El sistema, flotante y parecido al usado para contener ‘mareas negras’, lleva instalado desde el martes en la dársena de Poniente; dependiendo del resultado, se valorará extenderlo a otros arenales afectados por la presencia de dicha especie

Se ha convertido en un susto de lo más frecuente en los veranos del norte de España: una persona está disfrutando de una plácida jornada de playa, paseando por la orilla y saliendo tras un refrescante baño… Y, de pronto, su pie aplasta descuidadamente cierta masa gelatinosa de color azulado que descansa sobre la arena, y que no ha sido vista con antelación. De hecho, hasta puede ser peor; puede que esa misma persona sí vea el extraño objeto, de forma lejanamente parecida a un riñón, y que, movida por la curiosidad, se decida a tocarlo sin ninguna protección. En cualquier caso, el resultado es el mismo: un dolor punzante como un latigazo, una hinchazón progresiva, picor persistente y, al poco, náuseas, espasmos, dolores de cabeza e, incluso, problemas para respirar. Ese es el catálogo de males que lleva aparejado el contacto con la carabela portuguesa (Physalia physalis), el organismo colonial que cada estío parece adueñarse del litoral septentrional patrio. Un problema al que, ahora, el Ayuntamiento de Gijón está decidido a poner coto. Según expuso ayer el concejal de Medio Ambiente, Rodrigo Pintueles, durante su visita a la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA) con motivo del Día del Medio Ambiente, desde este martes está en pruebas en Poniente una barrera experimental para prevenir la arribada de tales animales.
«Nuestra intención es ir un paso por delante», manifestó el edil, representante de una de las cinco entidades, junto con el BIOPARC Acuario de Gijón, la Universidad Oviedo, el Instituto Oceanográfico Español y la Autoridad Portuaria de la ciudad, que están detrás del proyecto ‘PHYSALIA 2026’, en el marco del cual se ha desarrollado esta táctica. La barrera, lejanamente parecida a las que se emplean para la contención de ‘mareas negras’ en escenarios de vertidos, es flotante, y no resulta dañina para unos seres cuyo desplazamiento se basa en un movimiento involuntario al compás de las mareas. Así las cosas, el obstáculo se limita a desviar el curso seguido por las carabelas, evitando que alcancen la costa y, de ese modo, alteren los hábitos de disfrute veraniegos de los bañistas. A ese respecto, ya el pasado 7 de agosto el Acuario anunció que, si las pruebas preliminares dan los resultados esperados, el equipo pasará a colocarse en el canal de Sahones, para evaluar su desempeño en escenarios diferentes. Dependiendo de cómo salgan todas esas pruebas, se considerará implementarla en las playas gijonesas en el futuro. Pintueles resumió la aspiración al explicar que «se trata de probar la barrera en condiciones reales para analizar su eficacia y, con los datos que nos dé el conocimiento científico, ver si puede convertirse en una herramienta útil».