Llanes se vuelca en la despedida de Laura Cruz: una multitud acompaña a la familia de la guardia civil asesinada

Cientos de personas han acompañado esta mañana en Llanes a la familia, amigos y compañeros de Laura Cruz, la guardia civil asesinada este miércoles por su marido, el gallego Dámaso F.S, expareja de la víctima y también componente del cuerpo, en este caso destinado a Zamora. El dolor se hizo patente en la Basílica de Santa María de Llanes, que acogió a partir de las 12.00 horas el funeral por Laura. Un crimen que enmudecía hace apenas 48 horas a la localidad asturiana, típicamente abarrotada durante estos días de turistas, y que también sorprendía a los propios compañeros de la fallecida.
El asesino consiguió entrar en el cuartel llanisco donde la mujer residía con sus tres hijos y, con un arma presuntamente robada a un compañero, acabar con su vida. Durante su huida, el agresor se enfrentó a varios compañeros de Laura, que respondieron con sus armas reglamentarias. El asesino consiguió herir de gravedad a un Teniente -que se encuentra fuera de peligro-, y también fue alcanzado por los balazos de los agentes allí presentes. Finalmente, y pese al esfuerzo de los sanitarios, el gallego fallecía a causa de los disparos. Tras el horror quedan los tres hijos que había tenido el matrimonio, un joven de 18 años y dos gemelas de 13. Una historia, la del asesinato machista, que ya se ha repetido en más de una treintena de ocasiones en este 2026 en España. Un número que avergüenza y se convierte en uno de los peores datos de los últimos años.
El horror vivido, el horror con el que sus tres hijos tendrán que cargar durante el resto de sus vidas, se concentró esta mañana en la Basílica, donde la emoción y la tristeza quedaba patente en cada esquina. Una despedida multitudinaria a la altura de una mujer que luchaba por rehacer su vida, que había denunciado (eso que a tantas víctimas parece exigírsele), que formaba parte del Sistema Viogén y a la que, finalmente, su expareja mató, como tantas veces había temido ella. Y es que «hasta que me mate no va a parar» es la frase que la exconcejala llanisca Marisa Elviro escuchó en más de una ocasión repetir a Laura -así lo recogía este jueves La Nueva España-. El peor de los presagios que tristemente se hizo realidad.