El arzobispo Jesús Sanz Montes presidió en Campo Valdés, en la mañana de ayer, la primera de ambas celebraciones, a la que siguió en el Jovellanos la gala de imposición de Honores y Distinciones a los Claretianos, a la FeLiX y a Kike Figaredo; Massiel fue investida Hija Adoptiva de la ciudad

No es la más multitudinaria de las celebraciones de su calendario, ciertamente; basta un rápido vistazo a la cantidad de público que acumula año tras año, y compararla con el total de otros eventos, para constatarlo. Sin embargo, la celebración de San Pedro sí que tiene un arraigo especial en el espíritu de Gijón. Un no-sé-qué, ya sea social o religioso, que hace de dicha efeméride un momento tan esperado como añorado por muchos. Y ese potencial volvió a quedar ayer demostrado. En una jornada marcada por el gris plomizo del cielo y por la persistente llovizna, la ciudad abrió los brazos en la mañana a la tradicional bendición de las aguas, a la que siguió, ya en horario vespertino, la gala de imposición de Honores y Distinciones, oficiada en el Teatro Jovellanos. E incluso ese segundo hito tuvo un marcado carácter religioso; al fin y al cabo, fueron los Misioneros Claretianos quienes se llevaron la Medalla de Oro, mientras que el jesuita Enrique ‘Kike’ Figaredo’ obtuvo una de las dos enseñas de Plata, siendo la segunda para la Feria del Libro de Xixón (FeLiX), que recientemente celebró su 14ª edición. Y María de los Ángeles Felisa Santamaría Espinosa, Massiel, fue investida Hija Adoptiva.
En un momento marcado internacionalmente por las trágicas consecuencias de los terremotos que asolaron Venezuela, el arzobispo de Asturias, Jesús Sanz Montes, no dejó pasar la ocasión de esgrimir tales desastres naturales, así como «las crisis políticas que estamos vivienda», como oportunidades de reforzar «la unión y la fraternidad» entre las personas. Fue la parte solemne de un evento que tuvo en la bendición de las aguas su punto culminante, un instante rodeado de bailes autóctonos y ambiente festivo, y cuyo simbolismo ni la lluvia logró diluir. Ni qué decir tiene que la alcaldesa, Carmen Moriyón, estuvo presente… Como también presidió la ceremonia de entrega de Honores y Distinciones. En el transcurso de la misma, una emocionada Massiel no pudo evitar estremecerse al escuchar los compases de aquella ‘La, la, la’, interpretada por la Banda de Música de Gijón, que le dio la victoria en el Festival de la Canción de Eurovisión de 1968. «Aquí pasé los mejores años de mi vida», reconoció la artista, madrileña de nacimiento pero afincada durante años en la urbe asturiana; durante su intervención, no faltó un guiño al pueblo venezolano, y abundantes parabienes hacia el resto de homenajeados.

Si bien Massiel acaparó buena parte de los aplausos y atenciones, también los Misioneros Claretianos se llevaron su dosis abultada. Su buque insignia, el Corazón de María (CODEMA), suma ya ocho décadas al servicio de la comunidad educativa y social gijonesa, aunque su andadura como organización, de inicio fechado en julio de 1849, suma tanto más tiempo, como muchos más méritos. Eso sí, tampoco Enrique ‘Kike’ Figaredo se queda atrás. Nacido en 1959, desde muy joven este jesuita desarrolló labores de apoyo a los más desfavorecidos a lo largo y ancho del mundo, siendo en la actualidad Prefecto Apostólico de la localidad camboyana de Battambang y un «símbolo vivo» de solidaridad universal, amparando a pobres, refugiados y discapacitados, y gestionando una red de más de medio centenar de centros, así como becas educativas y programas de ayuda. Finalmente, de la Feria del Libro de Xixón (FeLiX) se enfatizó su consolidación como el principal evento literario de Asturias, convirtiéndose en una apuesta imprescindible que, cada vez más, atrae a habitantes del Principado y a foráneos deseosos de descubrir los secretos que oculta.