A un año de las elecciones, la falta de estrategia conjunta refuerza el dominio del PSOE en Asturias

Asturias encara el próximo ciclo electoral con un diagnóstico cada vez más compartido en ámbitos políticos, económicos y sociales: la ausencia de un liderazgo reconocible en el espacio del centro derecha capaz de articular una alternativa al dominio institucional del PSOE. En ese contexto, el foco se sitúa de forma recurrente en las dos principales ciudades de la comunidad y en sus respectivos alcaldes, Alfredo Canteli y Carmen Moriyón, ambos con una trayectoria consolidada al frente de sus municipios —dos corporaciones en el caso del regidor ovetense y tres en el de la alcaldesa gijonesa— y con capacidad potencial para proyectar una agenda más allá del ámbito local.
Sin embargo, más alla de sus respectivas luchas a nivel local, diversos actores echan en falta una coordinación estratégica. Oviedo y Gijón han protagonizado en los últimos años múltiples fricciones con el Gobierno del Principado en ámbitos clave, pero esas discrepancias no han cristalizado en una respuesta política conjunta. En el caso de la capital, los retrasos en el desarrollo del complejo judicial de Llamaquique, las dificultades para materializar la ciudad deportiva del Real Oviedo dentro del término municipal o las diferencias en torno a las políticas de vivienda —especialmente en lo relativo a las zonas tensionadas— han marcado la agenda de confrontación. A ello se suma un debate persistente sobre el reparto de inversiones autonómicas, en el que el Ayuntamiento reclama un mayor peso acorde a su condición de capital administrativa.
En Gijón, la relación con el Principado tampoco ha estado exenta de tensiones. La ampliación del Hospital de Cabueñes, un proyecto estratégico para la ciudad, ha atravesado distintas fases de paralización y revisión que han generado críticas desde el ámbito municipal. A estos elementos se añaden conflictos estructurales como el retraso del vial de Jove, clave para la reordenación del tráfico pesado en el oeste urbano. También han surgido discrepancias en materia industrial, especialmente en relación con proyectos energéticos como las instalaciones de baterías en entornos próximos a áreas residenciales.
A este conjunto de controversias se le suma el caso Cerredo, que ha reactivado el debate sobre la capacidad de respuesta institucional ante determinadas crisis y ha puesto de relieve, de nuevo, la ausencia de una posición coordinada por parte de los principales ayuntamientos asturianos. Más allá de las particularidades del episodio, su impacto ha sido interpretado en distintos ámbitos como un síntoma de la fragmentación política en la comunidad.
En este escenario, el presidente del Principado, Adrián Barbón, mantiene una posición de estabilidad institucional que se apoya, en parte, en la falta de una alternativa articulada. El PSOE continúa ejerciendo un papel hegemónico en Asturias, no solo en términos electorales, sino también por su implantación territorial y su presencia en distintos ámbitos de la vida pública. Esta posición dominante condiciona el margen de actuación de la oposición, especialmente cuando esta no presenta una estrategia común.
Desde distintos sectores se señala que Canteli y Moriyón “podrían reunir” las condiciones necesarias para impulsar una iniciativa de mayor alcance, pero también se subraya que ese paso implicaría asumir riesgos políticos significativos. La construcción de un liderazgo supramunicipal exige, en primer lugar, una coordinación efectiva entre ambas ciudades, algo que hasta ahora no se ha materializado de forma visible. En segundo lugar, requiere la elaboración de una agenda compartida que trascienda los intereses locales y que aborde cuestiones estructurales como las infraestructuras, la sanidad, la vivienda o la financiación autonómica.
A este planteamiento se introduce una variable relevante que apremia cualquier cambio de enfoque: tal como está el tablero, ambos podrían perder peso en sus municipios. No son pocos los que calculan que Canteli podría enfrentarse en el 2027 a la pérdida de la mayoría absoluta, mientras Moriyón se encuentra ahora en tierra de nadie, con un pacto con el PP todavía no consumado en sus términos y con la oposición abierta y firme de Vox.
En este sentido, la crítica al trato que Asturias recibe por parte del Ministerio de Transportes, especialmente en materia de infraestructuras, constituye uno de los ejes potenciales de esa agenda común, aunque su desarrollo exigiría un posicionamiento coordinado que hasta ahora no se ha producido.
La ausencia de ese frente común contribuye a que los distintos conflictos se aborden de manera aislada, lo que limita su impacto político y refuerza la capacidad del Gobierno autonómico para gestionar cada situación de forma independiente. En términos analíticos, esta fragmentación reduce la eficacia de la oposición y dificulta la construcción de un relato alternativo que pueda competir con el del Ejecutivo regional.
A un año vista, el debate se sitúa, por tanto, en el terreno de las decisiones estratégicas. La continuidad de la dinámica actual —basada en la gestión municipal y en la confrontación puntual— parece insuficiente para alterar el equilibrio político existente. Por el contrario, la articulación de un eje Oviedo-Gijón, con capacidad para coordinar posiciones y trasladar una agenda común, aparece como una de las principales incógnitas del panorama político asturiano.
En última instancia, la cuestión no se limita a la identificación de problemas o agravios, que en gran medida son compartidos, sino a la capacidad de convertirlos en una propuesta política coherente. En ese proceso, el papel de Canteli y Moriyón resulta determinante, tanto por su posición institucional como por su trayectoria. La evolución de su relación política y su disposición a asumir un mayor grado de coordinación marcarán, previsiblemente, una parte relevante del escenario electoral en Asturias en los próximos meses.