Miles de personas recorriendo los puestos instalados en el centro de Gijón y participaron en las actividades propuestas, integradas en un catálogo en el que destacaron novedades como la ‘Fiesta de la Lectura’; las ventas también han sido notables

Hay un deje de tristeza en la visión de la retirada de aquellos elementos que, en un pasado reciente, posibilitaron momentos de gran felicidad. Quienes transiten este lunes por el paseo de Begoña y por la calle Tomás y Valiente probablemente lo experimenten al contemplar el desmontaje de la casetas que, hasta ayer domingo, sirvieron de ‘hogar’ a la Feria del Libro de Xixón (FeLiX). Efectivamente, para desgracia de una amplia legión de seguidores, el certamen ha terminado. Sin embargo, el regusto que ha dejado dista mucho de ser algo por lo que llorar. La décima edición de esta ya imperdible cita del verano gijonés se saldaba con un rotundo éxito de afluencia, en opinión de la Fundación Municipal de Cultura y, a pie de calle, de los diversos expositores y visitantes que la han hecho posible. Todo un revulsivo para un acontecimiento que este año recibe la Medalla de Plata de la Villa; que, se opina en general, ha alcanzado ya su plena y absoluta madurez, y sin el que ha dejado de ser posible concebir el tejido cultual de la ciudad.
Cuantificar con precisión la afluencia a lo largo de sus cinco jornadas de duración es una tarea casi imposible. ¿Decenas de miles de visitantes ? ¿Cientos, tal vez? Ahora bien, fuentes municipales sí han asegurado que alrededor de 5.000 personas se sumaron a alguna de las las 119 actividades que proponía la programación. En ella han destacado novedades que prometen repetir en el futuro, como la ‘Fiesta de la Lectura’, organizada en colaboración con Planeta de Libros, o las iniciativas celebradas en el stand de la Red Municipal de Bibliotecas, centradas en la dinamización. Las charlas, presentaciones, talleres y encuentros con los autores también han reivindicado su rol como grandes atracciones, mientras que ya mediada la FeLiX los expositores reconocían la abundancia de ventas. En ese sentido ‘Yo te libero’, de la madrileña afincada en Gijón Reyes Martínez, se erigía como el libro más vendido, seguido de ‘Comerás flores’, de Lucía Solla Sobral; de ‘Chenta acertijos de lógica y asesinatos’, obra de la pluma de Manuel Garand, ‘Murdoku’; de ‘Han cantado bongo’, firmado por Lana Corujo, y de ‘Una rosquilla en el parque’, criatura infantil a la que ha dado vida Pablo Rumoroso.
«Para el Ayuntamiento, la FeLiX representa muy bien el valor de la cultura pública: una cultura cercana, participativa y capaz de generar ciudad», reflexiona al respecto la concejala de Cultura, Juventud y Museos, Montserrat López, haciendo balance de la experiencia. Su punto de vista coincide con el de Aitor Martínez, director de la Fundación Municipal de Cultura, para quien se trata de «un proyecto plenamente consolidado, con una organización y dimensión muy apropiadas, una programación amplia y una respuesta ciudadana que confirma el vínculo de nuestra urbe con la lectura». No obstante, quizá el criterio que mejor lo sintetiza es el de Jaime Priede, a la sazón director literario de la FeLiX, convencido de que «esta décima edición confirma su madurez literaria; la Feria ha crecido en dimensión, visibilidad y reconocimiento, pero mantiene una personalidad muy definida: cercana a los lectores, atenta al sector editorial y abierta a voces, generaciones y formatos muy diversos».