domingo, abril 18, 2021
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Ácida, rapera gijonesa: «Me emocionan las pequeñas cosas de la vida y escribo de eso»

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«En Asturias hay movimiento, como los Souls In Pain o los chicos de Crystal Jaw, que están entre Gijón y la cuenca»

Independiente, sensible y con un coraje que contagia. Así es Ácida, Aida Amor para quienes la conocen de verdad. Esta gijonesa de 26 años lleva toda la vida soñando con dedicarse a algo artístico, y hace un año que decidió que ya estaba bien de imaginar lo que podía hacer realidad. Así, se embarcó en un proyecto laborioso y enriquecedor que este año ha visto la luz bajo el nombre de ‘Miss Independent’. Una oda a la naturalidad y a las experiencias que le dan sentido a la vida. Con 8 temas publicados hasta el momento, la asturiana se presenta en el panorama musical como una artista versátil y currante, preparada para dejar huella con todo lo que tiene dentro.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA

¿Cómo estás?

Muy bien. El tema ERTE me está viniendo genial para tener tiempo para la música, así que personalmente estoy muy contenta por eso.

En enero diste tu primer concierto en la Universidad Laboral de Gijón, lugar donde estudiaste Trabajo Social antes de decidir dar el salto a la música. ¿Hasta qué punto infunde respeto?

Precisamente como estudié ahí, más que respeto lo que me hacía era ilusión. Pasé 4 años de mi vida allí y siempre fue un edificio que me fascinó. El hecho de haber estudiado ahí para mí fue un privilegio. Y que mi primer concierto fuese ahí, más todavía.

¿Cómo lo viviste?

Fue una experiencia muy buena y también soy consciente de que soy una privilegiada porque fue un espacio donde la mayoría de la gente no tiene su primer concierto. Además, pude contar con mi gente en el público. Fue en petit comité y, al ser hasta 35 personas, estaba ahí toda la gente que me quiere. Como estaba muy nerviosa por ser mi primer concierto, eso me ayudó mucho. Pero no te voy a engañar: estaba muerta de los nervios. Como si saliese a exponer, pero esta vez ya no era para una exposición de clase, sino para cantar.

Has tocado diferentes estilos (rap, trap, reguetón, techno-trap…), pero siempre dentro del ámbito de la música urbana. ¿Es el camino en el que quieres seguir tu carrera musical o hay algún otro género que te llame la atención para formarte?

No te lo puedo decir, porque yo voy haciendo un poco lo que me sale y hasta el momento he hecho estos estilos. Aunque todos derivan un poco del rap, son muy diversos unos de otros. Quizá a medida que vaya avanzando como persona, y también como cantante, vaya escuchando otros estilos musicales y me sirva de influencia para innovar. No lo sé, igual acabo siendo como C. Tangana y me hago ahí un disco de boleros… (risas).

Tenías 19 años cuando empezaste a componer, sin embargo, no fue hasta el confinamiento cuando decidiste compartir tu música. ¿Qué te hizo dar el paso?

Yo llevo escribiendo poesía toda la vida y con 19 años fue cuando empecé a rapear. Lo que pasa es que coincidió justo con el año que empecé la universidad y estuve muy centrada en eso. Seguía escribiendo, pero no tenía tiempo para la música realmente. Cuando acabé la carrera y tuve un par de trabajos, tenía un poco más de tiempo para mí y para volcarme más en la música. Y hubo un día, sin más, que me desperté y mi cuerpo me lo dijo. Me escuché a mí misma y me decía: «Aida, tienes que grabar por fin», porque a lo largo de todos estos años sí que intenté grabar, pero al final siempre acababa pasando algo. Entonces eso, tener un poco de tiempo y tener dinero para poder invertirlo en ello.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA

Desde que lanzaste tu primer tema, ‘Chica Lista’, en marzo del año pasado, han pasado muchas cosas, entre ellas la grabación de tu primer disco en Barcelona. ¿Cómo ha cambiado Ácida en este último año?

Pues Ácida cambió paralelamente a Aida. Yo creo que estoy mucho más realizada conmigo misma. Siempre me quise dedicar a algo artístico, sobre todo ser poeta o fotógrafa. Entonces, aunque sigo siendo camarera, estar dedicándome también a la música me hace sentir plena. Me hace sentir 100% yo. He ganado en seguridad y en estar contenta conmigo misma porque es lo que siempre he querido hacer.

«Por fin estoy cumpliendo el objetivo del arte, que es crear alguna reacción en las demás personas»

¿Y, como artista, has crecido?

Sí, eso desde luego. Una cosa es escribir para ti, y otra cosa es escribir y compartirlo con los demás. Cuando ves que hay un feedback, eso te hace crecer como artista como y como persona. Cuando escribes para ti nadie te dice «esto me gusta» o «esto no me gusta», pero cuando lo compartes y te dicen tanto una cosa como la otra, piensas: «Joder, por fin estoy cumpliendo el objetivo del arte», que es crear alguna reacción en las demás personas, ya sea bueno o malo.

Mientras se han dado estos cambios y desde el inicio de tu carrera artística, has contado con personas que suponen un apoyo fundamental para ti. ¿Quiénes son?

En primer lugar, mis padres. Son quienes me han apoyado y alentado a hacer siempre lo que quisiese. Igual a otros padres les dices «voy a estudiar el bachillerato artístico» y te dicen «y por qué no mejor el de sociales, que te da más salidas». Pues no. Además, mi padre es artista y siempre ha sido un apoyo fundamental para eso. Tener la libertad de poder enseñar en tu casa lo que haces, aunque hables de sexo o de drogas, y que te digan «ah, pues mira qué bonito hija» hace mucho.

También todos mis amigos y todas mis amigas, sobre todo. Me conocen tanto que saben que esta es mi esencia. Cuando empecé a sacar música no se sorprendieron. Era como «vale, me lo creo», y a medida que les he ido contando mis ideas/proyectos siempre me han ayudado un montón. Tengo que mencionar en concreto a dos amigos míos: Lorena, que fue con quien empecé a hacer los videoclips y también es quien me ayuda con los estilismos, y Doni, Daniel Pastrana, que también me ayuda en todos los proyectos con las portadas. Hacemos equipo.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA

Los géneros en los que te basas y participas son variados. ¿Quiénes son tus referentes?

Esto es muy variopinto, porque en Spotify de repente sale una de The Notorious B.I.G., luego una de Camarón o de Ergo Pro y luego otra de Rosalía. De los clásicos: Notorious, Tupac, Lil Kim, Mia X. Y luego así más actual, escucho sobre todo música de habla castellana: desde Gata Cattana y las Ninyas del Corro a Elio Toffana o Bad Bunny.

Volviendo a ‘Miss Independent’, solo Ácida sabe exactamente el mensaje que busca transmitir o cómo quiere llegar a su público con este álbum. ¿Cuál es?

Más que un concepto muy elaborado, es un trabajo que lo que pretende es presentarme a mí como persona. Ácida como una artista versátil, capaz de seguir haciendo cualquiera de esos estilos musicales y que, además, se lo va currando cada vez más y espero que cada vez lo vaya haciendo mejor. Quiero que sea un álbum que suene mucho mejor que lo anterior y peor que lo siguiente.

Todas las canciones hablan de cosas que me pasan o me han pasado y reflejan la independencia, que es algo que me caracteriza. De hecho, ‘Miss Independent’ es un término que siempre tuve en la cabeza sin saber en realidad por qué. Además, suena un poco a título de belleza, y yo —que escucho todo tipo de música y sobre todo música que se califica como urbana—, me doy cuenta de que no veo a ninguna cantante que yo diga «pues mira, mide 160cm, pesa sus 60 kilos y tiene celulitis o estrías», lo que tenemos todas, y que lo enseñe naturalmente. Como yo tengo todas esas cosas y creo que reflejo un poco eso, la naturalidad, me gustó llamarlo así y poder mostrar esa idea con mi imagen en lo audiovisual.

«Me emocionan las pequeñas cosas de la vida y yo en realidad escribo de eso»

En una entrevista con ‘Red Bull’ comentaste que, sin pretenderlo, ’95’ es una canción con moraleja. ¿Crees que te ha pasado lo mismo con otras canciones del disco?

Sí, pero sin pretenderlo, no es que crea yo que soy una profeta de nada. Se me viene a la cabeza una frase en ‘Alambre de Espinas’ que tiene un mensaje feminista: «No me domina tu bandera ni ningún hombre». O en ’95’, que hablo de tener dificultades en la vida y que todo eso te ayude a ser fuerte. Creo que, al final, a medida que vas cumpliendo años vas consiguiendo aprender de todo lo que vas viviendo y consigues sacar pequeñas moralejas que, en este caso, te salen escribiendo. Ya sea «aguanta todo lo malo que te vaya viniendo porque al final te va a servir para tener dos ovarios y afrontar lo que sea», como «estate segura de ti misma y no dejes que nadie se crea que eres suya».

Te defines como una persona «muy reflexiva, intensa y profunda». Esa sensibilidad empieza a reflejarse en tu música a medida que vamos descubriendo nuevos temas. ¿Qué te sensibiliza?

Todo. Mucha gente me dice «uf, Ácida», o me conocen y soy una persona muy sincera y con mucho carácter, lo que pienso te lo digo. Entonces, es verdad que tanto mi imagen como «Ácida» puede sonar muy fuerte, pero también soy una persona muy sensible. Puede que incluso ese nombre o ese aspecto que tengo sea un poco una coraza. Soy de las que va por la calle y dice «¡qué bonito eso, qué bonito aquello!», o veo a una abuela con su nieto y me pongo a llorar. Me emocionan las pequeñas cosas de la vida, y yo en realidad creo que escribo de eso. De lo que pude sentir al tener x problemas a la hora de crecer, en el amor, con mis amigas, lo que siento por mis amigas… No sé, la vida.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA

¿Cómo ha sido empezar tu carrera musical en pandemia? Pese al batacazo que ha supuesto para la cultura, ¿crees que te ha beneficiado?

Yo creo que sí. En el confinamiento salieron cuatro canciones: dos que ya había grabado previamente y dos que grabé en el momento. Yo no sabía que iba a suceder una pandemia mundial, así que lo que hice fue aprovechar un poco la circunstancia para entretenerme yo (eso lo primero), y para entretener a la gente. Al final todos estábamos en casa con nuestro ordenador o nuestro móvil —que a mí el iPhone me ponía “has pasado 10 horas al día con tu teléfono”—, relacionándote, buscando estímulos visuales, música nueva… Todos teníamos los ojos y los oídos más abiertos que nunca, entonces yo creo que me vino bien para que me escuchase gente que no lo habría hecho de otra manera.

Gijón es la ciudad en la que has nacido y crecido. ¿Cómo te inspira a la hora de dar rienda suelta a tu talento?

A mí Gijón es una ciudad que me inspira mucho, porque hay gran variedad de personalidades, estilos de gente, distintos barrios… Me parece una ciudad un poco bohemia y que además tiene una tradición artística importante, entonces en ese sentido me inspira mucho. Como yo soy muy creativa, me rodeo de gente creativa y me he ido desarrollando en un entorno así. Sin querer te das la vuelta y te das cuenta de que cuatro de tus amigos o amigas son artistas. Y como me gusta trabajar en equipo, también me inspira eso.

Casi todos tus videoclips están grabados en Gijón. ¿Hay algún lugar que te haya inspirado para componer o que aparezca reflejado en tus canciones?

Mi patio de luces. Fue donde escribí todas las canciones, entre mi habitación y el patio de luces. Tengo la suerte de que pasé la pandemia en mi casa y tiene una pequeña terraza. No se puede salir porque está prácticamente en vertical, pero desde ahí podía saltar al patio de luces y me pasaba horas escuchando música y componiendo. Para el vídeo de ’95’, que fue el primer videoclip que grabé y coincidió después de la pandemia, me fui ahí directamente. Aparte creo que es un espacio que refleja muy bien ya no solo el disco, sino mi persona, porque al final es como muy del barrio, de tu casa… Y yo soy muy así, muy familiar y muy íntima.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA

Hace tiempo que se viene consolidando una nueva generación de artistas que pisan fuerte en la escena musical española, como es tu caso. ¿Cómo ves el panorama en Gijón?  

En Asturias hay movimiento, sobre todo en la cuenca, como los Souls In Pain o los chicos de Crystal Jaw (estos últimos entre Gijón y la cuenca). Es como una parte de Asturias en la que se conocen entre todos y se apoyan muchísimo. Entonces, en cuanto a poder desarrollarte como artista yo creo que para el nivel de principiante puede estar bien, pero para mejorar o tener alguna opción hay que salir de aquí. Lo tengo hablado con todos, porque al final somos colegas unos y otros, y siempre lo decimos. Es una pena, porque aquí hay productores, estudios, raperos, filmmakers buenísimos… pero como que te quedas en el entorno que te rodea y ya está.

Y en cuanto a chicas sí que hay algunas que rapean o quieren rapear, por ejemplo en La Felguera y la zona de la cuenca, pero somos muy pocas. Que yo recuerde, solo hay otras dos chavalas que rapean: Guaja D y La Ziega. Entonces eso igual cohíbe un poco a las demás chavalas que quieren rapear. Yo siempre procuro animarlas a dolor, porque somos muy pocas y hace falta.

«Si es algo que llevas dentro, va a llegar un momento en el que o lo haces o te vas a sentir mal contigo misma»

Eres un poco referente para ellas…

A mí ahora me escriben chavalas diciéndome «yo escribo, rapeo, pero es que…» y yo las animo a todas. A mí me sucedió. Si es algo que llevas dentro, va a llegar un momento en el que o lo haces o te vas a sentir mal contigo misma. Entonces es como «hazlo, no tengas miedo a nada», y si además yo las puedo ayudar en algo…

A veces pensamos que una idea no vale nada hasta que lo hacemos.

A la gente no siempre le gusta, y hay personas que igual tienen miedo a lo que puedan decir. A mí, como soy muy independiente y siempre hice lo que quise, con mis pintas y lo que sea, pues siempre me dio igual la gente. En ese sentido sí que tengo suerte, escucho tanto lo bueno como lo malo. Lo malo, si es constructivo, genial, porque me va a servir para crecer, pero si es negativo no me va a tirar por tierra. También me pilló con 25 años, que igual me llega a suceder con 19, cuando empecé a rapear, y me habría echado para atrás.

Ácida es…

Independiente. ‘Miss Independent’, de hecho.

Ácida en el barrio gijonés de Cimavilla. / MARÍA RODRÍGUEZ AGRA
Por María Rodríguez Agra

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