Un viaje a México, realizado hace casi una década, abrió al sierense Christian Fernández las puertas de este universo; ahora, ayudado por Gijón Impulsa, ha transformado su pasión por dicha bebida en una empresa que se exhibe estos días en la FIDMA

En algún momento todos, tanto el que más como el que menos, hemos disfrutado de un viaje que, de un modo u otro, ha cambiado nuestras vidas. Ayudando al reencuentro con uno mismo, conociendo a un amor inesperado en tierras lejanas, tomando contacto con una forma más satisfactoria y plena de afrontar el día a día… Christian Fernández Méndez (Siero, 1992) experimentó su particular catarsis internacional en México. Hace casi una década, durante un viaje al país norteamericano, este joven maestro de Infantil y Primaria pudo degustar, por primera vez, «el buen café», un caldo de una calidad, y con una riqueza de matices, difícil de encontrar en su España natal. Aquel contacto gustativo, la fuerza y el sabor del líquido oscuro en su paladar, abrieron de par en par las puertas de una pasión que ahora, tras años de investigación y grandes esfuerzos de planificación, ha fraguado en Khultos, su propia firma de selección y comercialización de cafés de especialidad. Una idea aparentemente simple, pero cargada de matices, hecha realidad gracias a la ayuda del servicio Gijón Impulsa, y que estos días exhibe su potencial en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA).
Colombia, Etiopía, Kenia o el mencionado México son solo tres de las varias ubicaciones desde las que Fernández obtiene sus productos, poniendo la calidad en el centro de la ecuación. No obstante, la llegada del género es solo el primer paso de un entramado que, aclara su fundador, va mucho más allá de la simple venta o degustación. «El enfoque con el que trabajamos es un tanto holístico; lo que ofrecemos es una experiencia completa en torno a los rituales cafeteros del mundo, utilizándolos como vehículo para desarrollar un universo gastronómico de sabores alrededor del café», detalla el aludido, que este verano soplará las velas del primer año de existencia de su negocio. Esa filosofía podría simplificarse hasta el extremo con seis sencillas palabras: en Khultos hay mucho más que café. Su catálogo de productos incluye desde cacao -ligado, eso sí, a la producción cafetera de ciertos países-, hasta obras de repostería en las que el líquido en cuestión juega un papel esencia. A ese listado de opciones, adelanta Fernández, pronto se sumarán las infusiones, otro cosmos en sí mismo digno de ser explorado, y que, en cuestión de semanas, empezará a comercializar a través de su página web.
Claro, que analizar una apuesta así exige echar una mirada al otro gran actor crucial para su éxito: el consumidor. En ese sentido, el fundador de Khultos es claro: en España, hoy por hoy, queda mucho trabajo por hacer hasta que el público logre valorar en su justa medida el café de especialidad. «Pensemos que solo un 10% del que se consume es de esa clase; el otro 90% sigue siendo café comercial, lo que incluye el torrefacto, que mucha gente no sabe lo que es, y las mezclas, que pueden ser sobrantes de pésima calidad combinados entre sí», matiza Fernández. Afortunadamente, añade de inmediato, «existe un interés creciente», especialmente entre consumidores jóvenes -sus clientes potenciales-, gracias a lo cual «avanzamos poco a poco, con todo lo que supone emprender de forma orgánica y sin una inversión enorme». Eso sí, ni él, ni su equipo están solos en esta aventura cafetera. De entrada, Gijón Impulsa ha sido un apoyo fundamental, puesto que «nos ayudaron con el apartado de subvenciones y fondos europeos, y desarrollando una red de contactos a través del Parque Científico Tecnológico».
Pero es que, además, está la FIDMA. La misma FIDMA que para Fernández y los suyos promete ser un escaparate perfecto para «mostrar quién eres, qué haces, cuál es tu proyecto y enseñarlo de primera mano». Así, durante esta semana su puesto en el Pabellón Cuatro del Recinto Ferial ‘Luis Adaro’ está siendo escenario de actividades tan eclécticas como catas de café, demostraciones in situ, exhibición de productos curiosos, como «velas hechas a partir del pergamino del café que queda tras el tueste»… E, incluso, de cara a este viernes, un ritual cafetero etíope 100% auténtico, conducido por habitantes de dicho país africano, y que se perfila como «una experiencia muy especial, protagonizada por personas igualmente especiales». En fin, un vasto despliegue pensado no solo para que Khulto se abra al mundo; también, y no menos importante, para que el mundo abra sus brazos al riquísimo y fascinante océano del café.


