El descontento empresarial con el rumbo de Asturias y la falta de una alternativa sólida reabren el debate sobre quién puede plantar cara al PSOE

La decisión del Gobierno central de renunciar, por ahora, a la implantación del ancho ferroviario europeo hasta Asturias ha supuesto mucho más que un nuevo revés para las infraestructuras del Principado. Para buena parte del tejido empresarial representa la confirmación de un temor que lleva años creciendo: la sensación de que Asturias continúa perdiendo oportunidades estratégicas mientras otras comunidades avanzan en competitividad.
La noticia tiene además una consecuencia práctica inmediata. La imposibilidad de contar con ancho estándar europeo dificulta seriamente la entrada de operadores ferroviarios privados, limitando la competencia y reduciendo las posibilidades de mejorar las conexiones de pasajeros y mercancías.
No es una advertencia nueva. Uno de los empresarios más influyentes de Asturias, el presidente de Alsa, Jacobo Cosmen, ya dejaba entrever esta preocupación hace dos años. Preguntado por La Nueva España en 2024 sobre la posibilidad de que Alsa operase servicios ferroviarios en Asturias, respondía que la compañía estaría «encantada de estudiarlo» cuando existieran las condiciones adecuadas, aunque advertía de que «poner todo el trabajo, la ilusión y el empeño para acabar siendo una low cost es poco ambicioso». Cosmen defendía entonces un modelo pensado «con compromiso a largo plazo» y al servicio de la sociedad.
Aquellas palabras cobran hoy un significado especial.
Una sucesión de decisiones que desgasta la confianza
El ancho europeo se suma a otros asuntos que el empresariado considera especialmente sensibles. Primero fue la incertidumbre permanente sobre el vial de Jove. Después, el eterno debate sobre el peaje del Huerna. Ahora llega el ferrocarril.
En distintos foros empresariales comienza a instalarse la sensación de que Asturias pierde posiciones frente a otras comunidades por la ausencia de una estrategia clara en materia de infraestructuras. Sin embargo, esa percepción no parece trasladarse, al menos de momento, al escenario electoral.
Las encuestas conocidas durante los últimos meses siguen situando al presidente Adrián Barbón como favorito para revalidar el Gobierno del Principado. El denominado «efecto Barbón» continúa ofreciendo una importante ventaja al PSOE asturiano pese al desgaste derivado de algunas de estas decisiones.
Una oposición que no termina de convencer
Si existe una conclusión relativamente compartida entre empresarios consultados es que buena parte del problema no reside únicamente en el Gobierno.
También preocupa la falta de una alternativa suficientemente sólida.
El PP de Asturias, liderado por Álvaro Queipo, continúa sin lograr consolidarse como una opción de gobierno claramente competitiva. Incluso dentro de sectores próximos al centro derecha se admite que un cambio político parece difícil sin algún tipo de entendimiento con Vox. Llama la atención en un contexto en el que el PSOE solo gobierna en 4 de las 17 que tiene España.
La preocupación trasciende además el ámbito regional. En Oviedo, diferentes fuentes políticas reconocen el nerviosismo existente ante unas elecciones municipales en las que Alfredo Canteli podría tener más complicado conservar la mayoría absoluta que obtuvo en 2023. Ese contexto alimenta conversaciones tanto en círculos políticos como empresariales sobre el futuro liderazgo del centro derecha asturiano.
El recuerdo de Fernández Vega
En ese debate vuelve a aparecer una frase pronunciada hace tiempo por el doctor Luis Fernández-Vega. «En 2019 llamé a Génova para poner a Canteli, pero en 2023 no tuvieron en cuenta mi opinión; los gallegos son complicados».
Aquella reflexión reflejaba hasta qué punto determinados referentes empresariales han mantenido históricamente influencia en los procesos internos del Partido Popular asturiano.
Hoy, esa capacidad de interlocución vuelve a ser objeto de conversación. No porque exista una operación concreta en marcha, sino porque numerosos empresarios consideran que Asturias necesita un liderazgo político capaz de generar ilusión y ofrecer estabilidad durante varios mandatos.
Como resume un conocido consultor político asturiano, «no van a dar noventa días para ponerse en marcha». Su reflexión va más allá del resultado electoral: quien llegue al Gobierno deberá enfrentarse a una Administración donde el PSOE ha gobernado durante prácticamente cuatro décadas, una estructura que requerirá experiencia, equipos y capacidad de gestión desde el primer día.
Quinielas
Ese clima ha provocado que, en conversaciones privadas, comiencen a sonar perfiles alejados de la política profesional.
No existe ninguna candidatura ni movimiento organizado, pero sí nombres que despiertan respeto dentro y fuera del empresariado.
Uno de ellos es José Manuel Ferreira, vicepresidente de la Cámara de Comercio, valorado por su perfil económico y su capacidad de interlocución institucional. También vuelve a aparecer Belarmino Feito, expresidente de FADE, cuyo nombre ya fue objeto de especulaciones antes de las elecciones de 2023.
Y en un registro diferente figura Luis Antuña, presidente del Colegio de Médicos de Asturias y responsable de Urgencias del HUCA, considerado por algunos empresarios como una figura con capacidad para conectar sensibilidades distintas y proyectar una imagen de gestión.
Fuentes consultadas insisten en que ninguno de estos nombres responde hoy a una operación política concreta, aunque reconocen que ilustran el nivel de inquietud existente en determinados ámbitos económicos.
Una preocupación que trasciende la política
Más allá de nombres propios, el debate de fondo es otro.
El empresariado teme que Asturias siga perdiendo oportunidades estratégicas por decisiones que considera erráticas o insuficientemente ambiciosas, mientras la alternativa política continúa sin consolidarse.
La renuncia al ancho europeo ha actuado como catalizador de un malestar que ya venía acumulándose con cuestiones como el vial de Jove, el peaje del Huerna o la lentitud en proyectos considerados fundamentales para la competitividad regional.
En privado, muchos empresarios coinciden en un diagnóstico: Asturias necesita estabilidad institucional, ambición inversora y un liderazgo capaz de defender con mayor firmeza los intereses de la comunidad. La incógnita, a menos de un año de que el ciclo preelectoral entre definitivamente en ebullición, es quién estará en condiciones de ofrecer esa respuesta. Mientras el PSOE mantiene una posición de fortaleza demoscópica, el empresariado observa con creciente inquietud que la alternativa todavía no termina de construirse.
Malmetiendo
No funcionará. Y saldrá lo único que hay como alternativa. Suerte a tod@s 🙂