El PSOE recordó al partido de ultraderecha los ataques contra la libertad de expresión y de creación que han cometido en los ayuntamientos que gobiernan

Cuando Vox censuró la representación teatral de Orlando, en Valdemorillo (Madrid), en junio de 2023, repitió el patrón que la dictadura franquista ejecutó, en julio de 1944, al prohibir la distribución de mil ejemplares de la obra de teatro de Virginia Woolf, que habían sido importados desde Argentina. No fue hasta el año 1978 cuando la obra se publicó sin censura. La homosexualidad, la sexualidad femenina y la artificialidad de los papeles asignados por el género fueron demasiado para la inquisición franquista. Y, ochenta años después, también para el partido de ultraderecha que gobernaba en la localidad madrileña. “Que la cultura vuelva al pueblo, a la sociedad y que los políticos quitemos nuestras sucias manos de la creación artística”, despidió Javier Jové en su intervención este martes, durante la Comisión de Cultura de la Junta del Principado de Asturias, mientras se vestía con las galas de la defensa de la libertad de expresión y de creación. “Sucias estarán las suyas”, le respondió sin miramientos Ricardo Fernández Rodríguez (PSOE), para recordarle que, bajo la retahíla liberal con la que se había engalanado, Vox ya ha silenciado la libertad creativa de la compañía dirigida por Pablo Huetos.
No ha sido el único caso de ataques a la libertad ejecutados por el partido verde, en Burriana (Castellón) prohibieron la compra para bibliotecas de las películas Barbie y 20.000 especies de abejas, porque contenía “feminismo” y una “marcada ideología”. El partido ultra también registró, en septiembre de 2025, en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para intervenir en los materiales escolares y vetar los libros de texto que fueran “adoctrinamiento ideológico”.
Jové aprovechó una proposición no de ley del PP, para esbozar lo que ocurriría en el sector cultural si se diera el caso de su gobierno en el Principado. “Nosotros no somos partidarios del dirigismo cultural, ni de las políticas culturales. Las políticas culturales hacen que la cultura deje de ser cultura y se convierta en propaganda, que sea mero activismo político, y que los artistas dejen de ser artistas para convertirse en mercenarios del Gobierno”, y para justificar su posición, se apoyó en unas declaraciones realizadas por el director de cine Juanma Bajo Ulloa. «Apostamos por la democratización de la cultura, por los patrocinios y el mecenazgo, y por bajadas radicales y brutales de los impuestos”, explicó Jové cuya privilegiada situación económica personal ha sido cuestionada esta semana por otros diputados. “Nuestra política en cultura es antipolítica, porque lo fundamental es despolitizar la cultura”, finalizó su arenga.
José Luis Costillas (PP) abrió el debate de las políticas culturales con una proposición no de ley, para instar al Gobierno del Principado realizar una reordenación del sector público cultural. Según su parecer, el sector público cultural asturiano vive una situación de “descontrol y desorganización”. “Lo pensamos nosotros y mucha gente más”, aseguró para hacer referencia a unos informes de la Inspección General de Servicios. “El sector público maneja más de 40 millones de euros y lo hace con total autonomía”, expuso el diputado como crítica al sector público. La proposición fue rechazada por 10 votos en contra y 9 a favor, no sin antes recibir las críticas del diputado del PSOE: “Debería caérsele la cara de vergüenza por venir aquí con una proposición no de ley, que es una copia literal de la página 52 del informe del OSPA, y es de una inconcreción absoluta. No ha trabajado nada y ha plagiado para exponerlo aquí como aportación propia. Su idea de reordenación del sector cultural es copiar de 140 páginas tres párrafos de un informe”, sentenció Ricardo Fernández Rodríguez.