La asociación Apadrina un Edificio alerta sobre el abandono de un inmueble catalogado diseñado por Mariano Marín Magallón y reclama medidas urgentes
La asociación ciudadana Apadrina un Edificio ha denunciado el avanzado estado de abandono de un inmueble catalogado situado en el número 59 de la calle San Bernardo, en Gijón. El edificio, obra del arquitecto Mariano Marín Magallón y construido en 1903, forma parte del patrimonio arquitectónico protegido de la ciudad, pero presenta un notable deterioro que ha despertado la preocupación de la entidad.
La alerta surgió después de que varios ciudadanos hicieran llegar a la asociación un vídeo en el que se aprecia el estado actual del inmueble. Según explican desde Apadrina un Edificio, las imágenes muestran una situación que consideran preocupante y que, de no corregirse, podría derivar en daños irreversibles para el edificio.
“Es un edificio precioso, catalogado y protegido, pero lo que se ve en el vídeo ya no es tan precioso. Su estado de abandono es total”, señalan desde la organización, que ha decidido trasladar el caso al Ayuntamiento de Gijón para solicitar su intervención.
La asociación espera que la administración municipal pueda adoptar medidas que permitan frenar el deterioro y evitar que el inmueble siga perdiendo valor patrimonial. “Hemos contactado con el Ayuntamiento para que de alguna manera se pueda parar o revertir esta situación y evitar que pasen esas cosas que pasan en Gijón y que hacen perder el patrimonio arquitectónico. Que se acaben cayendo. Esperemos que no sea así”, añaden.
La denuncia se enmarca en la actividad de vigilancia y sensibilización que desarrolla Apadrina un Edificio desde su creación. La plataforma, convertida recientemente en asociación, promueve la implicación ciudadana en la conservación del patrimonio arquitectónico local mediante un sistema de “apadrinamiento” de inmuebles.
Actualmente, más de 300 edificios de la ciudad cuentan ya con padrino o madrina. Los participantes se comprometen a realizar un seguimiento de los inmuebles elegidos, informar de posibles incidencias y contribuir a visibilizar situaciones de abandono o riesgo.
Durante la primera asamblea celebrada por la entidad el pasado otoño, uno de sus impulsores, David Alonso, destacó la buena acogida que ha tenido la iniciativa entre la ciudadanía. “Ya pasamos de los más de 300 edificios que tendremos apadrinados y amadrinados”, señalaba entonces, subrayando también el creciente interés de los gijoneses por el patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Entre los objetivos de la asociación figura la vigilancia del catálogo urbanístico y el seguimiento de aquellas actuaciones que puedan afectar a la conservación de edificios históricos. Además de denunciar derribos o modificaciones que alteren la fisonomía original de los inmuebles, la organización insiste en que uno de los principales riesgos para el patrimonio es la falta de mantenimiento.
El caso del edificio de San Bernardo 59 vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la conservación del patrimonio arquitectónico gijonés. Para Apadrina un Edificio, la protección legal de un inmueble no siempre garantiza su buen estado de conservación, por lo que consideran imprescindible la colaboración entre administraciones, propietarios y ciudadanía para evitar que edificios con valor histórico y cultural terminen degradándose hasta un punto de difícil recuperación.
La asociación confía ahora en que la situación pueda reconducirse y que el inmueble, uno de los ejemplos de la arquitectura gijonesa de comienzos del siglo XX, pueda conservarse en condiciones adecuadas para las futuras generaciones.