre, allá por 2016. Tal como ha trascendido este lunes, el Consejo de Ministros aprobará mañana martes el largamente solicitado y peleado indulto, atendiendo de ese modo la petición formulada desde el Ministerio de Trabajo, y dando cumplimiento a ese clamor popular que ha resonado desde Asturias hasta Madrid. Y es un triunfo indiscutible, cierto, aunque los más cercanos a las afectadas no dejan de recordar un aspecto menos halagüeño del caso: que nada de todo esto debería haber ocurrido.
«No debieron entrar nunca; fue una injusticia desde el principio», destacan hoy los integrantes del grupo ‘Sofitu a Les 6 de La Suiza’, abanderado de este duro combate que se ha desarrollado tanto en las calles, como en los despachos políticos y en los espacios judiciales. Es la conciencia de ello lo que les lleva a reconocer que, si bien «en el plano individual es un momento de enhorabuena», si la cuestión se analiza desde un prisma colectivo «la situación sigue siendo grave: continúa abierta la criminalización de la protesta y, en concreto, de la acción sindical, por culpa de las sentencias de distintos tribunales». A ese respecto, conviene recordar que fue la ratificación, por parte del Tribunal Supremo, de la sentencia condenatoria emitida inicialmente por un tribunal gijonés el que posibilitó que, el pasado 10 de julio, las cinco mujeres y el hombre sentenciados a tres años y medio de prisión ingresasen en el Centro de Inserción Social (CIS) ‘El Urriellu’. Pocos días después, el 18, se les concedió el tercer grado, pasando a estar en régimen de semilibertad.

Ni siquiera esa concesión acalló las protestas y reclamaciones sociales, basadas en la conciencia de que se trataba a todas luces de una condena «desproporcionada», y de un «ataque flagrante contra el ejercicio del sindicalismo». No obstante el movimiento, que hizo del naranja y del negro sus colores identificativos, no tardó en hallar aliados poderosos, pues tanto el Gobierno autonómico como el de la nación se alinearon con su causa. De hecho, fue la propia ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quien prometió navegar contra viento y marea hasta lograr el indulto. De ahí que, este lunes, Díaz celebrase la buena nueva recordando, a través de su cuenta en la red social BlueSky, que «lo hemos peleado durante meses, y lo hemos conseguido: el indulto a ‘Las 6 de La Suiza’ ya está aquí». En fin, un triunfo cuyo poso de amargura por el halo de injusticia que aún retiene no diluye la idea fuerza del caso, que la titular nacional de Trabajo también a recordado hoy: que «el sindicalismo no es un delito. Defender los derechos laborales es un orgullo».