La actriz recuerda su matrimonio con el torero, reconoce que nunca ha dejado de quererlo y revela qué espera de una futura pareja

La actriz y modelo gijonesa Blanca Romero ha sorprendido con una de sus publicaciones más personales y emotivas en redes sociales, en la que ha hecho balance de su vida sentimental, ha recordado su matrimonio con Cayetano Rivera y ha reflexionado sobre el amor después de la reciente pérdida de su padre. Todo ello cuando está a punto de cumplirse un cuarto de siglo de una de las bodas más mediáticas que ha vivido Gijón.
Fue el 26 de octubre de 2001 cuando Blanca Romero y Cayetano Rivera se dieron el «sí, quiero» en la iglesia de San Pedro, ante cientos de invitados y numerosos curiosos que se acercaron hasta el templo gijonés. Ahora, 25 años después, la actriz ha querido recordar aquella etapa de su vida con unas palabras cargadas de cariño, nostalgia y también de su característico sentido del humor.
«Ya haría mis bodas de plata», comienza escribiendo Romero, antes de recordar la historia de amor de sus padres, que permanecieron juntos durante más de medio siglo. «Mis padres se despidieron hace tres meses, después de 54 años juntos. Besándose y enamorados hasta los huesos», confiesa.
La reflexión llega después de un periodo especialmente complicado para la intérprete, marcado por el fallecimiento de su padre, Rafael Romero, conocido como ‘Romerito’, quien murió el pasado verano a los 81 años. Una pérdida que ha dejado una profunda huella en la artista y que parece haberla llevado a replantearse algunas cuestiones sobre las relaciones sentimentales y el futuro.
«Tuve un valiente por marido»
Uno de los momentos más llamativos de su publicación llega cuando recuerda directamente a Cayetano Rivera, con quien estuvo casada durante aproximadamente tres años, hasta su separación en 2004.
Lejos de cualquier reproche, Blanca Romero dedica unas palabras especialmente afectuosas al torero. «Puedo decir que tuve un valiente por marido. Que fue el único que me quiso de verdad y apostó todo por mí. Al que quise, quiero y querré. Porque cuando se quiere de verdad nunca se deja de querer», asegura.
La actriz también recuerda su divorcio con naturalidad y una buena dosis de ironía: «Mi matrimonio fue cero traumático. Para mí, claro. Para él, no lo sé», bromea.
Aquella boda quedó grabada en la memoria de Gijón. La novia lució un espectacular vestido diseñado por Karl Lagerfeld y la celebración reunió a numerosos rostros conocidos de la sociedad española. El banquete tuvo lugar en el Gran Hotel Jovellanos, establecimiento vinculado a la actividad empresarial de su padre.
De aquel matrimonio también permanece el vínculo familiar con Lucía Rivera, hija de Blanca, a quien Cayetano reconoció legalmente y dio sus apellidos.
«Merezco un amor sano»
Más allá de los recuerdos, la gijonesa mira al futuro con optimismo. A sus 50 años, considera que todavía tiene tiempo por delante para volver a enamorarse y, quién sabe, celebrar algún día sus propias bodas de plata.
«Así que si echo las cuentas bien, aún estoy a tiempo de festejar. Tengo que durar hasta los 75», comenta entre bromas.
Sin embargo, tiene claro qué espera de una futura relación. «Creo que después de todo lo vivido, andado y aprendido a día de hoy, merezco un amor sano y un gran compañero de vida con los deberes hechos. O compañera…», escribe, dejando abierta cualquier posibilidad.
Romero reconoce que disfruta de su independencia, aunque tampoco renuncia a compartir su vida con alguien especial. «Y aunque se está mejor sola, también es bonito caminar acompañados», reflexiona.
La publicación concluye con una declaración de intenciones que resume su momento vital. La actriz asegura sentirse mejor que nunca, con ganas de disfrutar de sus hijos, sus amistades y nuevas experiencias.
«Me siento en mi mejor momento. Madura, pero sin caer del árbol, con muchas ganas de vivir, sobre todo de viajar con amigas, hijos, sola o acompañada. Siempre feliz», sentencia.
Una confesión que, 25 años después de aquella multitudinaria boda en San Pedro, devuelve a Blanca Romero a uno de los capítulos más recordados de su vida, pero esta vez con la mirada puesta en todo lo que todavía está por llegar.