La imprudencia fue inmortalizada por un transeúnte, al que llamó la atención lo peligroso del emplazamiento elegido; vecinos del barrio confirman que no es inusual que personas se arriesguen a saltar el vallado para tomar fotos o vídeos
Suele decirse que, en pequeñas y muy ajustadas dosis, un poco de riesgo contribuye a aportar sabor a la aventura de la vida. Insistamos: un poco. Porque la frontera entre el valor y la temeridad es, a menudo, difusa, y no es raro pasarse de frenada y acabar protagonizando hechos de los que, con un poco de mala suerte, uno podría llegar a arrepentirse. Siendo así, está claro que la protagonista de esta noticia cruzó esa frontera… Y con mucho. En la tarde de ayer domingo, alrededor de las 17.40 horas, cierta joven no identificada subió hasta la base de la batería baja de Cimavilla, a la altura del Fuerte Viejo, saltó el vallado y se acercó al borde del precipicio… Para, una vez allí, ponerse a bailar mientras una amiga la grababa, muy probablemente, con la idea de subir el vídeo resultante a sus redes sociales. El momento fue captado por un transeúnte que ascendía al cerro de Santa Catalina en ese momento, y que, como otros lugareños, no salía de su estupor. Y no, no se trató de una inocentada.
«Ya ves qué loca…«, se escucha decir al autor de la grabación, que la ha hecho llegar a miGijón a través de Instagram. Y lo cierto es que esa palabra, ‘loca’, tal vez resulte excesiva… Pero es fácil que acuda a la mente, a tenor de lo imprudente del hecho. No obstante, de justicia es decir que no es la primera vez que algo así ocurre. Vecinos de Cimavilla, así como usuarios habituales del skatepark situado en la batería baja, afirman que no es del todo extraño ver a personas, habitualmente jóvenes, franquear la barandilla e internarse por las rocas hasta el borde, llegando, incluso, a colocarse sobre la plataforma de hormigón, hoy en ruinas, por la que antaño circulaban las vagonetas de las antiguas fábricas conserveras, y desde la que los restos no aprovechables se arrojaban al mar. De ahí que la petición colectiva sea clara: mejores sistemas de seguridad, más concienciación… Y, sobre todo, un poco de sentido común.