Producto de primera, sal de Cambados, pimentón de La Vera, aceite gallego y mucho cariño detrás de uno de los clásicos gastronómicos de la Feria

Hay negocios que participan en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA) y otros que, después de más de tres décadas, ya forman parte de su historia. Es el caso de Pulpalia, una pulpería familiar que suma 34 años en el recinto ferial gijonés, convirtiendo cada agosto su espacio en punto de encuentro para varias generaciones de clientes.
«Llevamos 34 años en la feria y todos los años estamos aquí, pasando agosto con ustedes», explica Diana Ferreiro, que junto a su hermano Francisco dirige el negocio. La historia comenzó con sus padres, que decidieron salir de Galicia para probar suerte en diferentes ferias. Gijón fue una de las primeras experiencias, junto a Tineo y Vegadeo, pero es la única de aquellas citas que la familia mantiene actualmente.
Los comienzos fueron mucho más modestos. Pulpalia arrancó cerca de donde actualmente se encuentra La Braña, con «un espacio pequeño y diez mesas». El éxito permitió que el negocio fuese creciendo poco a poco hasta consolidarse en su ubicación actual.
Por el camino, los hijos también se criaron entre mesas, fogones y jornadas interminables de feria. Desde que tenían apenas cinco o seis años conocieron desde dentro lo que significa pasar agosto trabajando en el recinto ferial. Hoy son precisamente ellos quienes están al frente del negocio, mientras su madre, Ludi Cerceda, se define como «jubilada activa» y regresa cada agosto para echar una mano.
«He luchado mucho, he trabajado mucho, pero ellos también me han correspondido. Sin ellos no llegaríamos a donde estamos», resume sobre el relevo generacional.
Un pulpo de primera y una receta con mucho cariño
El gran protagonista sigue siendo, naturalmente, el pulpo. La ración cuesta 22 euros y desde Pulpalia aseguran que la clave está, sobre todo, en no escatimar en el producto.
«El secreto, aparte de tener un día bueno, porque para cocinar hay que tener un día bueno, es la calidad», explican.
Trabajan con un pulpo de categoría superior que, según señalan, alcanza los 23 euros el kilo. La selección de la materia prima es uno de los aspectos fundamentales para la familia, que después de décadas de experiencia tiene claro que la calidad del producto marca la diferencia en el resultado final.
A ello le suman sal de Cambados, pimentón de la Vera y aceite gallego, además de un ingrediente difícil de medir: «ponerle todo el cariño del mundo». Incluso destacan el agua de Gijón como una aliada a la hora de conseguir el resultado final.
El menú va mucho más allá del plato estrella. Hay pollo de corral, criollo, costilla de cerdo o pimientos de Padrón, además de parrilladas completas con costilla, pollo, chorizo, criollo, patata gallega y pimientos. Una oferta que mantiene el carácter gallego con el que la familia desembarcó hace más de tres décadas en Asturias.
Clientes que pagan la entrada solo para comer el pulpo
Después de 34 años, la relación con los visitantes trasciende la de un negocio convencional. Hay familias que regresan cada agosto, algunas varias veces durante la misma edición, y clientes que ya acudían con sus padres y ahora vuelven acompañados de una nueva generación.
Incluso existe una costumbre que en Pulpalia conocen perfectamente: personas que acceden a la FIDMA por la entrada de Somió únicamente para visitar la pulpería.
«Entran, se comen el pulpo y se van», cuentan.
El paso del tiempo también deja ausencias. «Algunos también nos faltan, por desgracia», reconocen después de tantos años compartiendo veranos con los mismos clientes. Sin embargo, aseguran haber percibido durante los últimos cuatro o cinco años un cariño especialmente intenso por parte del público.
«Desde la pandemia la gente nos aprecia más», señalan.
Detrás del mostrador también existe otra familia, la laboral. Durante la Feria, el equipo ronda los veinte trabajadores, muchos de los cuales acumulan entre 14 y 20 años junto a Pulpalia. Una fidelidad que también explica el funcionamiento de un negocio sometido durante agosto al intenso ritmo de la Feria de Muestras.

Una parrilla inventada en familia que cumple 20 años
La tradición convive, además, con el ingenio. Una de las piezas más singulares del establecimiento es su parrilla, diseñada por uno de los hermanos en 2006 después de pasar una noche de guardia con su padre y comprobar las dificultades de trabajar con las antiguas parrillas de manivela.
Pensó entonces que tenía que existir un sistema más sencillo. Ideó un mecanismo inspirado en el funcionamiento de un tornillo y una tuerca que permite subir o bajar fácilmente la superficie de cocinado dependiendo de las necesidades del fuego.
La estructura fue fabricada íntegramente en acero inoxidable, un material por el que la familia apuesta tanto por su durabilidad como por su facilidad de limpieza. El diseño llegó incluso a ser patentado.
Veinte años después, aquella parrilla continúa funcionando «como si fuera el primer día».
Una pequeña invención familiar que resume buena parte de la filosofía de Pulpalia: tradición, trabajo, adaptación y miles de raciones servidas durante 34 agostos. Porque en la FIDMA hay visitantes que cada año buscan descubrir algo nuevo. Y otros que, nada más cruzar la puerta, tienen clarísimo cuál será su primera parada: sentarse frente a una ración de pulpo recién hecho.