
«Cuando faltan reglas claras y gestión del espacio público, aparecen las barreras. El conflicto con las autocaravanas no es nuevo, pero vuelve a mostrar lo mismo de siempre: improvisación, parches y ninguna estrategia para el aparcamiento urbano»

Hace unos días se anunciaba en la prensa la intención de la Concejalía de Movilidad de instalar barreras de altura en determinados parkings de la ciudad para evitar el estacionamiento de larga estancia de autocaravanas y campers.
Estos vehículos, en general de gran tamaño, no son habituales en las calles del centro. Sus usuarios y usuarias son perfectamente conscientes de que no resultan sencillos de maniobrar en calles estrechas, y es habitual que tanto visitantes como residentes que no los utilizan a diario busquen espacios amplios, seguros y gratuitos en los alrededores de la ciudad.
Quizás en Asturias y más concretamente en ciudad, no hemos vivido hasta ahora una saturación tan acusada como en otros territorios, en parte porque tampoco éramos un destino especialmente demandado respecto a otros como el mediterraneo. Aunque siempre ha existido cultura camper, muy ligada al surf. Aun así, solo en 2024 el parque estatal de autocaravanas y campers ha aumentado sus matriculaciones en torno a un 22%. Mientras escuchamos a diario a los advenedizos del apocalipsis económico y social, esos que repiten que todo va fatal y que el país se va al garete, lo cierto es que nunca se habían comprado tantos vehículos de ocio como en estos años. Y muchos, precisamente, no son baratos, ni siquiera en el mercado de segunda mano.
Obviamente, estos vehículos tienen derecho a circular y a aparcar, siempre que cumplan una serie de normas básicas: no sacar elementos de acampada (sillas, mesas…), ni desplegar elementos propios del vehículo como techos elevables, toldos o similares. No lo dice ninguna ordenanza municipal (la vigente de 2002 ni siquiera los contempla), sino el propio Reglamento General de Circulación, a través de la Instrucción 08/V-74 de la DGT. Es decir, existe una diferencia clara entre aparcar y acampar, aunque de puertas para dentro sea evidente que no hay mucha. Mientras no se incumplan estos requisitos habituales de acampada, técnicamente el vehículo está estacionado.
Aun así, cualquiera que haya tenido un vehículo de este tipo, especialmente una camper, habrá vivido más de un rifirrafe con las distintas interpretaciones de la Policía Local según la localidad sobre qué se considera estar acampado. En otras ocasiones no hay duda, sobre todo cuando algunos usuarios no respetan normas básicas, por ejemplo, con la gestión de aguas grises. Pero, personalmente, me sigue pareciendo exagerado que unas camisetas colgadas del retrovisor, un par de sillas plegadas o cualquier otro elemento cercano al vehículo puedan considerarse automáticamente una falta de civismo.
El problema que se quiere abordar, sin embargo, no es realmente ese, al menos en los barrios de Gijón donde existe aparcamiento gratuito, sino el aumento de autocaravanas y ‘campers’, tanto de visitantes como de residentes, estacionadas durante largos periodos de tiempo. Esto genera, lógicamente, fricciones con los vecinos y vecinas que buscan aparcamiento y ven cómo la oferta se reduce por el espacio que ocupan estos vehículos. Es cierto que muchos propietarios de autocaravanas las guardan en garajes o campas específicas, pero no suele ser el caso de las campers. Y ya rara vez hablamos de simples furgonetas: algunas tienen esloras considerables y dimensiones muy cercanas a las de una autocaravana.

Esto se aprecia con claridad en espacios como el parking de La Tejerona, las plazas en batería de la calle José Antón Magarzo, en Nuevo Roces, el aparcamiento temporal del parque de los Hermanos Castro o el propio parking del Molinón, donde además se suma el problema de los coches abandonados, reduciendo aún más las plazas disponibles. Y no son los únicos: hay más espacios, cada uno con sus particularidades. Los más cercanos a la costa suelen estar más vinculados al turismo.
¿Va a resolver el problema expulsar estos vehículos de determinados parkings mediante barreras u otros métodos físicos? En mi humilde opinión, no. Lo más probable es que se generen nuevos problemas y que estos vehículos se dispersen por el resto de calles, trasladando el conflicto de un punto a otro sin resolverlo.
Además, en barrios como Viesques, al igual que en Nuevo Roces, es habitual ver autocaravanas y campers utilizadas casi como plazas en propiedad, alternándose incluso con el vehículo de uso diario. Suelen ocupar las plazas donde la maniobra es más sencilla, que a menudo coinciden con las más cercanas a pasos de peatones, cruces o paradas de autobús. Esto complica la vida a quienes cruzan, genera problemas de visibilidad y llega a tapar semáforos u otras señales.
Pero es que, además, el problema del aparcamiento, que es fundamentalmente un problema de rotación, no se va a resolver moviendo estos vehículos de un lado a otro. Los lugares donde suelen estacionar son precisamente aquellos donde resulta más fácil hacerlo. Una vez más, en lugar de abordar el problema de forma integral, se aplican parches sobre una parte visible, que ni siquiera es la principal responsable de la falta de espacio y rotación en la ciudad.
Conviene recordar, una vez más, que seguimos ‘atados’ a una ordenanza de movilidad que está literalmente en pesetas. Con este marco legal es imposible, salvo anexos parche, crear zonas reguladas para residentes, usos mixtos u otras fórmulas habituales en muchas ciudades, complementarias a la zona azul y útiles para gestionar el aparcamiento en superficie. La ordenanza derogada de 2021 sí contemplaba estas herramientas, además de medidas como un tiempo máximo de estacionamiento, 48 horas, que se aplica en numerosas localidades para favorecer la rotación.
Lo que parece claro es que, a estas alturas de la legislatura, nada de esto se va a implementar. Más allá de derogar normas y asfaltar praos, no hay visión de futuro, ni plan, ni ganas. Tampoco demasiada responsabilidad, pese a que la ciudad sí cumple puntualmente cuando toca ingresar las nóminas. Así que, más allá de algún parche temporal como este, poco parece que se vaya a corregir, en este asunto y en otros muchos otros relacionados con la movilidad en Gijón.
Solo como puntualización la Instrucción 08/V-74 no existe ya hace tiempo, la ha sustituido la PROT 2023/14.