Los sindicatos denuncian que la cadena pretende recuperar productividad a costa de reducir los descansos de una plantilla mayoritariamente femenina

El conflicto laboral en Alimerka continúa agravándose y los sindicatos no están dispuestos a dar marcha atrás. Las representantes de Comisiones Obreras y UGT en la cadena asturiana, Arantxa Carcedo y Verónica Pulgar, respectivamente, han denunciado en una entrevista concedida a la Radio del Principado de Asturias (RPA) las consecuencias de la decisión empresarial de sustituir el sistema de cinco días de trabajo y dos de descanso por otro de seis jornadas laborales y una de libranza. Una modificación que, según las organizaciones sindicales, supone perder 26 días de descanso al año y que ya se encuentra judicializada ante la Audiencia Nacional.
La controversia resulta especialmente significativa porque el sistema conocido como 5+2 apenas llevaba un año implantado en Asturias. Su puesta en marcha, en octubre de 2025, había sido fruto de una negociación que también permitió establecer una jornada semanal de 37 horas y media.
«Por una vez, la modificación había sido en positivo», recordó Carcedo, quien calificó la nueva decisión de «retroceso tremendo en los derechos de los trabajadores».
«Los errores de Alimerka los pagamos los trabajadores»
La empresa justifica la reorganización por razones productivas y organizativas, especialmente por la necesidad de reforzar determinadas franjas horarias de mayor actividad comercial. Sin embargo, las representantes sindicales cuestionan que esos argumentos sean suficientes.
Carcedo fue especialmente crítica con la gestión empresarial de los últimos años. Según explicó, decisiones como la implantación de la polivalencia funcional, la reducción de personal o la falta de formación específica habrían perjudicado la atención al público y provocado una pérdida de clientes.
La sindicalista puso ejemplos concretos: empleados que deben alternar entre caja, pescadería o carnicería sin preparación suficiente y consumidores que, según su relato, han llegado a soportar esperas de hasta 40 minutos. También cuestionó la decisión de retirar durante un año los productos de Central Lechera Asturiana.
«Todas esas maniobras tienen consecuencias, pero Alimerka siempre pretende que esas consecuencias que producen sus errores las paguemos los trabajadores», denunció.
Para Verónica Pulgar, el principal perjuicio no es económico, sino personal. La representante de UGT recordó que la plantilla está integrada mayoritariamente por mujeres y que disponer de dos días de descanso semanales había permitido mejorar considerablemente la conciliación.
«Ese balón de oxígeno que nos dio el día conseguido de descanso y las 37 horas y media significaba para la plantilla poder llevar a los niños al colegio, a las actividades extraescolares, tener vida propia con los amigos», explicó.
Pulgar también criticó la introducción de determinados turnos centrales que obligan a permanecer durante buena parte del día vinculados al establecimiento, dificultando incluso regresar al domicilio para comer.
«Las plantillas están rotas. Salen a la calle precisamente a manifestar su enfado y su crispación», aseguró.
Recogida de firmas y piquetes el 11 de noviembre
Las organizaciones sindicales mantienen su calendario de movilizaciones. Tras comenzar el 19 de octubre una campaña de recogida de firmas en Avilés, estarán presentes el próximo 29 de octubre en el mercado de Oviedo y el 8 de noviembre en el rastro de Gijón.
Carcedo agradeció especialmente el respaldo público de la Unión de Consumidores de Asturias y aseguró que los clientes están mostrando comprensión hacia las reivindicaciones laborales.
El siguiente gran escenario será la huelga general del 11 de noviembre, a la que los trabajadores de Alimerka acudirán con pancarta propia y piquetes específicos para visibilizar su conflicto.
Mientras tanto, la demanda colectiva continúa su recorrido judicial. Pulgar confirmó que actualmente no existe comunicación con la empresa para retomar las conversaciones, aunque los sindicatos mantienen su disposición a negociar.
«Estamos abiertos a sentarnos, a analizar realmente el problema, a buscar soluciones en común, pero no pagando los platos rotos siempre los mismos», concluyó.